El que quiera salir de pobre, pues, que levante avestruces. Un criadero instalado en su propia casa garantiza ingresos buenos y huevos grandes. Cada vez que critico algún desliz, error, desacierto, embarrada, equivocación, desaguisado, injusticia, pifia, disparate, abuso, atropello, ultraje, vilipendio, infamia o iniquidad de las que a diario se cometen en el planeta (pues esta columna se lee en todo el mundo, aunque no lo crean), dos o tres lectores me mandan cartas como la siguiente:
´Muy criticón, ¿no?, muy negativista. ¿Y por qué, en vez de criticar, más bien no propone alguna solución, buena o mala, pero que muestra una actitud positiva?´
Yo les contesto que el columnista de prensa es como un termómetro: está diseñado para alertar cuando sube la temperatura, pero no para curar la fiebre. ¿Insultaría usted al termómetro porque le indica que tiene 39 grados de calentura, pero es incapaz de curarle el resfrío? Evidentemente, no. Para eso están los médicos y los antibióticos.
Pues igual pasa con nosotros. Avisamos, alarmamos, detectamos, pero no nos compete ofrecer soluciones económicas, sociales, religiosas ni políticas. Si las tuviera, les juro que sería ministro de Hacienda, profesor de sociología, cardenal o candidato a la Presidencia.
Pero, para que no vuelvan a decirme que protesto por la pobreza de nuestros países y, sin embargo, no propongo fórmulas para remediarla, dedicaré esta columna a ofrecer una solución, ´buena o mala, pero que muestre una actitud positiva´.
Mi programa es que los latinoamericanos necesitados críen avestruces.
El avestruz es un ave estrucionida, subclase neornita, de nombre científico Estruthio camelus. Ustedes la conocen: patas y cuello largos, cuerpo abombado, cráneo pequeño y pico fuerte. Esconde la cabeza ante el peligro y pone unos huevos como de torero.
Ventajas: gran capacidad de reproducción y de posturas (entre 40 y 70 huevos anuales). Es lo más parecido a una fábrica de carne: una hembra puede producir a lo largo de su vida 72 toneladas de carne y 1.500 kilos de plumas. Por lo demás, no es una carne cualquiera, sino muy nutritiva: bajo colesterol, pocas calorías, mínima grasa, buena proteína.
Esta carne se paga muy bien y, como si fuera poco, las plumas sirven para rellenar colchones, fabricar abanicos y hacer cosquillas.
El que quiera salir de pobre, pues, que levante avestruces. Un criadero instalado en su propia casa garantiza ingresos buenos y huevos grandes. Lo sensato no es criar un solo ejemplar, porque un día de estos, en una emergencia, la matamos, la comemos y se acabó la granja. Para que sea negocio, es preciso tener al menos dos avestruces: macho y hembra, como en el Arca de Noé. El apareamiento es espectacular, a diferencia de lo que pasa con los peces ornamentales o los matrimonios de más de cinco años de casados: el macho se arrodilla, aletea y mueve la cabeza enloquecidamente y la hembra responde agachando la cabeza y elevando la rabadilla. Lo demás es fácil de imaginar y difícil de olvidar.
Pasados 42 días nacen muchos polluelos que al principio es necesario proteger y calentar. Pero, al cabo de tres meses, ya están en condiciones de vivir al aire libre. Como a algunas señoras que conozco, hay que cuidarles los dedos de los pies y la torcedura de gallo, que en este caso son de avestruz.
Alimentos indicados: maíz, polvo de arroz, melaza, harina de soya... Pero, como tienen fama de voraces, si faltara comida puede suministrársele zapatos rotos, balones desinflados, colecciones viejas del Selecciones, yogurteras, bicicletas fijas…
Buena parte de lo ingerido se convierte en carne, pellejo o plumas. El resto acaba saliendo. Parece que lo que acaba saliendo constituye un buen abono, pero no lo sé a ciencia cierta: prefiero que lo averigüen los granjeros.
Cuando el ejemplar ha cumplido 400 días, se aconseja sacrificarlo, porque si uno le coge cariño, ya no se desprende de él en los siguientes diez años. Muerto el animal, se vende la carne a muy buen precio. En cuanto a las plumas, podemos regalárselas a quien se lleve las 856 toneladas de abono que produce a lo largo de la vida.
¿Querían soluciones? Ahí tienen una para los problemas de desempleo y bajos ingresos. Creo que ahora puedo volver a criticar pleno de autoridad.
*Daniel Samper P. es periodista.
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