Con un amigo periodista le envié al presidente Evo Morales una idea para cuando visite Estados Unidos. Pero no la tomó en cuenta. Le sugerí que pida visitar el monumento al holocausto, y que luego, ya en el lugar, exprese su sorpresa al enterarse de que no es un monumento al holocausto de los pieles rojas. Podía haber rematado diciendo que, en ese caso, él quería ser el primero en aportar para construir el monumento al holocausto olvidado, en duelo por el asesinato de los hermanos pieles rojas. Estoy seguro de que habría mucha gente decidida a aportar a ese fondo.
Es que el Presidente estuvo muy ocupado escuchando otras ideas, como aquella de pedir el retiro de las tropas invasoras de Irak. Estoy convencido de que el pedido del Presidente boliviano no ha de tener mucho peso en la decisión de Estados Unidos sobre Irak. En cambio, Evo Morales hubiera podido decir con mucha autoridad, hablando en nombre de todos los pueblos originarios del nuevo continente, que el exterminio de los pieles rojas es una deuda pendiente de la súper potencia.
Su discurso en la ONU estuvo bien, a juzgar por las siete veces que fue interrumpido por los aplausos, aunque dedicó demasiados párrafos a la coca, mientras que no hizo alusión a otros cultivos que existen en el país y que, sin ser ilegales, tienen más problemas todavía para comercializarse, porque no cuentan con una red internacional que los respalde. Y menos tienen un representante que se llegue a la ONU para hablar en nombre de ellos. Los productores de quinua de Orinoca estarían felices si es que el presidente hubiera pedido un mayor mercado para el producto orgánico, cultivado allí donde se originó. O los productores de papa estarían muy agradecidos si el Presidente hubiera pedido que las cadenas de hamburguesas usen las verdaderas papas, las originarias, en lugar de los híbridos que usan en todo el mundo, incluso en Bolivia. Pero el Presidente no se acordó de los productores de papa. Y qué decir de los productores de soya, que tienen tantos problemas para colocar sus cosechas, sobre todo como efecto de los subsidios que distorsionan los precios internacionales, principalmente de Estados Unidos. Pero, el Presidente sólo habló de la coca.
Hay, definitivamente, productores con suerte y otros que no la tienen. Además, está el hecho de que con su discurso dejó la impresión de que todos los bolivianos somos potenciales productores de coca. El plan de desarrollo económico del presidente Morales no es el cultivo generalizado de coca, pero por la importancia que le dio en su discurso se podría decir que no tiene muchas otras ideas para el desarrollo del país.
En suma, que los discursos del Presidente tienen que ser meditados y, sobre todo en tribunas internacionales, tienen que expresar a toda Bolivia. Si dentro del país tiene la costumbre de hablar sólo de una región, cuando sale al exterior debería dar la impresión de que representa al país entero. Y debería dar el mensaje de todos los bolivianos, incluso de aquellos a los que desprecia.
Hace falta un poco de coherencia en los discursos de los miembros del actual gobierno. Decir tantas cosas diferentes sobre tantos temas es perverso. Sobre todo para quienes nos ganamos la vida tratando de encontrar sentido a las cosas de la política.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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