Cuando nuestro país se encontraba en busca de mejores días para los bolivianos, fuimos invadidos por grupos mercenarios encabezados por un idealista que pretendió sofisticar a nuestros hermanos campesinos con el credo del marxismo-leninismo, sin tomar en cuenta que en Bolivia ya se había producido años atrás un proceso revolucionario dentro de los marcos de la democracia, cuyas conquistas como la Reforma Agraria, el voto universal y la Reforma Educativa, alcanzaban a quienes estuvieron excluidos durante siglos por el modelo feudal que imperaba en el país a partir de la fundación de la República.
La respuesta no se dejó esperar por parte de las Fuerzas Armadas que imbuidas de la filosofía doctrinal del nacionalismo y lealtad a la Patria, repelieron tamaña afrenta donde estaban comprometidos algunos sujetos que obedecían a la línea prosoviética de entonces cobijados en el llamado partido comunista, que se constituyeron en los testaferros de la invasión a nuestro territorio, pero que a la hora de la prueba, abandonaron el escenario de Ñancahuazú, consiguientemente dejaron librado a su suerte aquel mítico idealista y fue así, que un puñado de soldados bolivianos, todos ellos de extracción campesina fueron los que encabezados por sus conductores militares hicieron abortar esa invasión.
Nuestra estirpe guerrera campesina estaba imbuida de esa conciencia nacional de defensa de la integridad territorial, porque de esta manera también estaban defendiendo sus tierras que a futuro podrían haber sido confiscadas por el sistema que insistieron en implantar, en la pretensión de instalar un modelo no acorde a la realidad boliviana, el cual no puede ni tiene espacio en esta parte del continente sudamericano y así, está demostrado por la propia actitud de los gobiernos de varios países vecinos cuyos gobernantes en el pasado oficiaban una marcada tendencia extremista, pero que a la hora de la verdad, hoy se constituyen en los abanderados del nacionalismo puro en beneficio de sus países.
Los soldados sobrevivientes de los campos de Ñancahuazú, en este instante de penurias e incertidumbre para nuestro país, hacemos un llamado a todos los bolivianos para mantener y defender el legado de nuestros antepasados y que dentro del proceso democrático que vivimos por más de dos décadas continuas, nos encontramos en la obligación moral de no aceptar imposiciones presentadas como bondades políticas ajenas a nuestra verdadera realidad. Los valores y las tradiciones de este pueblo, no pueden de manera alguna convivir con sistemas o modelos que nada tienen que ver con nuestra idiosincrasia. ´Honor y gloria a los soldados caídos en Ñancahuazú´.
*Jorge Moreira Rojas es general de Ejército y ex combatiente de Ñancahuazú.
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