Los sucesos de los últimos días están modificando la percepción que se tiene de Bolivia en el exterior. Quienes apostaban a que Bolivia se podía dividir habían perdido terreno luego del contundente triunfo del MAS, pero lo que ocurrió en la Asamblea Constituyente les ha dado esperanzas de que sus pronósticos se cumplan.
El periodista argentino Rosendo Fraga dijo hace pocos días en Asunción del Paraguay (diario ABC, 25 de septiembre) que cuando se produzca la división de Bolivia, Estados Unidos ayudaría militarmente al sector contrario al presidente Evo Morales, sector que estaría liderado por Santa Cruz. La ayuda militar de Estados Unidos provendría de Paraguay, dijo este agorero.
La frágil unidad boliviana es motivo de análisis y de especulaciones de todo tipo, incluida la observación de un experto chileno que dijo que cuando Bolivia se divida, la distribución de su territorio entre los vecinos tendría que ser equitativa. Es decir que ninguno de los vecinos tendría que quedarse sin su buen pedazo.
Esto se está pareciendo a una tragedia griega. Los peores vaticinios se están cumpliendo. El experto norteamericano Mark Falkoff había anticipado, hace más de un año, que en Sudamérica se daría el surgimiento de un nuevo país, algo que no ocurría hace casi dos siglos.
Si alguna pieza faltaba en este ajedrez, se la proporcionó el acuerdo por el cual Bolivia recibirá ayuda militar venezolana para fortalecer sus fronteras. El clima de nerviosismo que este acuerdo provocó en la región fue más intenso en Paraguay.
Según Fraga, la base militar Mariscal Estigarribia, que tiene el Paraguay en el Chaco, serviría de plataforma para el lanzamiento de la ayuda norteamericana a una fracción de Bolivia. El periodista argentino recordó, a este respecto, la visita que hizo a Paraguay el secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, en agosto pasado.
Y están también quienes hilan muy fino. La llegada del nuevo embajador de Estados Unidos, Philip Goldberg, ha sido tomada como una medida de previsión de Estados Unidos ante lo que podría ocurrir con Bolivia. Goldberg viene de haber estado en Kosovo; es decir viene de haber cumplido funciones en un país que se dividió. El anterior embajador, en cambio, era experto en programas de colaboración para el desarrollo.
Todo esto se dice en el exterior. Dentro de Bolivia, en cambio, los únicos que han hablado de la posibilidad de una división son los líderes benianos. Dijeron que si la Asamblea Constituyente ´originaria´ decidía cambiarle el nombre al país y adoptar la ´whipala´ como bandera, los benianos se quedarían junto a los departamentos que seguirían llamándose Bolivia. Es decir que estaríamos ante el cumplimiento de la profecía de Falkoff: habría surgido un nuevo país, de nombre Kollasuyo, o alguna cosa parecida, mientras que el resto del territorio seguiría como Bolivia.
Ahora, por lo tanto, está en las manos de los asambleístas el futuro de Bolivia. Por supuesto que no es necesario cambiarle el nombre al país para producir una fractura. Basta con que se quieran imponer criterios sectarios. O se quiera imponer una cultura sobre las otras.
Pero la división no será tan grosera. Bolivia no es una torta que se pueda dividir con un cuchillo. En eso se equivocan los agoreros.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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