Bolivia tiene 48 millones de hectáreas de bosques, y ha declarado 41 millones, como Tierras de Producción Forestal Permanente; de ellos, 9 millones se encuentran bajo manejo sostenible y 2 millones de hectáreas ya cuentan con certificación forestal voluntaria, logro que coloca a Bolivia en el lugar número uno a nivel mundial, en certificación forestal de bosques. Contamos con 176 variedades maderables.
Según datos de BOLFORII, actualmente el sector forestal genera 50.000 empleos directos y 250.000 indirectos; se han conformado y calificado 61 Agrupaciones Sociales del Lugar y existen comunidades indígenas y campesinas beneficiadas. El sector castañero genera 7.000 empleos fabriles y 20.000 en la cosecha (74% son mujeres).
Las exportaciones de productos forestales están por encima de los 100 millones de dólares y las de castaña ascienden a 74,4 millones, lo que redunda en la generación de empleos y en el incremento de ingresos familiares y divisas para el país. Se ha diversificado el aprovechamiento y los mercados de especies forestales, reduciendo la presión sobre las especies preciosas.
El elemento más relevante del modelo forestal boliviano es la democratización del acceso a los recursos forestales, en igualdad de oportunidades, el reconocimiento de los derechos de los usuarios tradicionales y la creación del Sistema de Regulación de Recursos Naturales Renovables que tenía independencia técnica, administrativa y financiera.
Es mucho lo que se ha avanzado al respecto en el país. Sin embargo existen también múltiples amenazas que lo acechan. Éstas tienen que ver con la inseguridad jurídica de las tierras forestales; con la fragilidad institucional y vulnerabilidad jurídica; con las presiones para el cambio de uso del suelo; con el inconcluso proceso de saneamiento de tierras, con la elevada ilegalidad que aún persiste en las actividades forestales (deforestación y comercialización ilegal) y con la escasa voluntad política y estrecha visión estratégica que tradicionalmente se ha dado sobre el sector, en el conjunto de la economía nacional y que, con el actual Gobierno, no hay muchas señales de ser superada.
Es importante que nuestros gobernantes comprendan que a partir del manejo sostenible de los recursos naturales se puede aportar significativamente a reducir y detener la pobreza y que el modelo forestal boliviano es un importante ejemplo de cómo enfocar el uso y aprovechamiento de un recurso natural renovable de manera sostenible, pero, a la vez, generando beneficios que permitan instalar un círculo virtuoso de generación de riqueza. Bolivia no puede vivir sólo del gas y éste es otro legado nacional que se debe conservar y mejorar como un desafío para romper el rentismo social que se está profundizando.
*Iván Arias D. es experto en descentralización y pueblos indígenas.
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