La mayoría de los bolivianos ha estado de plácemes con el Gobierno y, aparentemente, no sin razón, luego de que se procedió a la firma de los nuevos contratos con las empresas petroleras extranjeras. Es verdad que muchos no creíamos que las transnacionales cedieran como cedieron, pero, bueno, qué bien para el país y para el Gobierno. Si Bolivia gana, todos estaremos contentos aunque nos hayamos equivocado. Esto pese a que el ex - ministro de Hidrocarburos, Soliz Rada, con razón o por resentimiento al haber sido borrado del mapa, alega que el Parlamento debe decir todavía algunas cosas antes de sacramentar la operación. Él tiene sus motivos, los ha manifestado, y Dios dirá.
Pero pese al éxito con las petroleras y al bono Juancito Pinto, nadie puede hacerse el ciego con un mar de fondo turbulento que se presenta para los próximos días, y que no es otra cosa sino el afán que tiene este Gobierno y su Presidente de querer imponer criterios a su modo y con amenazas increíbles. El MAS ha ganado elecciones dos veces consecutivas inobjetablemente y tiene absoluto derecho de buscar un afianzamiento político, pero eso no se debe hacer mediante medidas de extorsión en contra de cuatro departamentos, en especial Santa Cruz.
La aprobación de la Ley INRA en la Cámara Baja y el retiro de los diputados de Podemos y UN es algo muy complicado, que, seguramente, se complicará mas todavía en la Cámara Alta, donde la oposición utilizará su mayoría para frenar la Ley. Porque está a la vista que esta acción apunta exclusivamente a revertir al Estado las tierras del oriente, con el firme propósito de golpear a Santa Cruz a la que Evo Morales ve como su adversaria molestosa, que no le aguanta mucho.
En cuanto la norma se apruebe —que se aprobará a la larga seguramente— los avasallamientos a las tierras no los va a detener nadie. No sería raro que el propio Gobierno se espante de lo que pueda acontecer y que se arrepienta de haber organizado marchas de campesinos hasta la ciudad de La Paz para que vociferen contra la ´oligarquía´ camba. Sólo en Bolivia se puede ver cómo un Presidente se encumbra en el Palacio a través de marchas y bloqueos, y cómo, una vez ungido, continúa organizando más marchas que por supuesto rematan, agresivas, en la sufrida sede de gobierno.
Pero los exabruptos no quedan ahí ni mucho menos. No contentos con pegarle ´en la madre´ a Santa Cruz en el tema de tierras —y al Beni también— los masistas han decidido que ya no van más las autonomías en el país. Es decir, que no habrá autonomía para los ´oligarcas´ y ´separatistas´, según expresaron en su Congreso del fin de semana pasado. Anuncian, peor, burlarse con una autonomía ´regional y originaria con solidaridad y reciprocidad dentro del Estado unitario´. Queda a las claras una provocación atrevida. Y la prueba palpable está en el anuncio de enviar ´refuerzos´ a los dirigentes masistas que actúan en la llamada ´media luna´. ¿Es una forma de amedrentar a los orientales y tarijeños? ¿Es una payasada más o lo dicen en serio? Porque lo que ha sido en serio es el mandato de que los asambleístas del MAS cumplan con lo que digan las organizaciones sociales y sindicales para que el texto de la Constitución se apruebe a rajatabla, pasándose por encima de los dos tercios y de las autonomías.
Si Podemos se ha retirado de la sesión del miércoles en Diputados y si UN está en huelga de hambre en el teatro Gran Mariscal, en Sucre, esto va a evolucionar peor todavía, porque tanto del Congreso Nacional como de la Constituyente podrían retirarse los benianos, pandinos, tarijeños y cruceños. Y lo pueden hacer si el Tribunal Constitucional no atiende la demanda contra los artículos 1 y 71 referidos al carácter originario y a los dos tercios para aprobar el texto constitucional. ¿Para qué servir como invitados de piedra en una asamblea de sordos? Si el MAS quiere hacer las cosas a su modo pues va a tener lo que no quiere: es decir una Constitución a la que cuatro departamentos van a desconocer.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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