Hoy, sin mucho protocolo como en otra época, las parejas se comprometen y casan con la venia de los padres y en un acto.
Texto: Verónica Zapana Fotos: Miguel Carrasco
Los latidos se aceleran y la voz se le quiebra, pero finalmente hace la esperada pregunta... ¿Quieres casarte conmigo? O tal vez, dice: ¿Aceptas ser mi esposa? Cuales fuesen las palabras, la propuesta está hecha. Ahora queda que ella acepte y así, comienza la pareja una vida de novios y luego, como se augura, de casados. En tanto, ellos están en la etapa del compromiso.
Al paso de los años, las formas de pedir matrimonio y de comprometerse han cambiado. Antes, el hombre entregaba a su enamorada, sagradamente, un anillo de oro. Sin embargo, la moda actual pone el oro blanco en su auge, y es que ´se puso de moda ese oro´, afirma Rodrigo De Alcón, del área de publicidad de la joyería Nefertiti.
Y sin anillo, ayer u hoy, no hay pedida de mano, aunque este acto de compromiso, también ha pasado por ciertos cambios. Atrás quedó el tiempo en el que el novio se hacía acompañar con su familia para visitar la casa de su enamorada para pedir a los padres de la muchacha el consentimiento para que sean novios y después de un tiempo prudente, se casen.
Esa modalidad en muestra de respeto y cariño, es uno de los recuerdos de María Renée Riveros, quien a sus 58 años guarda en su memoria la emoción de su compromiso con su esposo. ´Él me pidió que sea su esposa en una heladería, me dio un peluche, y dentro de él estaba el anillo´, rememora.
´Toda la familia de él fue a casa a pesar de la amistad que existía entre ambas familias. No hubo mucho protocolo, pero igual asistieron a mi casa, todos los parientes de Jorge Ocampo. En ese entonces, mi novio´, dice con algo de nostalgia mientras sus ojos parecieran mirar el momento... ´Comenzó a hablar su mamá. Dijo que se sentía orgullosa de que ambas familias se unieran con la boda de sus hijos´.
María Renée cuenta que les hicieron recomendaciones y que los familiares dieron consejos, antes del brindis.
De esas nostalgias sabe Esperanza Del Carpio, de 56 años. Ella cuenta que su padre, un coronel muy estricto, interpeló a Edmundo, quien hoy es su esposo. ´Era la pedida de mano. Yo estaba nerviosa, escuchando detrás de la puerta, porque mi padre no quiso que estuviese en la sala´. También rememora las palabras de Edmundo en aquel instante...´Mis papás están en Cochabamba y no pudieron venir por problemas de salud, aunque yo estoy acá en representación de ellos, pero sobre todo por mí. Estoy enamorado de su hija y le pido su autorización para casarme con ella´. Con esas palabras y actitud logró que el padre aceptase.
Así, como en aquel entonces, el pedir la mano es una costumbre, aunque hoy no requiere de tanto protocolo. Basta con que el novio, mayor de edad, hábil por derecho y demás, se acerque a los padres de la novia y hable por sí mismo, sin la compañía de sus padres.
Eso vivió Ximena Ortega: ´El día de mi compromiso fue muy especial. Por la mañana, él me envío un desayuno a casa. A mediodía, me invitó a almorzar y por la noche cenamos en el restaurante donde comenzó la relación. Ahí me pidió que sea su esposa con un anillo que hasta ahora lo traigo puesto. Y yo, sin pensarlo dos veces, acepté´.
El día fijado para la pedida de mano, él llegó solo y habló con los padres de Ximena. “Como lo conocían no se opusieron, más bien se alegraron por nuestra decisión y fijamos la fecha de la boda”. mía
El anillo en el tiempo
Hace tiempo, nadie sabe cuanto, un anillo se convirtió en el símbolo de alianza y compromiso. Algunos apuntes datan de la antigua Roma, donde muchas novias usaban un aro de hierro en señal de relación. Por entonces, y hasta hoy, se cree que el círculo del aro simbolizaba el amor eterno.
Al pasar los siglos, la costumbre del aro de matrimonio se adoptó por el mundo occidental. La simbología cambió por mensajes de fe y amor, y el diseño evolucionó en aros hechos de oro con gemas preciosas.
Algunas veces, el anillo se entregó antes de la boda y otras, durante la ceremonia. “El concepto de dos anillos, uno de compromiso y otro de matrimonio, se puso en boga en el siglo XVIII, en Inglaterra, y no ha pasado de moda”, indican Penny Proddow y Marion Fasel, autoras del libro “Con este anillo, guía definitiva de las alhajas para boda”.
Así, el anillo se convirtió en una señal que indicaba, a ojos de todos, que una mujer está casada o que piensa hacerlo. En el siglo III, en Roma, el anillo de compromiso tuvo la forma de una llave que era de bronce o hierro. “El aro llave” celebraba la entrada de la novia al hogar del esposo, pero en la práctica, éstos abrían pequeñas cajas de joyería.