El que conozca un poco de historia (la propia y la más general) comprende perfectamente que ninguna transformación profunda de las estructuras de poder ha discurrido en lugar alguno sin confrontaciones, cuya intensidad estuvo siempre relacionada con la constelación de fuerzas vigente. En ninguna parte el ´antiguo régimen´ cedió sin resistencia su dominación política y los privilegios correspondientes. Los grupos sociales que accedieron al poder, por su parte, tuvieron siempre que conquistar el control de los instrumentos institucionales y aprender los hábitos de mando legítimo para consolidarse como nuevo bloque dominante, fundado en una alianza de clases con hegemonía. Y ésta, la hegemonía, no consiste en otra cosa que en la incorporación de los intereses de los otros grupos sociales en un nuevo proyecto histórico.
La hegemonía no consiste por tanto en la pura coerción y represión, ni tampoco en la aniquilación de los adversarios. Para prevalecer, el nuevo bloque dominante tiene que fundarse en cambio en una capacidad ideológica y moral muy amplia de conducir a la sociedad en su conjunto hacia niveles superiores de equidad, convivencia democrática y eficiencia económica.
Se trató en el pasado, sin duda alguna, de tareas formidables, que fueron resueltas en muchos casos mediante la violencia y la guerra. Pero ese tipo de revoluciones ya no forma parte de las opciones de esta época, al menos en América Latina. Ahora lo que debe perdurar necesita construirse sobre los cimientos de la democracia sin retaceos ni sofismas.
Una de las características más importantes del proceso boliviano radica en que la dinámica de los cambios está enmarcada todavía en los límites de la democracia y el Estado de Derecho. No es poco mérito, y merecería que se le proporcionen todas las condiciones subjetivas para que los inevitables conflictos no desborden dichos umbrales.
Una inauguración ejemplar del proceso a partir del voto mayoritario de diciembre pasado, y la reiteración de la voluntad ciudadana de respaldar transformaciones sustanciales mediante la Asamblea Constituyente, empieza a mostrar insuficiencias preocupantes en el ejercicio del liderazgo y la dirección en varios frentes.
La democratización profunda que ahora administra el MAS, no ha sido ciertamente el resultado de la perfección y coherencia de sus propuestas. Muchos otros factores han contribuido a que los electores le otorguen una oportunidad para resolver los dilemas nacionales, controlar el desborde de las demandas de toda índole, poner coto a los bloqueos de vías y caminos a cualquier título, evitar el éxodo creciente de bolivianos y superar los miedos cotidianos. Por eso precisamente el MAS obtuvo una enorme votación en todo el país; porque se suponía que estaba en mejores condiciones que todos los anteriores gobiernos para ejercer autoridad legítima, representar a un bloque de poder más extenso, eliminar privilegios, corregir abusos y dotar al país de un rumbo claro.
Gestión incorruptible de gobierno para refundar soberanía y equidad, y funcionamiento de una Asamblea Constituyente de rasgos ejemplares en América Latina: ésos fueron los encargos del país. Siguen todavía vigentes. Pero no podrán cumplirse en forma si es que se sigue atizando únicamente el revanchismo de una fracción de la sociedad, que amedrenta al resto sin muchos más argumentos que el de los agravios sufridos en el pasado.
El estado de ánimo del país está empeorando peligrosamente, y las pesadillas de algunos podrían hacerse realidad, si es que no se depone por parte de todos la retórica beligerante y se abre paso a una efectiva concertación nacional. El primer paso le corresponde ciertamente al Presidente de la República.
*Horst Grebe L. es economista.
La píldora del día después
La presidente chilena Michele Bachelet ha tenido el acierto de ordenar que en su país toda mujer mayor de 14 años que pida comprar la píldora del día después sea complacida. Por más de una razón a mí me parece muy bien.
MAS turbación (mea culpa)
Hubiera querido comenzar a la manera de una satisfacción pública: “En un momento de ofuscación”. Pero sería engañarme y engañar a quien lo leyera; lo que hice, lo hice conscientemente, en pleno uso de mis facultades mentales
El señuelo de la oposición
Si el MAS hubiese obtenido en las elecciones del 2 de julio pasado el 70% de los votos, en este momento la oposición estaría enarbolando —cual víctimas ultrajadas— el democrático derecho del 30% restante a disentir, discrepar y bloquear el nuevo proyecto político.
Depurar para ser creíble
Es inicio de la primavera y “el cauta reverdece, el huamanguito florece y la soga se revienta”, como canta el venezolano Simón Díaz. Y aunque el llanero recite “es que el que se merece la sabana, pues que se la den”