No sabemos casi nada de la economía del imperio Tiwanacota, conocemos algo de los incas que dominaron el Kollasuyo con rudeza, mientras contamos con bastante información sobre la Colonia y la República. La triste realidad: los resultados son desalentadores y las perspectivas de futuro extrañas.
El Inca veía a sus súbditos como generadores de renta para el imperio y para la iglesia del sol (67%), de tal manera que pagaron el impuesto más alto del mundo. La casa real era la única dueña del capital y los pobladores estaban controlados totalmente por el Estado en un mundo sin ruedas ni escritura. Con sólo asignarle tierras estériles en el reparto oficial cada siete años a una familia, el gobernante local podía condenarla a muerte por inanición. Como en el Ayllu actual o en el Islam, un enfoque libre dentro del sistema religioso-político simplemente era imposible. A la llegada de los españoles, Bolivia llevaba más de medio siglo en este extraño universo. Con razón, los barbados fueron vistos como dioses liberadores. Por razones atávicas, un esquema incaico constituye el mundo ideal hacia el cual se alinea coherentemente cada decisión del Gobierno actual.
Durante la Colonia, el único cambio fue el de los ‘gobernantes-dioses’ por los ‘gobernantes-de-Dios’ que implantaron una nueva creencia y un mandato amparado en San Pablo (Rom. 13) para generar al Estado y la Iglesia una renta más dura aún. El magro 33% de ingreso individual que la población tenía en el incario, se redujo a ´la graciosa merced´ del patrón o el gobernante. La minería oficial y una agricultura destinada a soportarla, convirtieron a la población en simple medio, para la extracción-exportación de esa renta imperial de ‘plata y oro’. Así llamamos todavía la riqueza ajena.
En la República, sólo cambió la legitimidad y finalidad del poder (de la voluntad de Dios, a la de un pueblo-soberano, sin soberanía) y el destino de la renta siguió hasta hoy, en manos de intermediarios sin rey. Aquellos que trataron de crear los conceptos de ‘empleado’, de derechos, de creación de valor, los que invirtieron en el país más allá de los adornos de su casa, fueron y son satanizados y despojados de sus riquezas por la visión rentista en la que la máxima explotación primaria fue siempre el único negocio.
Ahora nos quejamos de la pobreza, de la incapacidad para desear siquiera una mejor vida, cuando todos los esfuerzos se concentran en consolidar una renta para el Estado a partir del gas, con la esperanza de recibir una migaja de esa dichosa renta en el reparto. La visión rentista es tan ciega, que estamos dispuestos matar la ‘gallina de los huevos de oro’ para exprimirle un centavo más. ¿Dónde está la generación de excedentes que ha hecho ricos a los demás países? ¿Cuál es la riqueza de una pastora analfabeta en Arabia?
*Jorge Zapp es consultor internacional.
Provocación constante
No es fácil recordar un período en que, como ahora, la conducta permanente y generalizada —incluido el Gobierno del que se esperaba que favorezca un clima de tranquilidad y armonía— sea la de favorecer el enfrentamiento y la zozobra
Un aliado
“Escrutopo: He tenido que dejar mis imperiosas ocupaciones en el averno para poder atender tus llamados urgentes, exitoso candidato a dictador en desgracia. ¿Así que estás preocupado porque tu republiqueta está en ebullición y cada vez tienes menos simpatizantes?
La rana, una opción de vida
¿Por qué ranas? Porque la rana es simpática, no produce abono y se la reconoce como valiosa fuente de nutrición.
La política exterior y Chile
Mientras que nuestras relaciones internacionales están dando algunos tropezones inconvenientes con países importantes con quienes habíamos mantenido vínculos muy estrechos —o por lo menos necesarios— ahora nos encontramos en una situación que no deja de ser complicada