Los hemos visto a menudo. Con ese rostro agotado o agitado, pero en ambos casos cargado de esperanza y espera. En largas filas de embajadas, o en apretadas antesalas de Migración. Hablan poco, pero dicen mucho y sueñan otro tanto. Sus manos aletean nerviosamente las numerosas hojas de requisitos y documentos solicitados para su salida: la salida para buscar otra salida.
Existieron desde hace mucho. Se incrementan cada vez que el país sangra por su costado. Cada vez que el país comienza o recomienza, a desmenuzarse como cuando el viento sopla sobre un dibujo en la arena. Algunos tienen más posibilidades. Otros, pocas o ninguna. Pero todos miran hacia la misma puerta de salida. Todos tienen algo destrozado adentro.
Y al hojear mi cuaderno de canciones viajeras o sedentarias, encontré casi casualmente, algo para ellos: palabras para su camino, un canto para su partida. Con la paradójica esperanza, y la de otros más, de que no nos lleguen esos momentos de dura decisión final, a menudo desesperada, de integrarnos a esa fila ante la puerta y tras la carencia de oportunidades para mínimamente sobrevivir en nuestro suelo.
Para ellos va esta dedicatoria.
No es tan bello partir contra cierta voluntad que te obliga a llorar casi en silencio. Y dejar tu mitad de lo que fueras, para ir a buscar otras respuestas. No es tan bello partir si casi no lo quieres, si tu vieja ciudad te agarra fuerte, y si la otra mitad de tu conciencia, te aconseja dejar a tu inocencia. Ver alejarse de ti a esos barrios de oxidadas calaminas y amigos resignados, y también despedir a tantas promesas que te dejaron en medio de la carretera. Y partir, partir con dolor, con mucha urgencia, es cambiar a un mundo sordo por otra quimera. No es tan bello partir, con maletas de dolor, que te pesan al llegar al aeropuerto; y dejar en la aduana tus ojeras y prepararte un trago de paciencia. No es tan bello partir si dejas algo atrás: cien rostros, mil sonrisas, muchas penas; y ese otro ´algo más´ que se convierte en decepciones de siempre y como siempre. Ver acercarse a ti los recuerdos, que te atropellan y te gritan: ´no hemos muerto´, y también despedir a esa tu alma, que se rompió en pedazos una mañana, y partir, partir con dolor, con mucha urgencia, es cambiar a un mundo sordo, por otra quimera. *Julio César Paredes Ruiz es sociólogo, compositor y artista.
¿Qué hacer con el IDH?
Según la economía libre de mercado los individuos, y no el Gobierno, son los que eficientemente asignan los recursos económicos, porque cuando lo hace el Estado no se cumple con el postulado de la racionalidad económica.
Desgasificando nuestras vidas
Bolivia tiene 48 millones de hectáreas de bosques, y ha declarado 41 millones, como Tierras de Producción Forestal Permanente; de ellos, 9 millones se encuentran bajo manejo sostenible y 2 millones de hectáreas ya cuentan con certificación forestal voluntaria
La sombra negra del Oscar
El matrimonio se ha debilitado en las últimas décadas en la mayoría de las sociedades. Ahora parece "pender de un hilo".
¡Ahí viene el lobo...!
La credibilidad de los especialistas y líderes de opinión ha quedado en entredicho después de la firma de los contratos con las empresas petroleras. Un off side monumental registrado desde cuatro ángulos con dieciocho cámaras, para ponerlo en facilito.