El fin de semana pasado un joven peruano pasó las de Caín en el aeropuerto de Barajas, había salido de Lima con destino a Praga para iniciar sus estudios de medicina gracias a una beca que ganó, las autoridades de migración no le permitieron seguir el viaje, aduciendo de que no tenía visa de tránsito para España, lo retuvieron secuestrado durante todo el fin de semana y lo mandaron de vuelta a Lima; el muchacho, de origen humilde, se ha sentido profundamente vejado, no le han permitido ni asearse, ni cambiarse de ropa, y lo han tratado con profundo racismo.
Su denuncia ha hallado eco en la prensa peruana, porque esta vez el maltrato que todos saben es moneda común, ha sido hecho no a un futuro inmigrante ilegal, sino a un joven estudiante de mérito. Lo que nos atañe en esta historia, es que el joven en cuestión ha contado que la mayoría de las personas que permanecieron junto a él en su encierro eran bolivianos, que eran tratados aún de peor manera, y que las burlas incluían comentarios peyorativos contra el presidente Evo Morales.
El maltrato a los bolivianos en los aeropuertos europeos no es tomado muy en serio, sobre todo porque es incómodo defender los derechos de quienes están yendo directamente a infringir las leyes del país al que llegan; por lo demás, los afectados tampoco se sienten con mucho derecho de reclamar, a fin de cuentas, tampoco están con la conciencia muy tranquila. Pero tal vez ahora, y gracias a que las informaciones que tenemos, no vienen de boca de esta especie de nuevos intocables del Viejo Mundo, sino del simpático estudiante de medicina, y considerando que la vejación incluye gruesos insultos al Presidente de la República, se podría hacer algo.
En resumen, un funcionario de migraciones del Reino de España, posiblemente tenga permiso de sus leyes e instituciones para vejar a un inmigrante ilegal, pero no puede meterse con la vida sexual del Presidente de Bolivia, no sin que Bolivia haga un fuerte reclamo diplomático.
Lo malo es que, como todo tiene sus aristas, Bolivia no puede hacerse a la blanca palomita en lo que respecta al trato de extranjeros en su suelo, sobre todo españoles; ninguna de las vejaciones del aeropuerto de Barajas es comparable con la forma en que se llevó la detención y el interrogatorio a Villanueva, el cantinero de Santa Cruz, y menos al brutal asesinato del desdichado Puchol, cometido por un oficial del Ejército de Bolivia y que sólo le valió al criminal dos años de detención, crimen que mancha a todo un pueblo de la frontera con el Brasil. Tampoco ayudaría a una causa boliviana recordar la persecución a la que han sido sometidos ya en este gobierno los funcionarios de Repsol.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
El gas se está acabando
El resultado del pozo 5 de San Antonio, o Sábalo, es una decepción, una gran decepción. Podría marcar el fin de la muy corta era de la Bolivia potencia gasífera, dicen expertos que han seguido la historia de esta ilusión.
Vamos por el camino equivocado
La tirantez entre el ahora ex ministro de Hidrocarburos Andrés Soliz Rada y Petrobras a causa de la resolución que estatiza la cadena productiva otorgada a la empresa brasileña
Pireli colectivo
En la jerga nacional hay varias formas de decir que uno ha decidido marcharse sin vuelta, porque algún lugar o algo le llegó a la coronilla. En estos casos hay que hacerse pepa, es decir, hacerse feits, salir corriendo.
Urge la autorregulación en la prensa
Varios medios de comunicación han sufrido andanadas de críticas que han partido de diferentes sectores disconformes y afectados de alguna manera por sus informaciones supuestamente distorsionadas, equivocadas, tendenciosas o sensacionalistas.