Después de 22 rondas de votación el lunes y martes pasados, hasta el día de ayer no había atisbos de que se pudiera destrabar la elección entre Guatemala y Venezuela del miembro latinoamericano que ocupará por dos años un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Este empantanamiento de la votación está poniendo de manifiesto la profunda división que caracteriza a la región latinoamericana de un tiempo a esta parte, y que trae consigo una marginalidad política creciente de nuestros países en el concierto internacional, aunque muchas apariencias pretendan interpretar las cosas de otra manera.
Conviene repasar por tanto la circunstancia indicada con algún detalle. Está claro, en primer lugar, que Venezuela se encamina a una derrota costosa en términos de su prestigio internacional, luego de haber invertido una cifra sideral para comprometer el voto de los países de la OPEP y varios de Asia a su favor, además de los pocos latinoamericanos que logró sumar con anterioridad. Más grave aún es que un esfuerzo de tipo internacional donde no había intereses vitales en juego se ha visto empañado adicionalmente por la politización interna que ha provocado, hecho que acentúa la fractura que caracteriza en esta época a la sociedad venezolana. En mucho menor grado, otros países también han registrado divisiones internas en torno al tema.
También está claro que el resultado de la votación llevada a cabo hasta el momento de escribir estas líneas, ha demostrado que no existe un bloque disciplinado de los países no alineados, que recientemente realizaron su 14° Reunión Cumbre en La Habana. De los 118 miembros provenientes de Asia, África y América Latina, menos de dos tercios han votado hasta ahora a favor de Venezuela, lo cual es expresivo en sí mismo. Por otra parte, América Latina también ha hecho evidente su división interna, lo cual debilita ante la comunidad internacional la posición negociadora de la región en temas sustantivos.
No está demás recordar que para fines de la aritmética diplomática, América Latina y el Caribe cuentan con 34 países, de los cuales doce se ubican en América del Sur, ocho en América Central y nada menos que catorce en el Caribe. En consecuencia, la única manera de que la región puede avanzar en la defensa de sus intereses y en el acceso a los sitiales de conducción de los organismos multilaterales, consiste en que se actúe de manera concertada, respetando equilibradamente las aspiraciones de todos los países y, de manera particular, las de América Central y el Caribe, algo que suele descuidarse desde la óptica del Cono Sur.
En todo caso, el problema estriba ahora en que no está funcionando ninguno de los mecanismos donde tradicionalmente se llevaban a cabo las consultas de este tipo, lo cual también es ilustrativo por sí solo de los dilemas que enfrenta la región.
Además de la deplorable falta de unidad latinoamericana, hay que hacer referencia a dos factores que seguramente también están gravitando sobre los resultados de la votación en las Naciones Unidas. En primer lugar, es seguro que la retórica agresiva del presidente Chávez hace un par de semanas ante la Asamblea General trajo como consecuencia un cambio de posición de muchos países, que no acompañan por cierto este estilo de diplomacia confrontacional. En segundo lugar, las pruebas nucleares realizadas por Corea del Norte justamente en estos momentos, perjudicaron a la candidatura de Venezuela en vista de su conocida posición con respecto a esta delicada cuestión.
El resultado neto es que el empantanamiento está haciendo daño a las posiciones latinoamericanas sustantivas en otros foros y negociaciones internacionales, lo cual perjudica en mayor medida todavía a los países más pequeños. Las rivalidades adjetivas entre algunos mandatarios están generando además tensiones que ponen en riesgo los acuerdos fundamentales que se esperan de futuros encuentros presidenciales.
Por todo esto, nuestra Cancillería tendría que evaluar en profundidad las consecuencias que trae aparejada esta situación con respecto a las responsabilidades que ejerce el país en estos momentos en el ámbito regional, tomando en cuenta que a veces resulta más conveniente posponer un encuentro antes que dirigirse a un fracaso seguro.
*Horst Grebe L. es economista.
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