Todo el mundo sabe que América Latina está dando vuelcos alrededor de la izquierda totalitaria, la derecha retrógrada y los “centros”, unos más dextrógiros otros más levógiros. Sobre una burbuja izquierdista encabezada por Cuba, socialista extrema “hasta la victoria final”, seguida por la populista-militar de Venezuela y Bolivia, caudillista-indigenista, se ha venido tratando de ampliar este bloque a toda Latinoamérica. Queda por saber si el exguerrillero nicaragüense Rafael Ortega volverá a la Presidencia en las próximas elecciones y engrosará la corriente izquierdista. En un momento dado pareció que esta ola iba a dominar Latinoamérica
Sin embargo, algo cambió la orientación de los vientos. En efecto, en las elecciones últimas de varios países de la región se registró un giro más centrista. Empecemos por Colombia en donde el conservador Álvaro Uribe fue reelegido. En Chile, la socialista Michelle Bachelet es el ejemplo más convincente del centro-izquierda moderado. En Perú, el social-demócrata Alan García se impuso al indigenista Ollanta Humala. En México, Felipe Calderón se la ganó al izquierdista López Obrador. En Ecuador, el empresario Álvaro Novoa venció al populista Rafael Correa. En Brasil, hoy sabremos si el ponderado “trabalhista” Inácio Lula da Silva logra la reelección —como es probable según las últimas encuestas— frente al derechista Geraldo Alckim.
Sobre este panorama policromadamente dual, de repente y sin grandes anuncios, salta a escena el Primer Encuentro de Pueblos y Estados por la liberación de la Patria Grande, programado para los días 27 al 29 de este mes en Sucre, bajo el subtítulo de Solidaridad Mundial con la Revolución Boliviana. El objetivo principal de esta cumbre es la creación del Bloque Regional de Poder Popular (BRPP) y su proyecto histórico. ¿Un partido o movimiento transnacional contrapuesto a la globalización calificada de imperialista o un respaldarazo a Evo Morales?
Entre los objetivos del programa hay que destacar el logro del socialismo del siglo XXI, la soberanía de la Patria Grande y —oigan esto — la defensa militar. El socialismo del siglo XXI tratan de inventarlo desde hace años los teóricos de este tipo de movimientos. Pero no todos los días nacen nuevos Engels o nuevos Marx. La soberanía de la Paria Grande es un eufemismo para no repetir lo del imperialismo norteamericano. Y la defensa militar me suena más a tambor de hojalata que a una estrategia bélica continental, por cierto, inútil, y en la que Latinoamérica jamás se destacó, ni la retórica Patria Grande la necesita para progresar en democracia.
Aunque no le doy gran importancia a esa cumbrecita de Sucre ya tenemos otro amago la bipolaridad forzada en Suramérica. Ojalá que, al menos, que sea pacífica, democrática y cooperadora. Aunque me temo que lleve dentro algunos gérmenes de autoritarismo antidemocrático y de inútil confrontación.
Nota pintoresca. La convocatoria a esa cumbre señala: Bebidas oficiales: Mate de Coca, Yerba Mate, Café y Agua. Ninguno de esos bebestibles son ni colonialistas ni neoliberales. ¿Qué hay de las bebidas extraoficiales autóctonas como la chicha, el pisco, el singani o el pulque?
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
La fábula del estaño y el sésamo
De todas las historias que me contaron en la China hay una que me obsesiona y que la he referido más de una vez. Es la existencia de una ciudad que se llama, literalmente, “sin estaño”, U-Shi.
El padre de todos los niños
La historia de Juancito Pinto es patética, en el siglo XIX, cuando tuvo lugar, fue objeto de exaltación patriótica, pero convengamos, que un niño muera en un campo de batalla, combatiendo,
¿Marlene o Juancito?
Me siento particularmente feliz con el decreto gubernamental Juancito Pinto. Ésta es una política social innovadora y que puede tener un gran pacto en el combate contra la pobreza.
Ceder o romper
Mi padre, que era un gran negociador, siempre decía que, para negociar, uno tiene que estar dispuesto a ceder o a romper.