La comunidad chuquisaqueña es un ejemplo más, no el único, de que la organización entre pobladores acaba dando mayores beneficios.
Texto y Fotos: Javier Badani
El ají colorado chuquisaqueño es un asunto de seguridad nacional en Japón. Condimentado con alguno que otro agente químico, el producto estrella de Villa Serrano se transforma en el mejor aliado de las fuerzas del orden niponas a la hora de dispersar manifestantes.
Y claro, año que pasa la necesidad de los japoneses por abastecerse de toneladas de ají colorado se incrementa. Por ello, los productores de Villa Serrano se prepararon este año para consolidar ese mercado replicando una iniciativa de promoción productiva que se implementa a unos kilómetros de distancia de su localidad.
Se trata del proyecto de Promoción Económica Rural en los Municipios de Chuquisaca Centro (PERCH), que a través de procesos de capacitación logró elevar los ingresos de los campesinos chuquisaqueños y también diversificar las potencialidades de sus productos.
Financiado por la Unión Europea y ejecutado por la organización COSV y la Fundación Nor Sur, este emprendimiento —que beneficia a 80 comunidades—, además, creó una dinámica de institucionalización de la promoción económica, que ahora es controlada por los propios productores.
Europa, “al ladito de Italia” Félix Cáceres Rodas tiene 46 años y su producto, el amaranto, es disfrutado en los países de “Italia, Suecia y Europa”. ¿Europa...? “¡Sí!, el que está al ladito de Italia, pues”, responde el campesino de Limabamba, quien forma parte de los 140 miembros de la Asociación de Productores de Trigo (APT) de su comunidad.
Hace menos de una década, los productores de Limabamba, distante a unos 185 kilómetros de Sucre, sólo vendían su producto a algunas localidades vecinas. Esto, “porque no sabíamos cómo se hacía para llegar a otros mercados”, asegura Cáceres, que hoy junto a sus compañeros exporta hasta tres contenedores de amaranto y frejol rojo oriental hacia Europa.
Pero el proceso de aprendizaje fue largo, y para administrar los progresivos éxitos se crearon dos organismos de gestión que se consolidaron poco a poco en la estructura de las alcaldías de Alcalá, Padilla y Sopachuy: la Dirección Local de Promoción Económica (DILPE) y la Oficina Municipal de Desarrollo Económico (OMDE).
Es a través de ellas que se crean espacios de concertación entre públicos y privados y se operativizan los planes de negocios que surgen de los distintos encuentros para mejorar la competitividad municipal.
Así, al igual que la APT de Limabamba, unas 23 asociaciones de productores de Chuquisaca Centro se han fortalecido con la implementación del proyecto PERCH.
“Hemos aprendido que los actores deben involucrarse en el proyecto desde su formulación hasta su implementación. Las ONG no deben ser protagonistas sino la sociedad civil a través de sus unidades de gestión”. Por ello, “hay que desarrollar capacidades más que medios”, explica Marco Antonio Prieto, coordinador del proyecto.
Bajo esta premisa, hoy 964 productores ya cuentan con conocimientos en gestión empresarial y 15 directivas de asociaciones aplican herramientas administrativas.
Aprendiendo a competir El primer paso para implementar una visión de negocios en estos municipios, entre los más pobres de Chuquisaca, fue el de valorizar en primera instancia la demanda local.
Es así que en la actualidad, por ejemplo, el municipio de Villa Alcalá ha introducido en su desayuno escolar alimentos producidos por los propios campesinos.
Así, hoy, el api morado, el tojorí, la pasankalla y las verduras producidas por las asociaciones agrícolas de la región son la base de la alimentación de los estudiantes del lugar, poblado por unas 4.500 personas.
Las más beneficiadas son las 42 mujeres de la Asociación de Productoras Agrícolas del Municipio de Alcalá (APAMA). Una de ellas es Lucía Lira, quien utiliza media hectárea para generar dos arrobas de pasankalla que vende al municipio.
“Todavía no hay ganancias, pues... Tenemos que reinvertir la platita para mejorar el negocio comprando gas, azúcar y semillas de maíz”, dice esta madre de seis hijos.
Ángel Llanes, por su parte, ya dio un paso más allá en el entramado sendero empresarial. Y es que el apicultor descubrió las potencialidades que ofrecen las ferias campesinas de Chuquisaca.
Así, luego de reunir a otros 28 productores de miel de abeja, Llanes comenzó a informarse a través del OMDE de su municipio sobre las ferias más importantes de su departamento. Ahora, luego de tres años, además de consolidarse en Alcalá, su preciado producto se vende en Sucre donde, envasado en una botella de plástico, se oferta hasta en 26 bolivianos por kilo.
Mercado para los campesinos Chicha, leche de tigre, tamales rellenos, carne asada con mote... Un verdadero banquete sirvió para festejar la inauguración, en mayo, del mercado campesino de Villa Alcalá, a 180 kilómetros de Sucre.
Será en este espacio donde los comunarios ofrecerán sus productos y entablarán contactos con productores de otras localidades.
Para Benito León Morales, socio de la Asociación de Fruticultores, esto último es de vital importancia.
“Antes producía unas 10 plantas para consumo propio y para la comida de los chanchos. No valía la pena contratar un vehículo para transportar 10 arrobas de duraznos hasta Sucre”, explica el campesino, que junto a otros productores de este fruto, y gracias a los talleres del Perch, terminó organizándose.
Hoy, tras dos años, los 40 asociados recolectan unas 1.000 arrobas de durazno amarillo, ulincate y porcelana. Y a pesar de que el camino a Sucre no está en buenas condiciones, su producto es solicitado en los mercados de la capital.
La meta de León Morales es duplicar su producción para este año. Sin embargo, “todavía nos falta sostenibilidad como asociación y más capacitación”, dice el padre de cuatro hijos cuyo sueño es replicar el ejemplo de la localidad de Padilla, que en la actualidad exporta maní, ají y orégano al exterior.
Comparte ese mismo deseo Porfidio Cejas Ávila, que pertenece a la Asociación de Productores Agropecuarios.
“Quisiera que mi maní llegue a Europa. ¿El camino será tan jodido como hasta Sucre?”, se pregunta este hombre de 54 años.