Uno de los jardines más bellos de las residencias de embajadas en Bolivia es el de la de Brasil. Y es allí, en ese campo verde decorado con la naturaleza, donde el embajador Antonino Mena Gonçalves y su esposa, la señora Elizabeth de Mena Gonçalves, recibieron a decenas de invitados para compartir un almuerzo y brindar por la fiesta nacional brasileña.
Habitualmente, en esta fiesta de la Embajada de Brasil no hay discursos, pero esta vez el diplomático hizo una excepción y se dirigió a los asistentes explicando que siempre halló “más adecuado que la fecha fuese utilizada solamente para la celebración de la independencia brasileña y también de la amistad”. Por eso agradeció la presencia de tantos amigos de su país en ese día. Sin embargo, la ocasión fue especial, pues Mena Gonçalves y su esposa se despidieron de Bolivia, ya que parten a una nueva misión diplomática en Suecia.
En su discurso, el embajador destacó los cambios arquitectónicos que encontró al regresar, el 2003, por segunda vez a Bolivia. También mencionó la hospitalidad de los bolivianos y habló con afecto de las amistades calurosas que guardará por toda su vida.
Recordó haber vivido momentos tensos de la historia boliviana y problemas bilaterales, pero destacó que prevaleció la amistad. “Invito a brindar por este entendimiento y cooperación basados en una amistad profunda”, dijo con la copa en la mano.
Luego, el menú de sabores típicos fue tendido en un bien adornado buffet de comida brasileña. Una agradable fiesta de amigos.