En la página web: www.embolivia.co.uk, existe una definición que será materia de este artículo.
Kakistocracia: Del griego Kákistos (pésimo, el peor de todos) y krátos (fuerza, poder). Neologismo. A diferencia de la aristocracia, que, teóricamente, quiere decir gobierno de los mejores, la kakistocracia quiere decir gobierno de o por los peores. Y por supuesto, como una extensión propia, kakistócrata sería aquel que forma parte de la pésima élite gobernante que basada en su fuerza, forma parte del peor de todos los gobiernos.
Está claro que en muchas épocas de nuestra historia republicana, tanto en el gobierno como en las instituciones se han dado kakistocracias dignas de pasar a los libros de récords. Una vez más, desde enero del 2006 vivimos una nueva kakistocracia. Hay que ser muy claros, esto no se trata de una definición racista, no tiene connotaciones indigenistas y menos oligárquicas. Es una vez más la mala suerte de este rico país que debe vivir como pobre porque en su historia se han sucedido kakistocracias de izquierda, de derecha, de centro, de más aquí y de más allá; y por supuesto kakistócratas k´aras y ahora t´aras.
Por definición, algunos estadistas como James Madison señalan que entre otros uno de los propósitos de la democracia representativa es asegurar que las tareas gubernamentales puedan asignarse al componente más talentoso y mejor calificado de la sociedad; como un método para mejorar la calidad del gobierno popular. Cada elección debería darnos gente idónea capaz de mejorar la función de custodios idóneos de la cosa pública, además éstos deberían ser capaces de cumplir con el requisito de rendición de cuentas. Ambos elementos constituyen la fórmula adecuada para asegurar que las funciones públicas sean ejercidas por los miembros más aptos y virtuosos de la colectividad.
En Bolivia actualmente hay ciertos requisitos muy claros (de base) para ser parte de la kakistocracia (o léase para ocupar puestos en este gobierno): primero hay que ser del “movimiento indígena originario”; ser o haber sido líder de las bases o movimientos sociales; ser conocido revolucionario o más que todo bloqueador de linaje o de larga data; tener una alta reputación de luchador social o mejor si hay en el pasado algunos antecedentes de guerrillero aunque sea de la guerra del agua y mejor si es de la guerra del gas; ser militante, simpatizante o al menos admirador de régimen cubano, de Fidel, de Chávez o del Che Guevara; ser del partido oficialista es otro requisito clave (mejor si es para el sector hidrocarburos). Si se tiene profesión es lo de menos, si se conoce o no de la administración del Estado no importa; está sobreentendido que todos lo harán mejor que los anteriores; si se tiene o no experiencia en el sector donde trabaja no interesa, todos pueden aprender; si no se tiene experiencia en la diplomacia, en aduanas, en gestión de áreas protegidas, y en cualquier tema no importa, basta con ser periodista, comunicador social, oprimido por el sistema, etc.
Otros requisitos de forma de los kakistócratas actuales en Bolivia, son sin orden de importancia: no usar corbata; no usar terno; no hacer la señal de la cruz, siempre debe ser un puño en alto; usar colita en pelo; ser intelectual de café; vestirse con alguna indumentaria indígena originaria, preferentemente usar sombrero, llevar en vez de maletín una chuspa y, por supuesto, no tomar Coca-cola; es mejor saber pijchar la ancestral hoja de coca.
Funcionalmente además de ser masista el kakistócrata del siglo XXI debe ser: sordo para no escuchar las críticas; ciego para no ver la realidad, mudo para no hablar nada en contra del gobierno y sin iniciativa para no disentir jamás con el compañero, o mejor hermano jefe. Caso contrario corre el riesgo de ser llamado: vendepatria, neoliberal, oligarca, rico, contrarrevolucionario y complotador.
La kakistocracia hasta ahora —en siete meses de gobierno— se la conoce por sus resultados (sin orden cronológico y sin distinguir entre malo o peor): ha contribuido a la crisis y casi desaparición del LAB a título de recuperar para los bolivianos la línea bandera; ha realizado una engañosa nacionalización de hidrocarburos que ahora está congelada; ha encarado una reversión de tierras que sólo ha dado enfrentamiento y atropellos; ha apoyado y después desapoyado la autonomía; ha convocado a una constituyente con una ley que ahora desconoce; se ha liberado del opresor del Norte para pasar a los del Caribe; confunde la democracia y el derecho a disentir con el complot; para no escuchar las críticas desearían un gobierno de dictadura; su lucha a favor de los pobres es la misma de sus colegas caribeños: palabras huecas y ollas vacías; además su discurso de unidad se ha convertido en el enfrentamiento en el país.
Con todo lo dicho y todo lo olvidado; ¡qué buenos kakistócratas que son!
*Óscar Aguilar fue vicepresidente de la CEPB.
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