Sea lo que ocurra en el futuro, es necesario que se imponga una conducta de fidelidad con la verdad; de lo contrario, persistirán las dudas y los enigmas. Es tiempo de que el LAB transparente su accionar, únicamente así podrá recuperar su imagen de seriedad.
La paulatina normalización de sus actividades hace suponer que el Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) se encuentra en un franco proceso de recuperación, después de la profunda crisis financiera y operativa a la que había llegado en meses recientes. Sin embargo, de momento, quedan aún por despejarse muchas incógnitas de lo que realmente está ocurriendo en esa empresa.
Desde antes de su capitalización, el LAB siempre estuvo rodeado de misterios. Aunque aparentaba regularidad en sus servicios, año tras año tenía pérdidas. Fue esa la causa para que se optara por buscarle un socio. Desgraciadamente, el remedio fue peor que la enfermedad. Cayó en manos de una empresa brasileña caracterizada por su inescrupulosidad y la forma dolosa de manejar los bienes de la línea aérea nacional.
Así, una vez más, bajo el signo del misterio, la empresa volvió a manos bolivianas. Pasó un tiempo y los desfases financieros recrudecieron. Fue en esas circunstancias que el sindicato de pilotos ingresó en huelga, por incumplimiento en el pago de salarios, de impuestos y la malversación de los aportes laborales a la jubilación. La crisis culminó con la fuga de Ernesto Asbún, quien fungía de dueño y principal ejecutivo de la empresa.
Cuando todo hacía pensar que el LAB agonizaba y que virtualmente no tenía ya perspectivas de sobrevivencia, ahora resulta que está renaciendo como el ave fénix, casi desde las cenizas. Esta vez tampoco se sabe cómo se está produciendo el milagro. Sólo se conoce que de por medio hubo un intento de estafa por parte de una apócrifa empresa inglesa.
En esta nueva etapa, se habla de la regularización de los vuelos y que para recuperar a la clientela habrá una rebaja temporal en los precios de los pasajes. Se menciona también que se sigue requiriendo de 25 a 30 millones de dólares para el despegue de la empresa. Al mismo tiempo, se dice que con recursos propios y el financiamiento de empresas inversionistas de afuera estará en condiciones de contar con repuestos y también de adquirir nuevos aviones. En efecto, el gerente comercial del LAB, Raúl Durán, declaró a La Razón que “antes del 20 de noviembre estaremos con una flota de nueve aviones y en ocho meses proyectamos cambiar, paulatinamente, todas las aeronaves 727 por las 737-300, similares al Paitití”.
Por su parte, el gerente general de la empresa, Franklin Taendler, dijo que las inversiones para reactivar el LAB aún no llegan y que para normalizar las operaciones se están utilizando básicamente recursos propios.
De lo anterior se desprende que, por un lado, hay optimismo y, de otro, que todavía no está asegurado el porvenir de la empresa. En vista de ello, sería conveniente conciliar en una sola línea la palabra de los ejecutivos del LAB, de manera de dar mayor certeza al público sobre lo que sucede a su interior.
Sea lo que ocurra en el futuro, es necesario que se imponga una conducta de fidelidad con la verdad; de lo contrario, persistirán las dudas y los enigmas. Es tiempo de que el LAB transparente su accionar, únicamente así podrá recuperar su imagen de seriedad y responsabilidad. Con mucha mayor razón si se asegura que esta empresa se constituye en un patrimonio simbólico de todos los bolivianos.