En esta comunidad de la provincia Inquisivi, los pobladores han visto una opción de progreso en la apicultura. Así, ya fabrican alimentos y remedios naturales y existe un proyecto para incursionar en otro terreno, el de los productos de belleza.
Texto: Jorge Soruco Fotos: Miguel Carrasco
Parece un pueblo de una película del Viejo Oeste. Las pocas casas que hay se hallan a ambos lados de la vía principal que conecta Challaya con Quime y el resto de la provincia Inquisivi. Y la brisa invernal lleva hasta la carretera el aroma de los eucaliptos de las colinas circundantes mezclado con una esencia de miel y de rosas.
Marta Baltazar, vecina de Challaya, espera a un costado del camino la flota proveniente de Inquisivi. Está yendo, como todos los días, a Quime, que se encuentra a 15 minutos de viaje en vehículo. Lleva varias muestras de los remedios que ella y siete personas de la comunidad elaboran en base a miel de abeja y a productos naturales.
Los vecinos de Quime, su principal mercado de venta, ya conocen la calidad de los remedios naturales de Marta. Son, en su mayoría, hierbas especiales para infusiones contra el resfrío, la tos, cremas para el reumatismo, lociones para el reflujo blanco y el propóleo, uno de los remedios más requeridos por sus clientes, sobre todo para el tratamiento de infecciones respiratorias.
Además, estos remedios son muy apreciados por las comunidades campesinas de la zona, pues, por desconfianza, no suelen acudir a los servicios de la medicina occidental.
Y en el caso del propóleo, por ejemplo, los efectos son casi instantáneos. Mezclado con un poco de agua, el paciente ingiere de golpe la pócima que entra quemando como si fuera alcohol puro. Tras esto, la picazón en la parte posterior de la garganta desaparece y el torrente de tos se reduce de una forma considerable.
Timoteo Mamani Masi, esposo de Marta, es quien trabaja directamente con las abejas que producen la materia prima de sus productos. Comenzó junto a algunos otros pobladores en el año 1986 y, al principio, el trabajo resultó demasiado sacrificado y muy poco productivo, pues únicamente conseguían vender la miel en Quime y, cuando tenían suerte, en las localidades de La Paz, en Oruro y en los pueblos colindantes.
Una buena capacitación
En 1988, sin embargo, la suerte cambió, y la ONG internacional Save the Children acudió a Challaya para capacitar a hombres y mujeres en apicultura. Así, muchos de sus habitantes aprendieron a procesar la miel y otros derivados para crear medicamentos y alimentos.
Hoy, gracias a los cursos, los challayeños son expertos en el tema de las abejas. A diferencia de los primeros años, cuando eran blanco de los afilados aguijones de su especial rebaño, ahora pocos son los que sufren las dolorosas picaduras.
Es más, con todo descaro manipulan los panales sin ningún problema. “La clave es no asustarse ni tratar de asustarlas, no hay que provocarlas”, aconseja Timoteo.
Con sabor a eucalipto
En Challaya hay alrededor de 75 cajas donde habitan las abejas, y cada una contiene el mismo número de panales. Y Timoteo Mamani dice que es dueño hoy de 35.
Para evitar que los nidos sean perjudicados por las idas y venidas de los vehículos, los panales se encuentran alejados de la ruta principal, en medio de los bosques de eucaliptos de las montañas colindantes. Es por eso quizá que éstos le otorgan un sabor especial a la miel. “Es como tener tu propio mentisán hecho en casa”, sonríe Timoteo.
La miel, por su parte, es más oscura que lo común, al igual que la cera que forman las celdas de los panales. Y los nidos son revisados a diario para comprobar su estado y cosechar miel, jalea real y propóleo.
Productos de belleza
Aunque la tarea no se queda ahí y, convencidos plenamente ya de las bondades de la apicultura, los comunarios se están preparando para la elaboración de productos de belleza basados en la miel de abeja: champú, cremas para el cabello, cremas para la piel, cosméticos de diferentes clases y jabón. Incluso, se podría realizar algún perfume.
De momento, sin embargo, todo esto se encuentra aún en proyecto. Y, al menos hasta que llegue a consolidarse, los habitantes de la comunidad tendrán que conformarse con vender su miel y sus remedios.
Pero Challaya, además, ofrece sus manzanas silvestres, pequeñas y dulces, excelentes para la elaboración de mermeladas y compotas. También se cultivan rosas del tipo Samanta, flores escarlata buscadas por su larga vida. Aunque a la miel nada puede hacerle competencia.