La invitación a un diálogo con todas las fuerzas políticas brasileñas en torno a una agenda común, formulada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva tras su reelección, dividió ayer a la oposición.
La posibilidad de dialogar con el Jefe de Estado no sólo provocó divergencias en los partidos que apoyaban al candidato derrotado por Lula en las urnas el domingo, Geraldo Alckmin, sino que generó discrepancias en el seno de una de esas formaciones.
Mientras que el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) ha dado señales de estar dispuesto a negociar con el Gobierno proyectos de interés del país, la dirección del conservador Partido del Frente Liberal (PFL) ya rechazó la invitación.
La posición de la dirección, sin embargo, no tuvo eco entre todos los miembros del PFL.
"En Brasilia existen pocos semáforos y (los líderes del PFL) tienen miedo de atravesar la calle, pero soy capaz de atravesarla para ir a dialogar", afirmó el gobernador de Sao Paulo, Claudio Lembo, dirigente del PFL.
Lembo hizo referencia a la declaración del presidente del PFL, el senador Jorge Bornhausen, de que "no atravesaría la calle" que separa al palacio presidencial de Planalto, sede del Congreso, para ir a dialogar con Lula, y que pretende convertir el Legislativo en una "trinchera". Brasilia, EFE