Es momento de realizar una reflexión como país y plantearse la siguiente interrogante: ¿Se quiere encontrar las llaves al desarrollo o se prefiere mantener los candados? Siempre ha existido la interrogante de por qué teniendo la cantidad y diversidad de riquezas naturales que el país tiene, Bolivia es el país más pobre de Sud América y por qué cada vez se aleja más de sus vecinos. Durante las primeras décadas del siglo pasado, el PIB de Bolivia era similar al chileno y al peruano. Hoy día no representa sino aproximadamente el 10% de ambas economías.
La respuesta no está en las riquezas naturales, sino en el marco legal y las acciones que los diferentes gobiernos y la sociedad civil han ido tomando. En lugar de crear un ambiente favorable y un marco legal adecuado para el crecimiento económico durante los últimos 70 años se han ido poniendo diferentes candados al desarrollo: legales, de hecho y mentales.
Medidas como la reforma agraria de los años 50, que evidentemente ha enmendado injusticias como el pongueaje y ha entregado tierras en propiedad a los indígenas, y que debió haber tenido un efecto positivo en el desarrollo económico, en el largo plazo se ha constituido en un candado para lograr mejores niveles de vida para la población beneficiada, pues el resultado principal ha sido el minifundio y la pobreza generalizada, producto de una medida política que no estuvo acompañada de un plan de desarrollo agropecuario.
Otro candado al desarrollo es no darse cuenta de la importancia de la inversión productiva, la única vía para la creación de empleo permanente, reflejada en las nacionalizaciones de empresas mineras y de hidrocarburos y la constante arremetida contra las empresas multinacionales por parte de diferentes gobiernos. Ya se han visto las consecuencias en diferentes ocasiones: pérdida de inversiones, de mercados, caída de producción.
La dificultad de hacer negocios y crear empresa en Bolivia confirma la noción de país tranca, que impide el desarrollo. No sólo los trámites para establecer una empresa o una actividad legal en Bolivia son engorrosos y muchas veces innecesarios, sino que los empresarios, motores del desarrollo de un país, no son valorados, pues está muy arraigado en la mentalidad nacional, el recelo por el éxito ajeno.
Las constantes movilizaciones, bloqueos y huelgas, que forman parte de la vida diaria y que son consideradas como una expresión democrática en Bolivia, son candados de hecho, pues atentan contra los derechos de los demás y son un bloqueo más que contra el Gobierno de turno, contra el país. Muestran un clima adverso al trabajo y la producción y a las libertades ciudadanas.
Los preceptos básicos para un Estado de Derecho, como la seguridad jurídica, el debido proceso, la libertad económica y la libertad de tránsito, son limitados y crean un permanente estado de incertidumbre, otro candado, en el que los ciudadanos y los actores económicos deben desenvolverse. La falta de reglas claras y de largo plazo, e insistir en la idea errónea de que un Estado grande que participa en las cadenas productivas es más eficiente en la asignación y administración de recursos, no han hecho más que sofocar al país.
La injusticia social es también un freno permanente al desarrollo, al no haber sido el país capaz de proporcionar igualdad de oportunidades a todos sus ciudadanos. La inestabilidad política, social y económica, la falta de continuidad de las políticas públicas y de respeto a la institucionalidad y las leyes, la corrupción y el contrabando complementan este escenario.
El principal candado al desarrollo son las actitudes mentales arraigadas en Bolivia. No se ha asumido nunca que, como en el caso de las personas individuales en que cada uno es artífice de su propio destino, cada país es arquitecto de su futuro. En Bolivia la culpa de la pobreza y el subdesarrollo siempre se la atribuye a otros. A principios del siglo pasado fue la oligarquía feudal y minera, el imperialismo americano o europeo, hoy es la oligarquía cruceña y las petroleras y el imperialismo brasileño y por supuesto en todas las épocas los chilenos. ¿En el futuro será la oligarquía aymara, de la Huyustus o la Ramada? ¿O la de los cooperativistas mineros? Mientras no se asuma en Bolivia la responsabilidad por nuestro propio destino y se siga echando la culpa a los demás, será muy difícil el crecimiento económico del país y dar avances sostenidos en la lucha contra la pobreza.
Parte de este candado mental es el concepto que se tiene en Bolivia que en todo negocio o actividad económica, si uno gana es porque el otro pierde y no se cree en el concepto sano de que en todo buen negocio las dos partes deben y pueden ganar. Esto ha sido trasladado a políticas de Estado como la reciente nacionalización, bajo la premisa que con las anteriores reglas las petroleras eran las más beneficiadas en desmedro del Estado. Este tipo de actitud sólo conduce a negociaciones confrontativas en las que el país es el único perdedor. Es momento de realizar una profunda reflexión como país y plantearse la siguiente interrogante: ¿Se quiere encontrar las llaves al desarrollo o se prefiere mantener los candados?
*Jorge Gottret es economista.
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