Si un Presidente saca de la pobreza extrema al 19 por ciento de la población en uno de los países con los mayores niveles de inequidad en el mundo, su victoria está asegurada. La pobreza es de las peores humillaciones al hombre y un mal de siempre.
Ignacio Lula da Silva, del PT, ganó el balotaje con el 60,83 por ciento de los sufragios contra el socialdemócrata Geraldo Alckmin que logró el 39,17 por ciento.
Lula fue el candidato que más votos obtuvo en la historia política de Brasil y gobernará los próximos 4 años el país más grande y poblado de Latinoamérica. Consolidó su liderazgo —a pesar de las acusaciones de corrupción— porque hizo un buen gobierno y por su gran carisma y habilidad de llegar a las mayorías marginadas ya que proviene del mismo pueblo. Obtuvo principalmente el voto de los sectores pobres y populares. Aquéllos votaron por la continuidad principalmente por sus exitosos programas sociales en su lucha contra la pobreza.
Aunque los votos obtenidos por Alckmin fueron menos, comparados a los de la primera vuelta, no son nada despreciables considerando su poca experiencia, a pesar de que fue gobernador de Sao Paulo. Se muestra como un potencial líder. Su campaña estuvo basada en acusaciones de corrupción del PT al extremo que Lula comentó que era una “samba de una sola nota“. Los del PT aseguraron que Alckmin privatizaría las empresas estatales y que estaba polarizando la elección, prueba clara es que éste ganó en el sur rico y Lula en el norte pobre.
Si bien la economía durante su mandato tuvo un crecimiento de apenas 2,6% —porque las tasas de interés eran muy altas, 14%, así como los impuestos lo cual limitó la inversión— logró estabilidad económica con la ayuda de un escenario económico internacional favorable. La inflación se redujo al 3,8%; el real se fortaleció en un 39% frente al dólar y la inversión extranjera fue de 21.000 millones de dólares. En lo social, creó 3,8 millones de empleos, elevó el salario mínino, que redujo la brecha entre ricos y pobres, y levantó el nivel de vida a los sin voz.
Lo más importante, sin embargo, fueron sus programas sociales como la Bolsa de Familia en que se favorecieron 8,7 millones de familias. Otro hecho vital fue que descabezó a hombres claves del PT involucrados en casos de corrupción.
Habrá que ver cómo será su próximo mandato. Lula dijo que quiere que Brasil deje de ser una nación “emergente” y pasar a ser un país del primer mundo. Su gran reto será aumentar el crecimiento al 5%, como se ha propuesto. Para aquello deberá imponer una mayor disciplina fiscal, racionalizar el gasto público, una mejor distribución de la renta, atraer inversiones, modernizar el Estado y aumentar el comercio en el mundo globalizado.
También deberá negociar con distintos sectores políticos para conformar la mayoría parlamentaria para la mejor gobernabilidad. Por ahora se dice que pactaría con el PMDB. Lula también deberá continuar e implementar nuevos programas sociales, que tantos frutos ha dado. Por ahora ha echado bases sólidas para su próxima gestión.
*Verónica Ormachea G. es periodista.
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