Ya sabemos que políticamente la mitad de los bolivianos parecen estar ansiosos de una nueva patria, alejada de la democracia representativa; socialista, corporativa, etno-andina, con fuerte autoritarismo. Además, anhela una nación participativa —donde participen los ´originarios´ y se vayan los que no son— y distributiva, también entre los presuntos dueños históricos del territorio. Eso y mucho más es lo que aprobará, seguramente, la Asamblea Constituyente.
¿Pero qué país queremos desde el punto de vista de la economía? En materia comercial, de hidrocarburos y minería, vamos por los caminos del endogenismo y el estatismo. Ya se sabe. Lo que preocupa mucho es lo que sucederá con el agro, con el sector agroindustrial y pecuario. Ése es el problema que se plantea con la tierra, donde se ha creado una brecha casi insalvable entre lo que piensan los nuevos gobernantes del MAS y lo que defienden los agricultores del oriente.
Aquí parece plantearse algo que nunca debió suceder. Si es más importante la soya o la coca. Si importa más la ganadería o los cocales. Y eso salta a la vista desde el momento en que el Gobierno arremete contra las propiedades agropecuarias del oriente, calificándolas de latifundios improductivos y a sus dueños de oligarcas y gamonales. Para la mentalidad de los masistas hablar de cinco mil hectáreas es algo inconcebible. Eso se debe a que existe un concepto distinto entre la visión andina y camba de la tierra. No hay que olvidar que, Collana, con 600 hectáreas de extensión, ya era un latifundio y la destruyeron.
Una cosa es sembrar soya o sorgo y otra es sembrar coca. Una cosa es criar vacas y otra criar ovejas. Si las vacas comen 10 veces más que las ovejas, necesitarán 10 veces más campo. Las diferencias en las extensiones que se necesitan para una cosa y para la otra son abismales. Si el MAS quiere que en Santa Cruz, Beni y Pando las propiedades agrícolas sean como en el Chapare o Yungas, pues adiós agropecuaria en Bolivia.
Lo que se produce en el oriente es de largo aliento. De ahí que exigir resultados, cada dos años, de la función económica y social de la propiedad resulta muy complicado en los llanos. ¿Y en el Chapare? ¿Y en Yungas? La función económica de los excedentes de la hoja de coca son rentabilísimos, ya lo sabemos. Ahí está el narcotráfico como muestra nefasta. Ahí está el 90 por ciento de la coca que no pasa por los mercados legales y que se desvía a las mafias ¿Y cuál es la función social de la coca según los estrategas del MAS? Que sepamos en los catos trabaja la familia propietaria y se contrata a peones a los que se les paga mal y nunca y se los alimenta peor. Por lo tanto, ni siquiera la mano de obra es importante. ¿Elegimos entonces la economía legal o la negra? ¿No es eso lo que se debe discutir ahora?
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
Integración en América Latina
Un estadio superior en los procesos de integración es la consecución de una unión política. Es un fenómeno que supone, mucho más que acuerdos de libre comercio, uniones aduaneras, instauración de un mercado común
Las razas en reversa
Se ha dicho que el proceso social boliviano constituye un laboratorio social y político, y esto es sin duda evidente, lo que nos permite reflexionar sobre algunos factores de utilidad teórica y práctica.
Religión antiestado
La Iglesia Católica no aceptará perder los privilegios que le brinda el Art. 3 de la Constitución Política del Estado.
Un rayo de esperanza
Apenas habían transcurrido unas horas desde la entrada en vigor del alto el fuego acordado para Gaza por el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, y el primer ministro israelí, Ehud Olmert