Me siento particularmente feliz con el decreto gubernamental Juancito Pinto. Ésta es una política social innovadora y que puede tener un gran pacto en el combate contra la pobreza. Desde esta columna, hace varios años que abogamos por la implementación de una política pública como ésta. Así que, en hora buena y esperemos que su ejecución sea exitosa. Este tipo de medida tiene antecedentes en la bolsa escola de Brasil, el programa solidaridad en México o el bono esperanza de El Alto. Así que veamos su real alcance y los problemas que podría enfrentar
El Gobierno central pagará una transferencia anual de 200 a las familias a cambio de que las hijas(os) sean enviadas a la escuela pública. Aquí una primera aclaración basada en la experiencia de otros países. Las transferencias deben ser realizadas a las madres. Ésta es una forma de valorizar el trabajo de cuidado de los niños en el hogar, aumentar la autoestima de las mujeres y además, existen muchos estudios que muestran que cuando estos recursos se los entrega a las madres, ellas gastan de la mejor manera esta plata que los padres, especialmente en mejora de la alimentación de las hijas(os). Así mismo, el programa debería aplicarse sólo a hijos(as) nacidos y que cursan el ciclo primario. De esta manera se desincentiva el aumento de la fertilidad.
Esta medida simple tiene implicaciones muy importantes tanto en el ámbito social como económico. El impacto inmediato es que se mejora el ingreso de las familias más pobres, lo que implica mejores condiciones de alimentación y salud. Además las becas familia son un programa de empleo social para las mujeres quienes se convierten en guardianas de la educación de sus hijos. Es una forma de pagar la segunda jornada laboral de las amas de casa. Visto de otra manera, es pagar el costo alternativo de que los niños(as) salgan a trabajar para completar el ingreso familiar
El gasto de estos ingresos, también, tiene un impacto inmediato sobre el comercio local, y la producción de las micro y pequeñas empresas. Es una forma de aumentar el circulante cuyo efecto multiplicador se expande sobre toda la economía reactivándola. Dado que la demanda de los más pobres se concentra en bienes simples y de consumo masivo, esto genera un crecimiento desde la base y se sustenta en sectores microempresarios que son los más grandes empleadores del país. Ésta es una política keynesiania pro pobre.
Realizando esta transferencia estamos moviendo la economía y actuando en el corto plazo, pero también estamos haciendo política social e invirtiendo en el largo plazo. Cada año que asistan a la escuela nuestras niñas(os) tiene un tremendo impacto sobre el capital humano del país y la productividad en el futuro. La política económica y el combate a la pobreza se dan la mano y hacen un uso más eficiente de los escasos recursos de la economía. En este contexto y siendo más riguroso, el bono Juancito Pinto es tanto para la familia y como para la niña(o). El efecto para los chicos es sobre el capital humano e ingresos futuros.
El decreto del Gobierno también abre la posibilidad de reemplazar las transferencias monetarias por entregas en especie. Éste es un viejo debate en las políticas sociales.
Un argumento a favor de la transferencia en especies es que así se llegaría a los beneficiarios. Por ejemplo, la entrega de mochilas, zapatos y otros materiales escolares beneficiaría directamente a los jóvenes y además crearía empleos en las pequeñas y medianas empresas nacionales.
Entre las dificultades que se presentan en programas de transferencias en especie (leche en polvo, desayunos, mochilas, ropa), conectadas al apoyo a industriales locales podemos mencionar las siguientes: a) Se pueden generar mercados negros, los beneficiarios revenden los productos para conseguir ingresos. La leche en polvo del subsidio de lactancia es un ejemplo de esto. b) En general son programas muy costosos desde la óptica administrativa. Son intensivos en burócratas, en contratos, proveedores, jefes de adquisición y cabildeo de grupos de interés. Estas cadenas de gestión están llenas de oportunidades para apropiarse de rentas, vulgo corrupción. c) Tienen un fuerte contenido paternalista, ¿quién y con qué criterios decide los productos o servicios que necesitan las niñas(os), que son los beneficiarios de estos programas? Me inclino por las transferencias monetarias, nadie como la madre para saber lo que sus hijas(os) necesitan.
El otro dilema es focalización versus universalización de la transferencia. El Gobierno optó por un beneficio para todos los estudiantes. Ciertamente en este grupo se beneficiarán muchas niñas(os) que no necesitan de este apoyo. Focalizar el bono en los más pobres y el área rural hubiera sido tal vez más efectivo en la lucha contra la pobreza, además los beneficios monetarios per cápita hubieran sido mayores. Esto se debe pensar hacia el futuro.
No dudo del valor histórico de Juancito Pinto, que en la batalla del Alto de la Alianza, dejó su tambor por el fusil. Él ya fue reconocido en diferentes oportunidades. Ahora creo que se perdió una gran oportunidad de homenajear a Marlene Nancy Rojas, la niña de Warisata que murió asesinada, a sus ocho años, en las jornadas del año 2003. ¿Por qué me inclino por Marlene? Porque la pobreza, en Bolivia, tiene rostro de mujer y especialmente niña e indígena, además son ellas las que primero abandonan la escuela. Así que el bono contra la deserción escolar se debería haber concentrado en ellas. Pero más allá de estos detalles técnicos y simbólicos que se pueden corregir, lo importante es que se inició un proceso de política social muy prometedor, que si se lo implementa de manera eficiente y transparente puede ayudar a revertir la situación de exclusión social en que viven muchas bolivianas(os). Éste es un buen ejemplo de cómo dejar las consignas por las acciones de políticas públicas.
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