Salvo porque estoy haciendo uso de una computadora ajena dado que la mía sufrió las consecuencias del apagón más prolongado de los últimos tiempos, todo parece transcurrir en calma chicha y, por el momento, a nadie se le ha ocurrido alertar que sea precisamente la que precede a la tormenta.
El momento me remite a un tiempo análogamente calmado, allá por los años 92-93: el país venía en crecimiento sostenido, el sistema de partidos había consensuado una agenda de reformas, la selección nacional avanzaba a paso firme hacia su clasificación al Mundial 94, el presidente de entonces, Jaime Paz Zamora, para incredulidad de sus detractores, gozaba de una popularidad mucho mayor que aquella que tenía al inicio de su mandato y su gestión, en líneas generales, superaba ampliamente las expectativas incluso de sus seguidores. Podríamos seguir mencionando similitudes, pero con las mencionadas es suficiente.
La memoria sirve para eso, y nuestros actuales mandatarios parecen tener una muy selectiva, una de larguísimo plazo, que se remonta a edades remotas con una muy dudosa interpretación y omite datos más cercanos que podrían compararse con los de hoy; claro que cuando se trata de echar barro, la memoria gubernamental de cortísimo plazo parece activarse portentosamente. Estos vacíos memorísticos ocasionan que el Presidente y sus colaboradores quieran hacernos creer que son los primeros en hacer esto o aquello; sin restar mérito a algunos de sus éxitos coyunturales, varios de ellos tienen antecedentes conocidos; basta con echarle una lectura a los libros de historia de Bolivia. Que el Canciller no lo recomiende explica, tal vez, lo que estamos señalando. Pero que nuestro letrado Vice nos venga con la misma cantaleta. Bajo la administración de Belzu, un cholo admirable, el país gozó de un superávit en sus arcas. A don Isidoro no se le ocurrió mejor idea que salir a chauchitar billetes montado en su corcel; y así nos va desde entonces.
Y puede que la tormenta se avecine por ese lado, el de la forma en que se van a disponer los recursos de la renta del gas; por lo pronto, don Evo, ya no montado sobre un caballo sino sobre los medios de comunicación ha dispuesto una pequeña suma para que sea distribuida como bono estudiantil. Una vez superada la etapa de migración de contratos, que deviene de la Ley de Hidrocarburos, y enterados de la chorrera de dólares que se aproxima, los simpatizantes del MAS han comenzado a manejar el concepto de ´Pe-Gas´, que mientras no se verifiquen como un crecimiento de la burocracia, sino de la producción, no me parece mal. Otra idea, repartir directamente a los bolivianos los billetes del gas, tiene el riesgo de crear una sociedad de zánganos (tipo Venezuela), cosa que se ha dado, en pequeña escala, con las remesas provenientes del exterior —familias que no hacen absolutamente nada más que esperar el envío mensual-.
He dicho calma y chicha porque probablemente corra mucho de esta bebida en el Congreso del MAS a celebrarse entre mañana y pasado mañana al grito de ´No somos elitistas, somos etilistas´. Las bromas hacen parte de un momento como éste.
* Puka Reyesvilla es docente universitario.
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