Estaba con el fondo musical de Pagliaccio: No! Pagliaccio non son (Payaso, ¡no!, payaso no soy), aria de Ruggero Leoncavallo (1858-1919), compositor exponente del verismo, que no confunda un mal pensado con el ponente de alguna Verónica, sino que es el realismo en la ópera, como reacción al romanticismo dominante de su época.
Entonces en la ONU el presidente Morales denunció terrorismo mediático contra el cambio en Bolivia. Me dio pié para desmitificar la nacionalización de hidrocarburos, sarta de payasadas y de amnesia colectiva nacional de lo que fue, y será YPFB; esta vez aliado con PdVSA. Y plantear que la disyuntiva que se debe afrontar, es el realismo de intereses comunes con países que realmente cuentan en la viabilidad económica de Bolivia, versus el romanticismo del apego a ideologías obsoletas y a la servidumbre de Hugo y Fidel, en las que Evo parece estar embarbascado.
No hay derecho, las payasadas son peores en los hidrocarburos, en los que Bolivia cifra la esperanza de salir de la postración económica, que tiene a su gente con un pie en el estribo para irse a cualquier parte, a trabajar de lo que sea. A casi 5 meses del show mediático de ocupar instalaciones de Petrobrás, y de Evo Morales leyendo su decreto de nacionalización, ¿se ha avanzado en recuperar propiedad, posesión y control absoluto de la cadena productiva del gas y el petróleo boliviano? Poquísimo, aparte de la depo- sición maloliente que desde entonces ha contaminado el aire de la relación con las petroleras.
Y en especial, con un Brasil que cedería en casi todo para adular a una pobretona Bolivia, hoy privilegiada por tener la energía que necesita el gigante. ¿Qué empresario en su sano juicio patea la silla, para que caiga de traste al suelo el cliente del 40% de su actual producción; que además está dispuesto a entrar en sociedad para extraer, procesar e industrializar la materia prima con mercado suyo asegurado? Eso es lo que hizo el cacareado decreto de nacionalización. En virtud de expectativas de un pueblo que cree la mentira de la refundación de YPFB, es un papelón cómico que por falta de recursos financieros no se pudiera cumplir el plazo de 60 días establecidos en el decreto. Tampoco asumir el control accionario de las empresas capitalizadas, ni la firma de contratos nuevos con las empresas petroleras.
Es payasada penosa sugerente de ineficiencia de siempre, que la única operación que asumió YPFB, la distribución de combustible en estaciones de servicio, ya tropezó con chambonadas logísticas provocando desabastecimiento de diésel en Santa Cruz, motor económico del país. Un simple tema de distribución, ya mostró carestía de gasolina, sumadas a las comunes de garrafas de gas que se van al Perú. Encima, predicciones de demanda de energéticos auguran una crisis deficitaria para el año próximo. También del fluido eléctrico, sin inversión alguna mientras no exista seguridad jurídica.
La última payasada ocurrió apenas olvidada la necedad de enviar al Vicepresidente a Brasilia a hacer enmiendas, mientras los fiscales en Santa Cruz montaban aparatoso operativo en una filial de Repsol y Petrobrás. El ex Ministro de Hidrocarburos lanzó otra resolución despojadora, dando pábulo a especular que su fobia anti-carioca se debiera al desdén de una mulata destacada en alguna escola de samba. Sea como fuera, gruñó el presidente Lula por fin, cual mastín enorme cansado de mordisquillos de un ch\'api
nido de pulgas minúsculo, advirtiendo que “si Bolivia insiste en tomar actitudes unilaterales, Brasil va a tener que pensar en cómo hacer una cosa más dura”.
Da para terminar en sollozos, como en el aria Ridi Pagliaccio (Ríe, payaso) con que termina Pagliacci, la ópera más exitosa de Leoncavallo. Porque este gobierno de canciller yatiri y nacionalizadores rabiosos chambonea la política exterior y los mercados. Michelle Bachelet de Chile se arregla con Alan García del Perú, el gran perdedor de la Guerra del Pacífico, para obtener el gas natural que necesita y del que Bolivia es proveedor natural. Con Paraguay, aparte de albergar secuestradores y asesinos, hurgan hipótesis guerreras en vez de concretar acuerdos de venta de GLP en base a una planta de GLP en Villamontes, lista para iniciar su construcción. Las cosas penden de un hilo con Argentina, mejor dicho, de un tango plañidero y seguirles vendiendo gas a precio boludario, digo, solidario.
Pero es mes de la primavera y del amor: debo terminar con una nota risueña. Qué mejor que la payasada que rivaliza con histrionismos del presidente venezolano. Empezó con el candidato opositor Manuel Rosales ofreciendo distribuir renta petrolera a los más pobres, a través de la tarjeta de crédito “Mi negra” en vez de carnés de militancia chavista. Yo colegí, uno, que los venezolanos están hasta la coronilla que Hugo Chávez reparta los millones de su petróleo en La Paz, Santo Domingo, La Habana y hasta en Boston. Dos, que el nombre de la tarjeta era el color del oro negro. Pero la ONG Cimarrones Afrodescendientes por la Revolución, que parece una comparsa de bailarines de saya de los Yungas, la denunció ante la Corte Electoral como “racista” y “producto de mentes malsanas e inmorales”. Para colmo, secundó la denuncia una ONG llamada Periodistas por la Verdad, que redundante, es; y amarillista, debe ser.
¿Serán del mismo cuño los socios de PdVSA? De los prometidos $1.500 millones de inversión en Bolivia, nada. Y eso que PdVSA acaba de vender en $2.200 millones su 41,25% de una refinería en Houston, de las 10 más grandes en EEUU, aparte de contratar 5 años de provisión de 230.000 barriles diarios de petróleo. Entre el precio que anunció el comprador y el que declaró el mandamás de PdVSA hay una diferencia de $100 millones. ¿Y si son papita p\'al loro, una versión en grande de movidas recientes en YPFB?
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En estos días en que la realidad supera a la ficción en cuestiones de Estado y del gobierno del MAS es muy importante reflexionar sobre los tan anunciados cambios, pero tan lamentables resultados.
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