Gente de todas las edades dedica parte de su tiempo libre a luchar en contra del maltrato de especies, tanto silvestres como domésticas.
Texto: Jorge Soruco Fotos: Miguel Carrasco / Archivo Animales SOS
Fue suerte lo que ayudó a detener una pelea de perros. Alertados por las denuncias de vecinos, un grupo formado por voluntarios de Animales SOS y efectivos policiales se dirigió a investigar un edificio que estaba en construcción donde habitualmente se escuchaban ladridos de perros heridos y gritos de jóvenes en estado de ebriedad.
El olor del alcohol barato sacudía los alientos de los muchachos. Durante la discusión, una de las voluntarias se sentó para descansar en el frío piso de concreto y alertó a Susana del Carpio, presidenta de Animales SOS, de un detalle vital: los pandilleros tenían abundantes restos de sangre fresca en sus zapatos.
Envalentonada, Susana ascendió por el edificio y entró sin pensar dos veces en una habitación amplia donde un perrazo descansaba en medio de un charco rojizo, fruto de una disputada pelea, mientras que sus ´oponentes´ se retorcían de dolor en el suelo, malheridos.
Eran tres Pit Bull con horribles heridas en los hocicos y los costados de su torso. Y lo peor era su silencio. ´Mientras los atendíamos no dijeron ni pío´, recuerda Susana.
Tras socorrerlos, emprendió una campaña en el Concejo Municipal, que acabó emitiendo una ordenanza que prohíbe las peleas de perros.
Éste ha sido uno de los mayores logros de esta organización que protege a los animales de la crueldad humana, y que en sus 11 años de vida ha sido testigo de lo mejor y lo peor de los seres humanos en Bolivia.
Crueldad extrema Ejemplos para respaldar la anterior afirmación no faltan. La veterinaria María René Celaya, sin ir más lejos, miembro de la organización desde 1998, fue testigo ese mismo año de uno de los casos más terribles atendidos por la organización.
´El primero de agosto recibimos llamadas de los vecinos de un barrio de las laderas paceñas informando de la presencia constante de cadáveres de animales en las cercanías. Cuando acudimos hasta allá, hallamos a un montón de animales encerrados en un cuarto de tres metros por cuatro´, cuenta.
El dueño de semejante lugar era Javier Vacaflor, un hombre con graves problemas mentales que se había apoderado de ese espacio hacía más de diez años, después de que su madre muriera de forma misteriosa.
´Cuatro días más tarde, volvimos con oficiales de la Policía de Acción Ciudadana y la Perrera Municipal. Las heces fecales estaban acumuladas. El hedor era insoportable, y encontramos a 15 perras escondidas debajo de un camastro lleno de trapos. Pero lo horripilante fue lo que descubrimos a continuación. Vacaflor había abusado sexualmente de las perras, mutilado sus cuerpos y las había quemado y golpeado, por lo que algunas presentaban daños irreparables en los aparatos reproductivos´.
´Lamentablemente, debido a la falta de leyes sobre la violencia contra los animales, no pudimos entablar una demanda, pero estamos vigilantes para que este señor no adquiera ya nuevas mascotas´.
Y María René, quien trabaja en la clínica y peluquería veterinaria Canito, a media cuadra de la plaza Eguino, sabe por desgracia que no se trata de hechos aislados, pues allí recibe cerca de diez casos de animales maltratados por día. Algunos son los que le envía Animales SOS, y los examina antes de derivarlos a un albergue en Achachicala.
Hogar para los sin hogar En las cercanías de la Escuela Industrial Pedro Domingo Murillo es donde se levanta el albergue, espacio que da cobijo temporalmente a las mascotas abandonadas por sus dueños y a animales callejeros o desahuciados antes de tiempo.
´En el caso de perros, gatos y conejos, los cuidamos y vemos la posibilidad de darles un nuevo hogar. En cambio, cuando nos llega una especie salvaje, la embarcamos con destino hacia otros lugares del país donde también tenemos voluntarios para reintroducirla a su hábitat natural´, sintetiza Isabel Choque, quien suele guiar a los visitantes a través de las instalaciones del hogar.
En este contexto, entre los alojados uno puede toparse habitualmente con monos de diferentes especies. Éstos, a veces, demuestran el rencor por su cautiverio de manera violenta. Otros son asustadizos por los maltratos que sufrían por parte de las personas que los cuidaban antes. En cualquiera de los casos, la organización actúa siempre amparada en la Ley del Medio Ambiente —que prohíbe la tenencia de animales salvajes—.
Vida silvestre Pese a la legislación, conseguir una mascota recién traída de las selvas o los parques nacionales no es ningún problema en La Paz y, menos aún, en El Alto. Y es que sobre todo son los comerciantes de la Feria 16 de Julio de la urbe alteña los que ofrecen loros, monos, tigrillos, gatos monteses, serpientes y, en ocasiones, hasta cachorros de jaguares.
Además, como han comprobado ya Susana del Carpio y sus voluntarios, los criminales están atentos ante la presencia de autoridades que podrían detenerlos. ´Estos tipos son astutos. No se quedan en un solo sitio, siempre están moviéndose —denuncia Susana—. En La Paz, los hemos detectado en la Uyustus, en la calle Sagárnaga y en San Miguel´.
Desde hace tiempo, asimismo, los pajpacos, que venden pomadas supuestamente milagrosas —elaboradas sobre la base de serpientes, lagartos y otros animales— se hacen traer del oriente sicuris, boas y especímenes por el estilo para preparar sus mejunjes, que venden en los alrededores de la plaza San Francisco.
Antes hasta exhibían serpientes vivas para atraer la atención del público. ´Pero el clima frío y la inanición acababan con ellas rápidamente, y los pajpacos las desollaban para poder seguir explotándolas tras su muerte´, explica María René Celaya.
Animales SOS logró al menos que dejaran de mostrar en público a las serpientes. Con todo, no se pudo frenar el tráfico. ´Yo sé de personas que tienen incluso serpentarios en la zona Sur y que arrancan los colmillos a los ejemplares venenosos para evitar posibles ataques”.
Otros especímenes comunes en los mercados, entre tanto, son los loros orientales grandes. Los más solicitados son los cenizos, cuyo plumaje verde oscuro muestra algunos reflejos grises, y los de cabeza amarilla y frente azul, ya que son los que más rápido aprenden a hablar.
Debido a la abundancia de gatos en el refugio de Achachicala, las aves incautadas son alojadas en la casa de Susana del Carpio. Y muchas de ellas son devueltas inmediatamente a su entorno natural.
Mucho más difícil, en contraste, es el trabajo con los tejones y jaguares, pues recuperarlos es complicado y peligroso. Por eso, quien encabeza los operativos es Susana.
Situaciones difíciles Los riesgos, sin lugar a dudas, están en cualquier esquina. ´Hace poco fuimos a la Garcilaso de la Vega porque que los vecinos denunciaron que una familia tenía un tejón como si fuera un perrito. Llegamos para decomisar al animal y me gritaron y golpearon sin que nadie hiciera nada´, ilustra Rhina Collao mientras lava a uno de los animales de la peluquería Canito.
Habían adquirido el tejón en la Feria 16 de Julio como mascota. El animal vivía atado, por lo que parte de su cuerpo lucía sin pelo. Y se hallaba también flaco y enfermo.
Paradójicamente, los que maltratan a los animales son los que oponen resistencia a la hora de aceptar las incautaciones.
Incluso niegan la evidencia: gatos con golpes en la cabeza, perros apaleados y cercenados con sus propias correas... ´escenas que son el pan nuestro de cada día´, comenta Rhina, quien ya ha visto de todo en sus cuatro años como voluntaria. ´Te impresiona mucho. Yo he tenido entre mis manos desde animales muertos a golpes hasta aves sádicamente desplumadas´.
Para Susana del Carpio, el círculo de violencia no terminará mientras no se aprueben leyes que protejan a los animales domésticos de los abusos cometidos por el hombre.
´Además —avisa— cuando el agresor es un niño, puede ser un indicador de inestabilidad dentro de su hogar, pues, según los psicólogos, algunos niños se desquitan por la impotencia con sus mascotas cuando ellos mismos son maltratados´.
´Con todo, lo único que podemos hacer es tratar de educar a la gente y seguir ayudando a los animales que vemos´, dice resignada Susana mientras se prepara para ir a socorrer sin mostrar atisbo de cansancio a un perro atropellado.
A su espalda, entre tanto, queda el albergue. Allá, perros y gatos, sobre todo, con comida, agua y la mejor atención que se les pueda dar, disfrutan de un sentimiento que quizás muchos no han vivido antes: el cariño sincero de un ser humano.
PIT BULL
Pocos animales son un reflejo de la crueldad de la que es capaz el ser humano como la raza canina American Pit Bull Terrier. Y es que estos perros suelen ser criados desde pequeños exclusivamente para el bárbaro entretenimiento que son las peleas de perros. Por eso, la posesión de estos animales está prohibida en varios países. Y, sin ir más lejos, el Gobierno Municipal de La Paz ha puesto en marcha varias campañas en contra de la propiedad de animales de esta raza. Estremeciéndose, entre tanto, Susana del Carpio explica que el Pit Bull no emite sonido cuando ataca o es atacado. “Puede estar agonizando o tener las fauces de otro perro alrededor de su cuerpo y no emitirá sonido alguno que no sea el rugido de furia”. El principal factor para que presenten esta conducta es la crianza, pues los mismos dueños suelen buscar que sus canes sean agresivos y los entrenan justamente para eso. Pero también hay los que con amor y los cuidados adecuados demuestran que esta raza puede llegar a ser fiel y cariñosa.
Algunos casos
Esta gatita fue víctima de la violencia de sus dueños. Debido a los golpes recibidos, el animal sufrió heridas de gravedad en su ojo izquierdo. Fue abandonada y la falta de cuidados veterinarios terminó por costarle uno de sus globos oculares. Fue rescatada por Animales SOS, tratada en veterinaria y adoptada luego por una familia caritativa.
El 6 de abril de 1999 se incautaron cinco perros en Ciudad Satélite a Lina Tarazona Valverde. Estos animales fueron obligados a vivir por mucho tiempo sin alimento alguno y el día del rescate algunos, como el de la foto, ya no podían sostener su cuerpo. Este can en concreto tuvo que estar en cuidados de terapia intensiva una semana.
Los loros son los animales silvestres que más se comercializan en la ciudad de La Paz. Apreciados por su colorido y por su locuacidad, son cazados en su entorno natural y trasladados a las grandes urbes. Pero pocos reciben el trato necesario para una buena vida. Algunos son tan maltratados, como el de la foto, que pierden el pico y el plumaje.
Este perro fue encontrado en una calle aledaña a la Facultad de Medicina y su cuerpo mostraba evidencias de algún tipo de cirugía. Tenía un corte con sutura en la parte del vientre y se retiró parte de su piel. En el momento del hallazgo aún vivía envuelto en unos plásticos, pero sufría una hipotermia y estaba en estado de coma. Murió camino a la veterinaria.