Fueron intervenidos los púlpitos, la sillería y las barandas. Gracias al trabajo, el espacio luce como hace años.
Texto: Romy Durán Fotos: Tony Suárez
Poco a poco, con horas de dedicación y con mucha paciencia, el mobiliario del Salón Independencia de la Casa de la Libertad de Sucre comenzó hace unos meses a lucir su color original, aquel que revistió con elegancia la madera de cedro labrada durante otros tiempos, los de la época colonial.
Y es que los maestros restauradores descubrieron hace más de un año que el lujoso mobiliario de la construcción, de estilo barroco mestizo y neoclásico, estaba cubierto por más de cinco capas de pintura de diferentes colores, entre ellos el amarillo, el verde, el marrón, el blanco, el beige y el verde claro.
Hoy, sin embargo, gracias al trabajo de los expertos, las cosas han cambiado. Así, en el solio —trono— y en el sillón arzobispales, en la sillería —conjunto de asientos que se encuentran unidos unos con otros—, en las barandas y en los púlpitos del Salón Independencia, los trabajos de restauración han dejado a la luz los antiguos revestimientos con “pan de oro”, cobertura que utilizaba láminas de oro de alta ley. ´Éstas estaban destinadas a dorar los objetos con el metal puro, que no se corrompía con nada, como la fe´, señalaba el restaurador Daniel Jiménez durante las tareas que se acometieron en esta mítica construcción.
Tres épocas distintas
Razón no le faltaba al advertir esto. Al parecer, ni las termitas ni los efectos propios de la temperatura ambiente lograron borrar con el paso del tiempo el arte labrado y pintado en estos muebles, silenciosos espectadores de trascendentales hechos que marcaron sensiblemente el devenir de los hispanoamericanos.
Su importancia se comprende cuando uno acude a los libros de historia, porque el espacio del ahora denominado Salón Independencia fue distinto en cada época.
En la primera, y más antigua, era una capilla doméstica de la Compañía de Jesús, para convertirse después en la flamante Aula Magna de la Universidad San Francisco Xavier, donde los estudiantes de Charcas se sometían a la defensa de sus tesis para recibir el título de doctores en filosofía, teología y leyes.
Pero, sin duda, la más importante fue la tercera época, tras la guerra por la independencia que se vivió en el siglo XIX. Y es que, en ese momento, las paredes del salón cobijaron la fundación de la República de Bolivia. Fue el 6 de agosto de 1825, y desde esa fecha hasta 1898 —año en el que la sede de gobierno fue trasladada a la ciudad de La Paz— sesionaron allí los distintos Congresos Constitucionales.
De ahí que uno de los objetivos de la restauración fue darle a cada mueble la originalidad de su presentación. Una vez logrado esto, se aplicaron barnices protectores para que se mostraran tal y como eran. Además, un tratamiento de desinfección los protegió de las termitas, que dañan las maderas.
Auténticas cirugías
Todo este trabajo no fue fácil, pero estuvo respaldado por una inversión cercana a 120.000 bolivianos de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, entidad que administra la Casa de la Libertad.
El proceso de restauración, entre tanto, implicó el uso de algodones, bisturís y solventes especiales. De esta manera, el espacio donde trabajaban los maestros se asemejaba a una sala de cirugías donde intervenir frágiles antigüedades.
En la tarea, primero participó un equipo dirigido por Roberto Quino. Y después se encargó otro grupo compuesto de los restauradores de la Casa de la Moneda de Potosí: Daniel Jiménez, Roger Churata y Luis Cruz. Aunque también recibieron apoyo de los técnicos egresados de la Escuela Taller de Sucre. Y cada uno, día a día, se internó con pinzas en cada ranura de los tallados en madera cedro.
En esta labor, el solio arzobispal, su sillón, dos sillones más, dos púlpitos, un barandal y la sillería del denominado ´coro bajo´ —con 45 asientos—, que se ubica en el ingreso del recinto, fueron los que recibieron una atención pormenorizada. Y gracias a esto se hicieron algunos descubrimientos de importancia.
Por ejemplo, en el solio —ubicado encima del sillón que encabeza la testera del Salón Independencia y que en la época jesuítica estaba ocupado por un arzobispo católico— los restauradores descubrieron pan de plata y un esmalte transparente, materiales que pertenecen a la técnica del achinado.
El achinado, como su propio nombre indica, viene de la China. “De la China de Marco Polo, que fue quien lo llevó a Italia. De ahí pasó ya luego a España y a América en la época colonial; también se llama \'corleado\'”, explicaba el restaurador Roger Churata en Sucre mientras quitaba con delicadeza el óleo café que cubría la madera.
En el solio arzobispal está tallada la figura del Papa con rayos a su alrededor y un resplandor que corona la parte principal. Y en ese punto fue que Churata se deshizo de la pintura que cubría el pan de plata, sobresaliendo ahora un fondo de color azul. Para llegar a tan singular avance, los expertos usaron unos solventes especiales, que no agreden a la coloración original.
Los resultados saltan a la vista. Así, se aprecian ya detalles que antes pasaban inadvertidos. ´Varios de ellos se hallan en el sillón principal, en cuyas patas delanteras se ven ahora dos arpías —figuras femeninas que representan las tentaciones terrenales—. En su rostro se advierten, además, el rubor de las mejillas, parte del iris de sus ojos y sus alas con escamas´, comentaba el maestro Daniel Jiménez mientras daba los últimos retoques a su trabajo. ´Su presencia, justo debajo de donde se sentaba el Arzobispo, expresa el triunfo de la fe católica sobre los pecados´.
Cerca de ellas, también se puso al descubierto otro interesante simbolismo propio del barroco mestizo. Se trata de una representación del paraíso con granadas labradas y pintadas con pan de oro. Según Jiménez, con este tipo de fruto se alude a la comunidad cristiana unida.
Por otro lado, en los púlpitos, donde los estudiantes de Charcas defendían sus escritos, el hallazgo fue que, siguiendo la tónica general, muchos estaban cubiertos con pan de oro. Pero éste pasó totalmente inadvertido durante varios años por las sucesivas capas de pintura —de color verde muchas— que conformaron el posterior revestimiento.
Hoy, en contraste, luce casi todo ya a la vista, como un regalo a la ciudad de la Asamblea Constituyente.
Historia
La Casa de la Libertad es un antiguo edificio universitario de los jesuitas en el que se graduaron como doctores de Charcas los principales protagonistas de las revoluciones de 1809, el 25 de mayo en Chuquisaca, el 16 de julio en La Paz, y el 10 de agosto en Quito, así como la del 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires, y porque en su recinto se proclamó la independencia del Alto Perú el 6 de agosto de 1825. La construcción tiene un amplio claustro rodeado de galerías y un gran portón de cedro nativo tachonado con clavos de bronce.
Misión
La Casa de la Libertad, declarada Primer Monumento Nacional del país por Decreto Supremo, es parte de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia y tiene la misión de conservar y proteger las reliquias históricas de Bolivia y difundir en todo el ámbito nacional el desarrollo de la vida política y social de la nación, desde la época virreinal hasta la republicana actual. La inversión para la restauración, que trató de recuperar los muebles originales, alcanzó la nada despreciable cifra de 120 mil bolivianos.