En Colombia, el poncho que todos usamos cuando hace frío es de lana virgen de oveja con la trama de una frazada gruesa. En el lenguaje cotidiano nuestra ‘ruana’ se confunde con el paño, tanto que cuando se usa a manera de capote en el toreo popular se le denomina con orgullo ´la pañosa´. En sus quinientos años de adaptación, nuestra ‘pañosa’ dio un significado perverso al verbo ‘apañar’. En www.sinonimos.org que acoge etimologías latinoamericanas, leemos uno de sus significados centrales: ´Tomar o retener bienes ajenos contra la voluntad del dueño´. Cuando ese dueño no se da cuenta, o peor aún, cuando no puede defenderse, el colombiano ‘apaña’ una gallina o una computadora portátil, haciéndola desaparecer bajo su ruana. Aun en la toma de una empresa por otra, es sinónimo de ‘rapacería desde la plataforma cultural del poncho’.
Cuando el extranjero examina la historia boliviana sin detallar el contexto de los eventos, percibe dos corrientes veladas de apropiación indebida y aceptada de bienes. Aquella que se realiza a partir el poder, más o menos abiertamente, la cual va desde la expoliación del valor agregado en productos agrícolas, como el caso de la antigua compra del café —en proceso de descomposición— para mantener al colono en la indigencia-dependencia, hasta la corrupción a todo nivel, en la que sólo algunos pueden demostrar el origen laboral, empresarial, financiero o agropecuario de su fortuna. Cada caso arrastra siempre consigo una explicación socialmente plausible que lo justifica.
La otra forma de apropiación indebida corresponde casi exactamente al ‘apañar’ de los colombianos. Como una reivindicación étnica, todo aquello que no esté protegido por el poder, la fuerza del dueño o el control social local, es susceptible de ser ‘apañado’. Las fuerzas del orden y la ley estuvieron casi siempre al servicio del poder que defendía sus propiedades del ‘apañamiento’ en desmedro de defender a un Estado de Derecho que las garantizara.
A 2.500 kilómetros de distancia, noticias como los sucesos de Huanuni o Copacabana o el nacimiento de una ‘Constituyente Originaria’ en un país pluricultural, de pronto generaron un ‘Eureka’. En términos macro, el país, débil en instituciones y en Derecho, está experimentando por primera vez en su historia el amalgamamiento socialista de las dos formas de apropiación de los bienes ajenos.
Un incendio o un alud son procesos que experimentan retroalimentación positiva, en los que cada acción dispara sin control una mayor, hasta que todo se consume. La sustancia del juicio a Goni constituye uno de los últimos eventos en que los dos esquemas de apropiación intentaron controlarse trágicamente el uno al otro. A la entrada del túnel lóbrego, son los obreros sindicalizados los que tratan ahora de preservar el Estado de Derecho.
Jorge Zapp es consultor internacional.
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