El asunto de los contratos de gas parecía masticado pero por lo visto regurgita. La inversión en la industrialización del gas no pasa de lo hablado; y se dice (la voz del pueblo es la de Dios) que el contrabando de diesel a países vecinos continúa. Por otro lado, todos sabemos que parte del gas que se exporta a Argentina termina (y terminará siempre) ¡en Chile! Por un tercer lado, el agro está que arde sin que nadie dé pautas de orden y menos legalidad, y nunca sabe si mañana habrá diesel. Entretanto las autoridades nacionales hacen la vista gorda e impulsan la atrabiliaria e histriónica ´Asamblea Constituyente´ que, sumada a lo anterior, borronea insólitamente el futuro.
Lo peor es que ex autoridades del Gobierno insinúan, y la opinión pública no tiene más remedio que observar, que los asuntos del gas requieren más trabajo y hasta renegociación con las 44 compañías en cuestión; y que queda mucho por hacer para concretar los contratos incluyendo hacer leer miles de páginas, muchas de contenido técnico, a los senadores y diputados del Congreso Nacional que esta vez sí tiene que aprobarlos… como si se tratase de algo fácil cuando seguramente no hay nada más intrincado que leer, comprender, aprobar, cuestionar o reprobar el contenido de los tales contratos.
Encima hay voces oficiales de rango que al haber otorgado presuntos poderes supremos a la ya famosa ´Asamblea´, hasta por encima de los poderes establecidos, seguramente han de querer permanecer consistentes y pedir sin resquemor alguno que la ´Asamblea´ sea la que apruebe los contratos. Nada sería más jocoso y esperpéntico porque si los representantes del Congreso han de consumir energía y tiempo en tal cometido, no conviene ni siquiera imaginarse el grado de asesoramiento que la mayoría de los de la ´Constituyente´ necesitaría para decir algo serio sobre el asunto.
La verdad es que se hace cada vez más urgente que alguien ajeno al Gobierno, a la ´Asamblea´, y a las 44 compañías, dé su opinión y detalle sumariamente lo que dicen los tales contratos de modo que todos los bolivianos sepamos ¡qué contienen! Que tal requiera la contratación de peritos internacionales (que no sean venezolanos del, o arrimados al, gobierno de Hugo Chávez) mejor. Sólo así agarraremos este toro por los cuernos de manera que de una vez por todas sepamos la verdad y perdamos menos tiempo. Cualquier intento de industrializar el gas, de abastecer de gas las zonas urbanas, de calcular gastos industriales, entre otros, pasa por la seriedad y la celeridad con que concretemos lo anterior. Al Gobierno debería interesar más que a nadie.
Otra cosa, nos conviene exportar gas directamente a Chile al precio que éste ha fijado con Argentina, o mejor, claro. Así, secamente. Esto porque es tonto insistir en ese increíble ´ni una molécula de gas a Chile´. Tal no necesita elaboración epistemológica ya que se trata de una tontería política de algunos bolivianos cuyo desempeño ha pasado a la historia y será juzgado por ella. Aquí me adelanto y conjeturo que será causa de hilaridad de historiadores y de lectores. El Gobierno actual por su lado tiene el mandato de iniciar el comercio serio de gas con Chile. Lo demás, como eso de reconquistar el mar con el gas, es quimera; mientras que la exportación del gas a Chile no tiene nada de quimera. ¡Ya está llegando a Chile!
Como van las cosas, Bolivia está muy lejos de concretar y sellar nada de valor con nadie. Las pocas apariencias engañan. O sea que estamos peor que antes porque sólo el bloqueo, la violencia y el desacato parecen ser el lenguaje para llegar a resultados que en última instancia no satisfacen a nadie. ¿Estamos peor? Desgraciadamente sí y con más estridencia porque la verdad es que nada está claro excepto ese más de lo mismo que nos tiene agotados. Hasta los medios de comunicación tradicionales y desde luego el internet están siendo utilizados para difundir desaciertos como aciertos. Por algo una encuesta periodística favorece la intervención del Gobierno en los medios de comunicación como si tal fuese una panacea, cuando no es.
Eso de que una encuesta favorezca la intervención del Estado en los medios destaca un síntoma de confusión que no se había registrado antes, creo, y es que una mayoría encuestada ¡se equivoque! Y esa mayoría encuestada se equivoca no porque los medios bolivianos sean los mejores del continente ni mucho menos, sino porque el Gobierno está lejos de tener los recursos humanos calificados para ejercer una intervención. Si no los tiene para sopesar lo que dice en torno a mal llamada ´nacionalización de los hidrocarburos´, menos los va a tener para controlar nada, ni menos los medios de comunicación. Al respecto, y dicho sea de paso, los medios impresos y electrónicos de Bolivia no son mejor ni peor que lo que permite el nivel educativo de la población urbana del país, pero son mejores y de mayor experiencia profesional que la inmensa mayoría de los funcionarios del Gobierno. Así de opacas están las cosas.
*Jorge Ordenes es economista y educador.
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