A la Virgen del Lago no le gusta moverse La Virgen Morena no sale de su camarín. Cuando se intentó sacarla en procesión, ocurrió desgracias; hay varias creencias. Al año la bajan del altar de 3 a 4 veces para cambiarle sus prendas.
VIRGEN DE COPACABANA • Esta es la imagen que fue entronizada en el santuario que lleva su nombre, el 2 de febrero de 1583.
Las creencias e historias que se tejen en torno a la venerada Virgen de Copacabana son muchas. Van desde lo estrictamente celosa que sería, hasta el hecho de que la imagen, tallada en madera y yeso por el indígena Francisco Tito Yupanqui, no puede ser sacada de su camarín para procesiones; sólo es bajada de su altar entre tres y cuatro veces al año, para el cambio de vestimenta.
“Todos en el pueblo sabemos que la Virgen es muy celosa. Cuando yo tenía 18 años le quitaron a la mamita la imagen del Niño Jesús, pero llegando a la esquina de la plaza (del pueblo) empezó a nublarse el cielo, que minutos antes era del color del lago (Titicaca), y cayeron rayos a la plaza y a la iglesia, donde muchas cruces quedaron dañadas al igual que el campanario. Cuando llegué a mi casa vi que las maderas y tablones flotaban en el patio y algunas calles estaban inundadas. Una vecina perdió toda su mercadería de azúcar y chancaca”, cuenta el propietario del Hostal Andino de Copacabana, Javier Suxo, quien vive en esa población hace 67 años. Él expresa el sentir de los pobladores que por la tradición oral transmitieron por generaciones estos incidentes que se dieron —según indican—, cuando la Virgen intentó ser movida.
Luego, cuenta Suxo, la población se molestó con los curas que sacaron la imagen y ofrecieron una mesa de inciensos.
Según el lugareño, existen leyendas que cuentan que la Virgen aparece a la gente y toma la forma de anciana con un bastón y un reboso (tipo de mantilla).
Pero también hubo otra ocasión en la que cayó una fuerte granizada en el pueblo cuando los fieles querían sacar a la Virgen Morena a la plaza. Según cuentan, pasó en el centenario de la independencia nacional, el 6 de agosto de 1925. Cuando la imagen estaba por salir del templo, cayeron granizos grandes, incluso del tamaño de un trompo.
Fátima Belmonte, quien radica en Copacabana desde hace seis años, confirma que es frecuente escuchar entre las personas que más años viven en esa localidad, que cuando se intentó trasladar esta imagen religiosa —de tez morena y cubierta de joyas y lujosos vestidos—, ocurrió alguna desgracia en el pueblo, como por ejemplo el desborde del lago, explica. Aquello aconteció después del robo de las joyas de la imagen de su mismo altar, a inicios de la década de los 80.
Si bien estas creencias y relatos —comunes entre los que habitan las orillas del Lago Sagrado— no pueden ser científicamente confirmados o descartados, existe el sentir de que esto se debe a la inquebrantable e inmensa fe con la que la imagen fue entronizada en esa localidad en 1583 y las muestras de devoción que día a día la imagen recibe de miles de fieles del interior y exterior del país.
La presidenta del Comité Cívico del pueblo, Carmen Paz, ratifica las versiones. “Por eso nadie intenta sacar la imagen de la Virgen ni siquiera a la plaza”, dice.
Sin embargo, el párroco de la iglesia de Copacabana, Juan Carlos Calderón, tiene un criterio distinto y atribuye estos relatos a las supersticiones de la gente. Más bien, él cree que la imagen original de la Virgen Morena no es movida para preservar la obra tallada con madera maguey.
Según el párroco, la imagen sólo es bajada de su altar tres o cuatro veces al año para cambiarle su vestimenta. En este acontecimiento participan muy pocas personas, por la cantidad de joyas de valor —entre aretes, prendedores y anillos que fueron obsequiados por los feligreses. En el museo del templo se pueden apreciar piezas para su vestuario hasta el año 2046, indica el sacerdote, quien celebra misas diarias en el majestuoso templo de Copacabana.
El sacerdote destaca las bondades y milagros que puede realizar la Virgen como madre de Dios y “madre nuestra que es puro amor; por eso la Virgen no castiga ni es celosa”, puntualiza.
Para él, una de las experiencias más destacables fue el testimonio de una mujer de Lima que llegó al santuario para pedirle a la madre de Dios el milagro de curar a su hija; al año siguiente retornó junto a toda su familia para agradecerle el milagro a la patrona de Bolivia, que, a decir de Javier Suxo, tiene una mirada viva.
Pero como el sacerdote indica, hay diferentes creencias entre los fieles respecto a la Virgen: una de ellas sostiene que es celosa. Otra es aquella que señala que, cuando una pareja de enamorados visita el santuario, es seguro que esa relación amorosa llega a romperse y separarse. También hay otra que indica que no hay que dudar para viajar porque, si así fuera, en el trayecto llegaría a ocurrir cualquier percance, haciendo imposible llegar a los pies de la imagen.
Historias
Granizos como un trompo Galo Illanes, poblador de Copacabana
En el centenario de la creación de la República, el 6 de agosto de 1925, la población quiso sacar la imagen de la Virgen a una procesión, pero el cielo despejado se nubló y oscureció y luego cayeron granizos del tamaño de un trompo, cuenta la gente, por lo que los sacerdotes desistieron de su objetivo y devolvieron la imagen a su altar.
De retorno al altar de la iglesia Jorge jaldini y Jaime Suxo, residentes del lugar
En la década de los años 60, los pobladores del santuario quisieron sacar al niño Jesús para una procesión el 6 de enero, el día de Reyes, bajaron la imagen de los brazos de la Virgen, pero no lograron salir de la iglesia porque una intensa granizada cayó en todo el pueblo y regresaron al Niño a los brazos de la Virgen.
Oposición para llevarla a La Paz Fátima belmonte, pobladora de Copacabana
Fátima Belmonte, quien desde niña visitó Copacabana y ahora vive en esa localidad desde hace seis años, señaló que los pobladores y los campesinos siempre tuvieron respeto, a sabiendas de las anteriores granizadas. Además, por fe y temor a la Virgen, se opusieron a su traslado a La Paz, en 1988, cuando llegó el papa Juan Pablo II a Bolivia.
Enojo con los agustinos Carmen Paz, Pdta. del Comité Cívico de Copacabana
Cuenta la tradición oral que hace 250 años, cuando los agustinos habitaban el santuario, quisieron sacar la imagen de la Virgen Morena a la plaza, pero un rayo cayó en la puerta y la rajó. Ahora fue construido allí uno de los arcos de la iglesia. Este destrozo fue reparado durante la gestión del padre Adalberto Rossat.