La suscripción de los nuevos contratos con todas las empresas petroleras dentro de las condiciones y los plazos legales y del convenio inmediatamente anterior con la Argentina para el suministro de 27 millones de metros cúbicos diarios por un plazo de 20 años, constituyen logros inobjetables para el país. Si las cosas son en efecto como parecen, el gobierno de Evo Morales ha obtenido un éxito de dimensiones mayores, que no era anticipado en tales términos por una buena parte de la clase política ni de los formadores de opinión independiente.
El conjunto de estos acuerdos configura sin duda una nueva situación del sector de hidrocarburos dentro de la economía nacional y posiciona al país en una condición cualitativamente diferente en la geopolítica de la energía de América del Sur, donde operan empresas grandes, empresas estatales como Petrobras de Brasil y PDVSA de Venezuela o privadas como la española Repsol y algunas otras de las más grandes del mundo. La capacidad negociadora demostrada en esta primera etapa tendrá por tanto que proyectarse al futuro de una manera sistemática pari passu con el potenciamiento de YPFB para que participe en ligas de esta envergadura.
Todo recorrido empieza por el primer paso, y el que acaba de darse marca ciertamente un nuevo rumbo para el país en su conjunto, que trae aparejadas repercusiones de largo alcance puesto que proporciona un excepcional horizonte de certidumbre a largo plazo sobre los ingresos fiscales en sus diferentes niveles de coparticipación. Esto mejorará seguramente la calificación del riesgo-país y podría modificar asimismo las percepciones negativas que generaba el país a últimas fechas en el exterior.
No importa si fue casualidad o premeditación, pero lo cierto es que el momento de anunciar el acuerdo con las petroleras con Petrobras incluida, calzó a cabalidad con el calendario electoral del Brasil. La reelección del presidente Lula se añade por consiguiente como otro de los factores positivos en la proyección de nuestro país hacia su nuevo rol sudamericano, que ahora tendrá que ser cimentado y fortalecido en una labor que apenas comienza.
En tal contexto, una primera ocasión para corroborar que el Gobierno ha decidido adoptar una nueva estrategia de relacionamiento externo, caracterizada por la negociación con visión de largo alcance antes que por la confrontación retórica estéril, está representada por la Cumbre Iberoamericana que se inicia hoy en el Uruguay, y donde el presidente Morales tiene la oportunidad de ratificar el espíritu de compromisos recíprocos y acuerdos en beneficio mutuo que parece constituir la filosofía subyacente a los nuevos contratos sobre hidrocarburos.
Por otra parte, también es la ocasión para anticipar claramente la posición articuladora del país en el espacio sudamericano, lo que tendría que ser consolidado luego en términos muy concretos en la próxima Cumbre de Cochabamba. Lamentable sería, en cambio, que se decida seguir el ejemplo de Venezuela, mediante una mudanza innecesaria de la Comunidad Andina al Mercosur, cuando existe ahora la posibilidad efectiva de plantearse la tarea de propiciar la convergencia paulatina de ambos mecanismos bajo el amparo de los acuerdos políticos sudamericanos.
*Horst Grebe L, es economista.
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