La situación internacional se ha tornado extremadamente compleja porque a la injusticia lacerante que impera en las relaciones económicas se le añaden ahora las crecientes tensiones provocadas por el fundamentalismo islámico, las agresiones injustificadas de Israel contra el pueblo palestino, el terrorismo y las guerras preventivas que ha desatado el presidente Bush a título de combatirlo.
El desarrollo, la paz y la seguridad colectiva no habían estado tan amenazadas como ahora desde hace varias décadas atrás, y esto es tanto más preocupante en vista del enorme debilitamiento a que han sido conducidas las instituciones multilaterales que tendrían que velar por dichos valores fundamentales en el ámbito político y económico.
A la luz de los resultados de la reciente reunión del Movimiento de los No Alineados en La Habana y lo que va de las intervenciones en la Asamblea General de las Naciones Unidas resulta por demás evidente que está ocurriendo un importante desplazamiento a favor de las fuerzas internacionales que podrían impulsar una reforma en profundidad de las propias Naciones Unidas y de los organismos multilaterales de la esfera económica, a condición de que se encaren las cuestiones sustanciales y se dejen de lado las inusuales agresiones retóricas.
Una mirada a la historia del sistema internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial muestra a las claras que América Latina ha participado activamente en momentos estelares con iniciativas propias o que ha acompañado con protagonismo reconocido los planteamientos de otras regiones, siempre con el objetivo de corregir las asimetrías de poder y las inequidades económicas en el plano internacional.
Los países de la región han liderado en efecto tres intentos de cambiar el orden económico internacional. La primera vez en la Conferencia de La Habana cuando se trató de crear la Organización Internacional del Comercio sobre bases conceptuales diferentes a las de la ortodoxia económica en boga. Luego a mediados de los años 60 cuando se hizo un nuevo intento, que culminó con la creación de la UNCTAD y sus diferentes programas destinados a nivelar las relaciones del comercio internacional. Y la tercera a mediados de los setenta cuando se propuso establecer un Nuevo Orden Económico Internacional y se adoptó la Carta de Derechos y Deberes de los Estados, seguidas por una serie de conferencias internacionales que ampliaron la intervención del Estado y la regulación política de la economía.
A fines de la década de los setenta se produjo la reacción conocida de los países industrializados mediante políticas neoliberales en reemplazo del keynesianismo que había prevalecido hasta entonces en los organismos multilaterales.
Ahora el péndulo está de regreso. La emergencia económica de los grandes países del Asia y la bonanza de precios imperante en los mercados de la energía y los minerales están recolocando circunstancias parecidas a las que imperaron durante la década de los setenta. Están dadas por consiguiente las condiciones objetivas para que los países de América Latina adopten una vez más iniciativas conducentes a la reforma profunda del orden económico internacional, las que ya no pueden separarse tampoco de una revisión a fondo de las estructuras e instituciones del sistema político de las Naciones Unidas.
Resulta entonces tanto más deplorable que América Latina debilite en estos momentos la eficacia de su accionar internacional por causa de las profundas divisiones que se están abriendo en la región y que en muchos casos no tienen razón objetiva para prevalecer.
*Horst Grebe L. es economista.
Dos orillas
Esta mención a las orillas no tiene nada que ver con esos bordes que frecuentamos después de cada espiral de conflictividad social y política que nos convierte, como sociedad, en una caricatura de Sísifo.
Diablito sabe para quién trabaja
¿Qué pasó? Muchas de las organizaciones e instituciones que siempre defendieron los derechos de las poblaciones más pobres de Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando; están hoy comprometidas con un regionalismo muy vinculado al racismo.
Cómo duele
En estos días en que la realidad supera a la ficción en cuestiones de Estado y del gobierno del MAS es muy importante reflexionar sobre los tan anunciados cambios, pero tan lamentables resultados.
Payasadas hidrocarburíferas
Estaba con el fondo musical de Pagliaccio: No! Pagliaccio non son (Payaso, ¡no!, payaso no soy), aria de Ruggero Leoncavallo (1858-1919), compositor exponente del verismo, que no confunda un mal pensado con el ponente de alguna Verónica