El periodista agradece la "brillante intervención del profesor Elberto Hernández" y despide el programa. Wilfred regresa a la sala de espera... El hombre está en la sala de espera de un gran canal de televisión. Se llama Wilfred Hernández. Acude atraído por un aviso cibernético en que solicitan un aprendiz de informática. Acaba de llegar del campo, donde aprendió asuntos básicos de computación en un curso a través de internet. Lo deslumbran la magnitud y la rapidez febril de la ciudad. Nada ver con el caserío natal de Wilfred, perezoso lugar aislado de noticias. Por eso sólo conoce del mundo lo que le enseñó el curso de internet. En la Red vio el aviso, y, merced al dinero que le prestaron unos amigos, viajó a la capital.
Hace una hora entregó sus datos a una atareada secretaria y espera a que lo llamen para la entrevista de trabajo. Súbitamente, aparece alguien y pregunta por el señor Hernández. Wilfred se incorpora y, antes de que se dé cuenta, lo meten en un salón de maquillaje, trata de preguntar, le piden que no hable mientras le aplican el antibrillo, se asoma un señor con audífonos, que dónde está Hernández, aquí está, lo bajan de la silla, le engarzan un pequeño micrófono al saco color aguamarina y de pronto queda ante una mesa con un periodista al lado. (El otro Hernández seguramente continúa en el baño). Hace amagos de pedir una explicación u ofrecerla, pero el coordinador grita ´¡Silencio!´ y, enseguida, ´¡Vamos al aire en directo!´ Las cámaras encienden las lucecitas y Wilfred ve, con pavor, que el periodista lo presenta como el profesor Elberto Hernández, experto extranjero en el Tratado de Libre Comercio.
Quiere huir: los músculos no le responden. Quiere aclarar: la dinámica de los acontecimientos lo arrolla.
-Profesor Hernández –pregunta el periodista-, ¿considera usted que la decisión del Gobierno de firmar el Tratado de Libre Comercio sin nuevas consultas a las partes afectadas constituye una sorpresa?
Las cámaras lo enfocan; el periodista lo mira; veinte personas están pendientes de él en la oscuridad del estudio; cientos de miles en sus hogares frente al televisor.
-Bueno –balbucea Wilfred, sin entender de qué diablos le están hablando— me sorprendió bastante, porque, la verdad, yo no lo esperaba.
-O sea que usted considera que hubo precipitación del Gobierno al suscribir el tratado.
-Exacto.
-¿Piensa, profesor, que el sector primario de la economía queda debidamente protegido en el acuerdo?
Wilfred está algo más tranquilo, y por primera vez tiene la sensación de que puede salir vivo del programa.
-Me parece que no.
-Muy interesante. Pero, ¿qué lo
conduce a este planteamiento? ¿Acaso la competencia asimétrica con los
productos estadounidenses subsidiados?
-Básicamente eso que usted dice, sí.
-Como pueden ver los televidentes, un especialista internacional tan prestigioso como el que nos acompaña suma su voz a las críticas por la asimetría del documento. Pasemos a temas concretos: ¿cree usted que están debidamente protegidos los alimentos de producción nacional?
Wilfred repasa los aguaceros de su tierra y la manera como inundan y arrasan las precarias cosechas de maíz y yuca.
-No. No creo que estén debidamente protegidos. Al contrario.
-Ésta es una opinión muy severa. ¿Significa ello que, mientras continúe la competencia de productos subsidiados con bienes domésticos, serán desiguales los términos de relación comercial?
-Sí, señor. Tal como usted lo dice.
-Prosigamos con su interesante análisis, doctor. La decisión final sobre el TLC corresponde ahora al Legislativo. ¿Qué recomendaría usted a los parlamentarios?
Wilfred pone cara seria y toma aire. Está ante la pregunta más difícil de la entrevista.
-Pues yo les diría que mucho ojo.
El periodista celebra la respuesta.
-Como ven, uno de los máximos especialistas continentales en comercio exterior recomienda, claramente, que el Congreso examine con prudencia y atención el TLC, pues adivina en él semillas de desigualdad que atentan contra nuestra economía. ¿Es así, doctor?
-Mmmhhh.
El periodista agradece la ´brillante intervención del profesor Elberto Hernández´ y despide el programa. Wilfred regresa a la sala de espera y pregunta por su entrevista. La secretaria, malgeniada, le dice que no la acose, que en esta empresa las cosas se hacen con calma y cuidado.
(Postre-drama inspirado en un episodio real acaecido en mayo del 2006 en Londres)
*Daniel Samper P. es periodista.
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