En la jerga nacional hay varias formas de decir que uno ha decidido marcharse sin vuelta, porque algún lugar o algo le llegó a la coronilla. En estos casos hay que hacerse pepa, es decir, hacerse feits, salir corriendo. Cuando alguien ha desaparecido, generalmente se dice que fulano se ha hecho gas. Miles de bolis, más mujeres que hombres, han llegado a la conclusión de que la única salida a la crisis política y económica por la que atraviesa el país es el aeropuerto. Es decir, seguramente con el dolor de su anticucho, optaron por un pireli colectivo. Presenciamos un éxodo de proporciones bíblicas, dirían los más religiosos. Mis cuates del coqueto barrio de San Pedro dicen que se cansaron de dedicarse a la bartola y levantaron vuelo.
Nadie tiene un registro de cuántos compatriotas viven en el exterior. Me animo a hacer la siguiente estimativa. Los economistas, inclusive cuando nos piden un número de teléfono, damos una estimativa. Así que hay les va. En la hermana República de Argentina hay cerca del millón. En el Brasil deben vivir unos 200 mil bolis. En Estados Unidos habitan aproximadamente 250 mil compatriotas. Dicen que en España, el colectivo boliviano, como los llaman elegantemente los funcionarios españoles, sobrepasan las 100 mil almas. En el resto de Europa habrían otros 50 mil. Echemos pluma. En torno de un millón y seiscientas(os) mil bolivianas(os) viven fuera del terruño. Muchos de ellos se fueron en los últimos cinco años.
Hace algunos meses fui a Madrid, en el glorioso LAB. En el Erbas de cabina ensanchada era el único con cara de que iba a volver. El resto era una tropa de pálidos de miedo y pena. Todos kisando al unísono. Fue una de las noches más largas de mi vida que desmintió la tesis de que en los aviones el tiempo pasa volando. Muchos de ellos hacían su primer viaje en la vida, iban de Punata a Barcelona, con una sola escala. La incertidumbre y la tuca se podía contar en el aire. La vuelta fue infinitamente mejor. Los que retornaban eran otros. El look había cambiado radicalmente. Euroandinos con corte de cabello que resaltaban lo hirsuto de sus melenas negras. Felices. Verdaderos adonis pechohumintas. Triunfadores. Llenos de la marmaja y algunos, especialmente los más chicos, con un acento gallego de dar envidia a Antonio Banderas.
Bueno, todo lo anterior para decir que dado que la migración es un hecho de muy difícil reversión, habrá que verle el lado bueno. En esta oportunidad nos concentraremos en el tema de las remesas. Nadie sabe cuánta plata mandan estos compatriotas a Bolivia. Datos oficiales dicen que 350 millones de dólares. El año pasado, el BID hizo un estudio sobre remesas que decía que se enviaban 865 millones de verdes al año. Los más animados creen que el billetazo llega a mil millones. A este paso vamos a llegar a la triste conclusión que mejor que vender gas, es exportar gente.
El año pasado, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hizo una encuesta de opinión pública de receptores de remesas en Bolivia, que nos ayuda a entender mejor este fenómeno. ¿Quiénes son los que reciben platita de los parientes de afuera? No son los más pobres, son personas que tienen un ingreso anual de más de 2 mil dólares anuales. La distribución entre hombres y mujeres está casi en la misma proporción. Santa Cruz y Cochabamba son las ciudades que más remesas reciben. El 18 y 17 por ciento del total, respectivamente. En El Alto se queda con el 14 por ciento y La Paz recibe el 9 por ciento. El receptor de remesas promedio en el país recibe su mosca del exterior aproximadamente ocho veces al año, alrededor de 165 verdes cada vez. El 61 por ciento de los billiquines llega vía banco o compañías especializadas en envíos. El resto viene en los bolsillos de los viajeros o por correo.
El 45 por ciento del dinero que reciben los parientes pobres que se quedaron en Bolivia se va a gastos diarios, el 21 por ciento se invierte en educación, el 17 en negocios, el 12 en ahorro, el cuatro por ciento va a la compra de propiedades y el restante para darse algunos gustitos. En suma, la mayoría de las remesas sirven para sobrevivir en este valle de lágrimas. En la encuesta del BID, el 61 por ciento de los que reciben remesas quieren seguir los pasos de los familiares y hacerse pireli también.
Los 865 millones de dólares que anualmente estarían entrando a la economía boliviana son una gran oportunidad, que la mitad se vaya a gasto en consumo parece razonable. Pero con los 432 millones de verdes debemos aprovechar mejor. Deben convertirse en inversión productiva. Para esto se necesitan políticas públicas que acopien y canalicen estos recursos hacia la construcción de viviendas y el apoyo a negocios productivos de los que se quedaron en las ciudades o comunidades. Aquí hay un mundo por explorar en términos financieros y económicos para el país.
El gas se está acabando
El resultado del pozo 5 de San Antonio, o Sábalo, es una decepción, una gran decepción. Podría marcar el fin de la muy corta era de la Bolivia potencia gasífera, dicen expertos que han seguido la historia de esta ilusión.
Vamos por el camino equivocado
La tirantez entre el ahora ex ministro de Hidrocarburos Andrés Soliz Rada y Petrobras a causa de la resolución que estatiza la cadena productiva otorgada a la empresa brasileña
De indios y chapetones
El fin de semana pasado un joven peruano pasó las de Caín en el aeropuerto de Barajas, había salido de Lima con destino a Praga para iniciar sus estudios de medicina gracias a una beca que ganó, las autoridades de migración no le permitieron seguir el viaje
Urge la autorregulación en la prensa
Varios medios de comunicación han sufrido andanadas de críticas que han partido de diferentes sectores disconformes y afectados de alguna manera por sus informaciones supuestamente distorsionadas, equivocadas, tendenciosas o sensacionalistas.