En Bolivia no se puede desdeñar ningún tipo de escenarios políticos, todos son posibles. La norma boliviana es que se trata de un país que siempre corre hacia el borde del abismo, pero a última hora no necesariamente da el último paso. No obstante hay momentos en que se precipitó al abismo y muchos analistas consideran que no debe despreciarse escenarios de enfrentamiento violento. Asimismo, varios analistas y la gente común esperaban enfrentamientos regionales, algunos con excesos verbales hablaban de posibilidades de guerra civil, pero en lugar de todo eso, lo que ha acontecido son los enfrentamientos de Estado contra cocaleros, de pobres contra pobres, como en el caso de cooperativistas mineros contra mineros asalariados en Huanuni, amagos de violencia entre campesinos y colonos recién llegados contra indígenas en Guarayos y entran a la lista muchos otros conflictos entre actores sociales entre sí, ante una mirada elusiva del Estado.
En esta coyuntura, que no es sólo la de septiembre y de octubre de 2006, sino que es más extensa por las tensiones estructurales que vive el país en el entorno de la Constituyente, por el avance a la descentralización política, por los complejos problemas de la nacionalización de los hidrocarburos, por la idea de reconstruir la Comibol nacionalizando la minería, además, por la definición de una nueva Ley INRA, hay condiciones para generar más confrontación y no hallar soluciones concertadas. Éste es el escenario dentro del cual ya está discurriendo la política.
Pero, paradójicamente, la ausencia de soluciones concertadas perjudica más al Gobierno que a la oposición, desgasta al Gobierno y permite el crecimiento de la débil oposición, generando problemas de gobernabilidad, pero ante todo debilita al Gobierno frente a una opinión pública que lo que menos quiere son conflictos y violencia. Sin embargo, el Gobierno parte de otra hipótesis, cree que éste es el momento de imponer todo su poder, entiende que tomó el gobierno, pero que le falta tomar el poder. Esta hipótesis tiende a abrir más surcos de violencia, pero por otro lado y esto es lo más grave, muchos conflictos se desatan porque el Gobierno no se siente Estado, no actúa como tal, y deja a que los actores solucionen sus problemas entre sí, y esto, en un clima confrontacional, invita a encontrar soluciones por la fuerza; cada actor —ante la prescindencia del Estado— entiende que ha llegado la hora de lograr soluciones por mano propia. La confusión conceptual Estado-movimientos sociales inhibe al Estado actuar como Estado y ese vacío estatal abre espacios peligrosos para el enfrentamiento violento.
Pero, la ausencia de pactos, de diálogo, de concertación para hallar soluciones, perjudica más a la población, eso quedó muy claro en el caso de Huanuni. Por tanto, es hora de eliminar los lenguajes confrontacionales y evitar todo tipo de violencia.
*Carlos Toranzo R. es economista y analista político.
Un nuevo estado
Se sigue enseñando a los niños que tres son los estados de la materia: sólido, líquido y gaseoso. La Ciencia antigua, que acuñó esa clasificación, caracterizaba cada uno de esos estados mediante propiedades espaciales específicas.
Desarrollo de Cobija
Pando, un departamento casi olvidado por las autoridades nacionales. Frente a esta situación, las autoridades departamentales, locales y los actores económicos del departamento de Pando realizaron la Feria "Expo Pando 2006" llevada a cabo entre el 11 y el 15 de octubre de 2006.
“Hambre de esperanzas”
Cuando los bolivianos más esperábamos que la venta de gas a Argentina iba por buen camino, que la exportación a Brasil iba a prosperar, y que la exportación a Chile y Paraguay se podía negociar favorablemente para beneficio de todos los bolivianos
¡Emigrantes!
Ya conocemos el largo circuito que han transitado los emigrantes bolivianos desde hace más de medio siglo. Primero, a Santa Cruz, a la zafra, para cortar caña y regresar a las tierras altas con algunos ahorros; después al norte argentino