En la semana pasada se conmemoró un nuevo aniversario del descubrimiento del continente americano, hazaña realizada el 12 de octubre de 1492, por el Almirante don Cristóbal Colón.
El descubrimiento de nuestro continente ha sido el suceso que más ha transformado el mundo. El cambio de la Edad Media a la Moderna, se debe mucho más a dicho acontecer que a la toma de Constantinopla por los turcos.
Con la epopeya colombiana se lograron además, dos fundamentales hechos: primero, la confirmación de la esfericidad de la Tierra; y segundo,la apertura de una nueva ruta marítima, el océano Atlántico. Otro gran descubrimiento del Almirante fue la Raya, o sea, la línea del cambio de ruta de la aguja imantada. Durante la travesía de su primer viaje, observó que a cien leguas de las islas Azores, la brújula se desviaba del noreste al noroeste. La Raya es la línea cero de nuestros mapas magnéticos, la línea de nula inclinación magnética, o la que separa las zonas de declinaciones magnéticas de signos oriental y occidental.
Precisamente, en base a esa revelación, el Papa Alejandro VI emitió la ´Bula Inter Caetera´, el 28 de junio de 1493, donde determinaba la demarcación de las posesiones portuguesas y españolas en la Raya, o sea en una línea de polo a polo distante a cien leguas al occidente de las islas Azores.
Como se tiene conocimiento, el rey portugués, don Juan II, no aceptó la resolución del Papa y se tuvo que llegar a un tratado bilateral entre España y Portugal, el de Tordesillas, suscrito, el 7 de junio de 1494, que fijó la línea demarcatoria a 370 leguas de las Azores.
Lamentablemente, el descubrimiento de América, pese a haber sido un suceso de tan trascendental importancia para la historia de la humanidad, ahora cada vez menos se lo recuerda. Los propios americanos, a quienes atañe más directamente el asunto, han ido eliminando el feriado del ´Día de la Raza´, y han tratado de que el mismo pase casi desapercibido. Parecería que la gesta colombiana fuese considerada atentatoria de los verdaderos valores americanos. Al extremo que han proliferado las quejas contra España por haber conquistado violentamente el nuevo continente.
Pero la realidad es diferente. Pese a que se ha establecido que el 12 de octubre se convierta en el día nacional de España, los actuales españoles tienen poco que ver con tan extraordinario acaecer; porque sus antepasados se quedaron en Europa y tuvieron muy relativa relación con el nuevo mundo.
Los verdaderos herederos de las hazañas del Almirante y de sus sucesores somos nosotros, los americanos. Fueron nuestros padres, nuestros antepasados, quienes vinieron con Colón, Cortés, Pizarro y muchos otros. Fueron ellos los responsables de la obra española en América, tanto en su aspecto negativo como en el positivo. Lo negativo fue la violenta invasión y conquista del continente. Y lo positivo: la creación del nuevo hombre americano, fruto de la mezcla con las razas nativas; la generalización de la hermosa lengua castellana que sirve para vincular a casi todos los hombres que viven al sur del Río Grande; y, por último, la introducción del cristianismo, y con él, la obligación de solidarizarse con sus semejantes y respetar y dignificar a la mujer.
Sería lógico, en consecuencia, restablecer la gran fiesta de la raza, de la raza americana, lo cual serviría además para mantener en alto dos principios fundamentales: primero, la confraternidad americana, ya que no sólo los países hispanoamericanos sino también los de habla portuguesa, inglesa y francesa, son herederos del descubrimiento de América; y segundo, la hermandad cultural hispánica, base de unión permanente entre los Estados de habla castellana con la madre patria, España, cuna de nuestra cultura, tradición, idioma y religión.
*Ramiro Prudencio Lizón es diplomático e historiador.
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