Antonio María Costa, director general de la Oficina de las Naciones Unidas Contra las Drogas y el Delito, dice que la política del cato no tiene aceptación.
La política antidroga del presidente Evo Morales no goza del visto bueno de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito. La campaña de despenalización de la coca a nivel internacional tiene pocas probabilidades de concluir con éxito y la política del cato de coca no tiene aceptación en la comunidad internacional. El director general de la ONUDD, el italiano Antonio María Costa, hizo revelaciones a La Razón.
¿Cómo evalúa usted la política antidroga de Bolivia? No hay un plan todavía como tal, no hay un documento del Gobierno, pero sí hay elementos importantes y significativos. Las declaraciones del presidente (Evo Morales) son la base de todo eso. En la reunión del Conaltid presentaron elementos importantes; la filosofía y la lógica que presentaron trata el problema de la hoja de coca. Bolivia está participando (en la lucha contra las drogas) con éxito más fuerte que en el pasado, pero no hay todavía la estrategia o el plan de acción. Queremos ayudar al país bajo una comprensión completa. Creo que en unos meses el Gobierno terminará el proceso.
¿Cuáles son esos elementos importantes? Hay elementos importantes claro. El elemento primordial es el de erradicación que el Presidente la define como voluntaria, compartida, hecha en total respeto del derecho de los dueños, eso me parece importante. Hay países donde la erradicación es forzosa y la destrucción de hecho sin consultas.
El segundo elemento interesante es la visión de la responsabilidad compartida, que hay responsabilidad de los productores sea la coca de Colombia, Perú y Bolivia hay responsabilidad compartida. Los países productores tienen que contener los cultivos y hay un gran problema de responsabilidad de los países consumidores. Yo siempre subrayo la importancia de reducir los dos elementos: es decir, la demanda y la oferta, una solución basada solamente en la reducción de la oferta no funcionará, si aún hay la demanda mundial de 900 toneladas de coca, y Bolivia se separa, otros países producirán, Perú o Colombia. Un tercer elemento, el Presidente fue muy fuerte; siempre hay tolerancia cero a la producción de cocaína, el tráfico de cocaína.
El Gobierno está empeñado en despenalizar la coca. ¿Es factible ello? Todo lo que la humanidad hace se puede deshacer, entonces la humanidad concordó a nivel plebiscitario la Convención de Sustancias Sicotrópicas de 1961, quería clarificar que hay una participación unánime de todos los países del mundo menos Corea del Norte en ese proceso. Entonces, es una de las convenciones más fuertes a nivel mundial. Claro, Bolivia participó en la negociación y no ratificó en 1969, sino mucho más tarde, en 1989. Los convenios internacionales son muy largos de negociar y son muy largos a cambiar. Se habla de años, muchos años, porque el procedimiento es bastante complicado con el papel que juegan instituciones distintas de las Naciones Unidas. Entonces vamos a ver todavía, hay declaraciones hechas ciertamente por el Presidente, pero aún no hemos visto la propuesta.
Pero es factible... Todo lo que la humanidad hace se puede rehacer, entonces es factible, pero hay un procedimiento que dura años. Si usted me está hablando de la probabilidad que esto sea, sólo las dos etapas finales conciernen a la votación de los países miembros de la comisión de estupefaciente y países miembros del Consejo Económico Social. Si usted me habla de probabilidad que los países miembros aceptan, yo expliqué claramente que la probabilidad es muy baja, es muy baja. El procedimiento va a tomar muchos años, con probabilidad bastante baja.
¿Cuántos años? Todo depende de la actitud, si hay interés podría ser bastante rápido, tres, cuatro o cinco años. Si no hay interés y en cada etapa encuentra bloqueos, eso va a tomar una eternidad, usted comprende. Hay bloqueo, hay muchos países que no están interesados y que tienen miedo.
¿Cuál es el temor? Que eso va a crear, no solamente en Bolivia, una libertad de cultivos de coca, que va a determinar un fuerte incremento de la producción de cultivos, del tráfico de cocaína... (consulta nuevamente a sus colaboradores), el daño a la humanidad.
¿Qué análisis hizo la ONU sobre el cato de coca? Si ustedes materialmente hacen la notificación del cato, hay una diferencia del cato de los Yungas y del Chapare; el cato de los Yungas, ellos lo definieron como 50 por 50 metros, entonces más que 1.600 metros cuadrados que el cato del Chapare que es de 40 por 40. Eso es una cosa que el presidente (Evo Morales) me dijo: voy a resolver.
Si usted hace la multiplicación, catos multiplicado por el número de afiliados, el monto total que se encuentra es más bajo que las doce mil hectáreas que está explicitado como aceptado por la Ley 1008, entonces todavía hay que cortar la mitad de los cultivos de coca.
Es necesario una evaluación de cuál es la demanda de hoja de coca a nivel lícito y entonces pasar de la demanda a la oferta interna de cultivos y verificar si la política del cato tiene un sentido y una relación a la demanda de la coca.
Esta política del cato ¿cómo es vista por la comunidad internacional? Como he dicho antes, la comunidad internacional no acepta formalmente, pero prácticamente ha aceptado las 12 mil hectáreas de los cultivos considerado tradicional en los Yungas. Si la política del cato es coherente con ese tipo de cultivo, con el tamaño de cultivo, yo creo que a nivel internacional no va a tener problemas.
Tiene que ser una demanda verificada de un producto legítimo que resulte de cultivos que se pueden monitorear; entonces, sin desvíos, sin alimentación ulterior de la producción de la cocaína... muy bien... señor.
“Los convenios internacionales son muy largos de negociar y de cambiar. Se habla de muchos años porque el procedimiento es bastante complicado. Si no hay interés y en cada etapa encuentra bloqueos, eso va a tomar una eternidad”.