Si el MAS hubiese obtenido en las elecciones del 2 de julio pasado el 70% de los votos, en este momento la oposición estaría enarbolando —cual víctimas ultrajadas— el democrático derecho del 30% restante a disentir, discrepar y bloquear el nuevo proyecto político.
De hecho estarían hablando de una ´dictadura constitucional´ o del abusivo “avasallamiento” de una mayoría arbitraria sobre minorías desvalidas y salvajemente excluidas.
El otrora radical socialista Carlos Borth (pretendía suceder a Marcelo Quiroga Santa Cruz y sucedió a Banzer) lanzaría un SOS a los cascos azules de Naciones Unidas y Don Guiteras estaría trotando en un camuflado rancho de Trinidad junto a una gavilla de jóvenes con vocación paramilitar.
En cierto sentido la política es el arte de lo posible y un determinado conflicto puede ser manejado si los intereses no son abismalmente contrapuestos, pero si eso no ocurre, sólo el estómago es la verdadera medida del carácter, es decir cualquier buena intención de encuentro, consenso, conciliación o reconciliación, aun con la venia de la Iglesia o del señor Jesús, es en la mayoría de los casos un grosero intento de burlarse de la buena fe de la población.
De uno u otro modo, ocurra lo que ocurra y haga lo que haga el Gobierno actual, los opositores de Podemos harán oposición, pero no oposición en el mediano plazo y con la esperanza de hacerse del Gobierno dentro de cinco años, sino oposición ´ahora o nunca´ para frenar la Constituyente y cuanto antes sacar a Evo del poder.
La oposición está desesperada y crítica al Gobierno no por los errores que tiene (eso es lo aparente), sino por los aciertos que diseñan un horizonte de cambio que puede sacar a Bolivia de la pobreza y que de hecho postergaría el acceso de la oposición al Palacio Quemado.
Hoy la historia marcha por otro sendero. El problema entonces radica en definir con cierta precisión la identidad del actor político central que debe tener a su cargo el control y la hegemonía en la actual coyuntura.
Los procesos electorales del 18 de diciembre y 2 de julio señalaron que la gran mayoría política corresponde al MAS y todos los movimientos sociales que aglutinó en torno suyo. Desde luego el MAS es sólo una fracción política social y por sí solo no le alcanzaría su tamaño para pretender ejercer hegemónicamente a toda la sociedad. Pero sus conductores tuvieron el tino de conformar un ´frente social´ que alcanzó una nítida hegemonía.
Más hegemonía aún si se toma en cuenta la terrible dificultad que tiene la abigarrada sociedad boliviana para alinearse en torno a un solo proyecto político. La hegemonía pertenece a quien o quienes luchan con mayor energía, a quienes se constituyen en conductores ideológicos y políticos de la democracia. Hoy el MAS aglutina a la mayoría de la nación, pero además le sobran la energía y la vocación (aunque no todavía la pericia) para construir un país diferente.
*Grover Cardozo A. es director de la Agencia Boliviana de Información (ABI) y militante del MAS.
La píldora del día después
La presidente chilena Michele Bachelet ha tenido el acierto de ordenar que en su país toda mujer mayor de 14 años que pida comprar la píldora del día después sea complacida. Por más de una razón a mí me parece muy bien.
MAS turbación (mea culpa)
Hubiera querido comenzar a la manera de una satisfacción pública: “En un momento de ofuscación”. Pero sería engañarme y engañar a quien lo leyera; lo que hice, lo hice conscientemente, en pleno uso de mis facultades mentales
Depurar para ser creíble
Es inicio de la primavera y “el cauta reverdece, el huamanguito florece y la soga se revienta”, como canta el venezolano Simón Díaz. Y aunque el llanero recite “es que el que se merece la sabana, pues que se la den”
El despilfarro de una legitimidad
El que conozca un poco de historia (la propia y la más general) comprende perfectamente que ninguna transformación profunda de las estructuras de poder ha discurrido en lugar alguno sin confrontaciones, cuya intensidad estuvo siempre relacionada con la constelación de fuerzas vigente.