Desde los años en que el ahora presidente de la República, Evo Morales, era el principal activista cocalero, el cerco se convirtió en el más eficiente medio para poner de rodillas a los gobiernos de turno. Morales recuperó, a fines del siglo XX y comienzos del XXI, la táctica de lucha que otros caudillos indios utilizaron durante el Virreinato, en el siglo XVIII, que fue también la del cerco, lo que dentro del arte militar no es ninguna novedad por cierto.
Pero, tanto Tupac Amaru como Tupac Catari, durante las grandes rebeliones contra los españoles, fracasaron, tanto en la toma del Cuzco por el primero, como en los dos sitios a La Paz por el segundo. La táctica del sitio y no del enfrentamiento directo era muy lógica, porque las fuerzas indígenas no podían vencer a españoles y criollos combatiendo en campo abierto, por las diferencias, tanto de armamento como de conducción.
Es lo que en los últimos años hemos visto —y padecido— en Bolivia, donde la táctica del cerco y el repliegue oportuno, ha sido la forma de combatir, primero de los cocaleros, y luego de otras ´organizaciones sociales´ con fuerte presencia indígena. La Paz ha sido cercada muchas veces y se podría decir que hasta tomada por contingentes de indios a quienes se les permitió el ingreso a la ciudad. Ingreso amenazante, pero no como producto de una victoria militar, lo que hubiera sido algo muy grave.
¿Y los bloqueos en la carretera Santa Cruz – Cochabamba no fueron cercos? ¿Acaso los cruceños no quedábamos cercados por occidente? ¿No se perdían millones de dólares porque era imposible sortear los parapetos de palos y piedras? Las barricadas, tanto en los caminos como en las carreteras en La Paz, llegaron a ser verdaderos sitios, porque cerrado el paso en El Alto y con grupos alzados en Río Abajo sólo quedaba la ruta de Yungas, que no lleva a ninguna parte por su pésimo estado y que es, en cualquier caso, muy fácil de bloquear también, si no lo hace la propia naturaleza.
El síndrome del cerco es un fenómeno que se siente en todo el territorio nacional. Nada se hace sin la amenaza del bloqueo, del cerco, del sitio. Es el síndrome que ha impuesto, en estos años, Evo Morales. Es un atavismo absoluto. Tal vez es lo que lo ha llevado hasta la Presidencia. Porque ha sido el cerco su mejor arma, si no la única. Ha sido el garrote que siempre tuvo levantado. Porque, desde luego, Morales no tiene ni la educación ni los conocimientos, de Tupac Amaru, por cierto, sino que ni el de su amigo Hugo Chávez.
Lo malo, lo inconcebible, es que habiendo ganado ampliamente las elecciones presidenciales y luego las constituyentes, el Presidente siga con el síndrome del cerco en la cabeza. O si no es él sean sus seguidores, ahora convertidos en ministros, viceministros o autoridades de alto vuelo. Todo esto cuando sabemos que el capital humano es lo más importante en una nación. Esos son los recursos humanos que ahora exhibimos y que gobiernan. En todo el país, la amenaza del cerco está ahí. Un ejemplo es Sucre, donde se envían campesinos para que presionen sobre los asambleístas, lo que termina siendo un cerco dentro de la ciudad.
Ahora se amenaza con cercar Santa Cruz de la Sierra, como represalia por el paro que dispuso su comité cívico. Y se habla de cercarla a partir del 20 de septiembre, con la intención evidente de estropear sus fiestas departamentales y malograr la Feria Exposición, que es un modelo de eficiencia y una muestra de progreso hacia el exterior como modo para captar inversiones. Pero no hay nada qué hacer. Nada se puede contra el maldito síndrome del cerco. Es algo que está fosilizado en lo más recóndito de algunos cerebros.
Da la impresión que lo del cerco anunciado para fastidiar a Santa Cruz no va a pasar de una bravata. Y sería lo mejor. No pueden amenazar algunos alborotadores a una ciudad tan poblada con travesuras que la perjudiquen. Un coletazo de la ciudad apacible, pero provocada, podría ser peor que la de un cocodrilo.
*Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático.
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