¿Por qué ranas? Porque la rana es simpática, no produce abono y se la reconoce como valiosa fuente de nutrición. Mi última columna positiva, donde contribuí a solucionar los problemas latinoamericanos proponiendo la crianza de avestruces, atrajo una lluvia de mensajes. Algunos pedían precisión sobre la operación económica y otros se interesaban por la parte zoológica del asunto. Los demás se dividían entre los que hacían comparaciones odiosas de mi mamá con los avestruces (a los cuales no daré respuesta, pues se trata de gentes negativistas, de ésas que critican pero no ofrecen soluciones), y los que preguntaban cómo era posible criar 800 ó 900 avestruces en un apartamento urbano de 40 ó 45 metros cuadrados.
Contesto a estos últimos: es posible, pero en condiciones sumamente difíciles, tanto para los avestruces como para los habitantes de la vivienda.
Decidido a seguir creando empleo y riqueza, hoy propondré una solución alternativa a la crianza de avestruces. Se trata de que los latinoamericanos que viven en espacios urbanos pequeños críen ranas. Las estadísticas muestran que en cinco metros cuadrados es posible levantar entre 1.500 y 1.700 ranas, y, si las apretamos un poquito, algo más de 23.000.
¿Por qué ranas? Porque la rana es simpática, no produce abono y se la reconoce como valiosa fuente de nutrición. Hace 40 siglos ya se la merendaban los chinos como quien come maní, y en Egipto era plato apetecido. Durante las hambrunas del siglo XIX los campesinos europeos ingerían ranas de charca para sustituir la carne de pollo o de cerdo, hasta que llegaron los franceses, las bautizaron ´grenouille´, las sirvieron en platos elegantísimos y empezaron a cobrar un horror por unas pocas ancas.
Aparte de gran saltarina e infatigable serenatera —aunque, estrictamente, las ranas no cantan: cantan sólo los ranos—, este batracio ofrece grandes posibilidades económicas: se adiestra y vende como mascota, sus tripas se utilizan en suturas de cirugía y su carne constituye alimento particularmente rico en fósforo, hierro, calcio, proteínas y sápidos.
Una granja de ranas cabe en una caja de zapatos, pero el mayordomo debe estar atento al ciclo reproductivo del batracio, pues, si se descuida, las ranas acaban sacando de la casa a los inquilinos. Esto se debe a que cada una pone 5.000 huevos en una sentada; huevos que, a su turno, se subdividen velozmente, como ciertos partidos políticos, hasta formar un embrión tan feo que parece un renacuajo. Bueno: en realidad es un renacuajo, que a los 21 días ya salta al agua. Poco después, al renacuajo le salen patas, se le esconde la cola y se gradúa de rana.
En algunas especies el renacuajo necesita hasta un año para graduarse, y en el caso de la ´rana toro´ es como si sacara un doctorado, porque antes de los 14 meses no es persona. Es decir, no es rana.
El proceso de producción ranícola comprende cuatro pasos: 1) Cría. 2) Matanza. 3) Procesamiento de las víctimas. 4) Comercialización. En otras palabras: aquí no hay establos, como en la crianza de ganado, ni pesebreras, como en la de los caballos; ni siquiera un patio, como en la de los avestruces. Basta con unos pocos estanques, que pueden ser cubetas si se trata de un apartamento muy pequeño, para que las ranas se pongan dichosas. El finquero considerado les pone algunas piedras en el agua y tal cual tronco, para que gocen aún más, pues el animalito es muy sensible y disfruta con el paisaje.
Cuando la rana empieza a adquirir aspecto de sapo, es porque está ya gorda y lista para la muerte. Hay muchas maneras de proceder al sacrificio, que van desde suministrarle cucharadas de aceite de hígado de bacalao hasta agarrarla a zapatazos, pero no pienso detenerme en tan horrible aspecto. Una vez fallecida, la rana puede protagonizar diversos y deliciosos platillos. En todos ellos es aconsejable que el comensal no identifique lo que recibe, así que conviene mejor anunciarlo como ´ensalada de pollo´, ´hamburguesa de nuestra mejor carne de res´ o ´fina salchicha de pavo´.
La rana se alimenta de moscas y mosquitos. Una rana normal ingiere entre 120 y 207 moscos diarios. De allí se deduce que el lector que no quiera finca de avestruces ni granja de ranas, siempre podrá salir de pobre con un criadero de mosquitos para venderle comida al de las ranas.
América Latina, como ven, es un continente lleno de oportunidades. Lamentablemente, a los negativistas sólo les interesa criticar, criticar y criticar.
*Daniel Samper P. es periodista.
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