Mientras los candidatos a la presidencia de Brasil bajaron el lenguaje de confrontación, sus respectivos partidos se lanzaron ayer munición gruesa.
El oficialista Partido de los Trabajadores (PT), del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, y los opositores Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y del derechista Partido del Frente Liberal (PFL), que apoyan al socialdemócrata Geraldo Alckmin, se trenzaron en la jornada en acusaciones sobre el papel de la Policía y el Ministerio de Justicia en un escándalo de corrupción.
Los oficialistas replicaron de inmediato diciendo que tal iniciativa era un “intento de desestabilizar” tanto la democracia como la segunda vuelta que se realizará el 29 de octubre.
En tanto, Lula y Alckmin bajaron en la jornada sus mutuos ataques. Brasilia, AP