Una de las principales premisas del actual Gobierno nacional es la de transformar las estructuras políticas y sociales del Estado, para permitir no solamente una mayor participación de sectores indígenas, sino construir un Estado pluricultural que refleje esta nueva estructura en los diferentes estamentos que lo componen.
En efecto, no se puede negar que desde la propia fundación de la República, amplios sectores de la población, y especialmente la indígena, no tuvieron las oportunidades que exige una democracia moderna y facilitadora de la participación, del diálogo y la negociación. De esta forma, basta visitar los grandes sectores rurales de Bolivia para ver las enormes distancias que todavía separan los niveles de vida rurales y suburbanos, de los enclaves adinerados en las principales capitales de Departamento.
Es así que en los últimos procesos electorales, y en las movilizaciones sociales desde hace varios años, el factor indígena constituye un elemento de primera importancia por la gran presencia de este sector en todas las actividades sociales, económicas y políticas del país, y por la marcada exigencia de transformación en la relación existente entre la sociedad y el Estado. La propia conformación de la Asamblea Constituyente tuvo en este factor indígena un elemento importante del debate político, para dotarla de una mayor representatividad ciudadana.
Sin embargo, el riesgo en todo este proceso es una cada vez mayor ideologización del factor indígena, sin darle una consistencia técnica y operativa a las distintas propuestas para una mayor incorporación de este sector en la vida política, económica y social. Es evidente que si todas las reivindicaciones de los sectores marginados no pasan por la debida concreción en políticas de Estado, vanos serán todos los esfuerzos discursivos que propugnen cualquier cambio profundo de la sociedad.
Lamentablemente, el debate político actual parece haberse estancado en consideraciones de orden ideológico y estrictamente político partidario, sin ofrecer propuestas estructurales para solucionar los graves problemas que sufre el país. Por todo ello, quizá sea el momento apropiado para comenzar a consensuar políticas de Estado y bajar el debate político de la lucha político partidaria, propia de las campañas electorales en momentos electorales, al debate de proyectos de país en la línea de la justicia social y el bien más común. Si bien es evidente que Bolivia adolece gravemente de mecanismos concretos de negociación y diálogo para la concreción de políticas de Estado, no se puede permitir el desgaste que suponen las estériles discusiones en un callejón que parece no tener salida.
*René Cardozo es sacerdote jesuita y diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
Nadan contra la corriente
En ciertos personajes del actual Gobierno, cobran recurrencia aprestos de mono culturalismo indigenista con énfasis especial en la cuestión lingüística.
Epígono de Jesús
Desde el 6 de enero de 1494, día en el cual se celebró la primera misa en América, la Iglesia católica se ha constituido en la institución más protagónica de la historia del nuevo mundo.