Un hotel de lujo se alza en tierras de la provincia Yacuma y es como un sueño para los amantes de la naturaleza. Su dueño, Urs Büchler, planea crear una reserva.
Javier Badani Ruiz Fotos: Wilson Gallardo
En el edén no existen despertadores. Tampoco hacen falta. Para eso están los canturreos de las aves que habitan sus dominios. Y si el desordenado concierto de trinos no es suficiente para acabar con el letargo del sueño nocturno, desde la distancia surgen el misterioso canto del delfín de agua dulce o el ronco susurro de la capibara.
Para Urs Büchler, éste es el paraíso bíblico. Hallarlo, sin embargo, no fue nada sencillo para este millonario que por décadas recorrió el mundo entero en su búsqueda. Pero al final, su larga travesía culminó en plena Amazonía boliviana, donde este suizo cree haber descubierto el edén. Y ante semejante hallazgo, Büchler no hace más que soñar. Imagina, por ejemplo, con hacer de este vergel un gigantesco parque de preservación ecológica, reservado sólo para los turistas dispuestos a invertir una buena cantidad de dinero.
Además, a este financiador europeo le gustaría que al menos unas 200.000 hectáreas de la zona se conviertan en el reservorio de biodiversidad privado de mayor extensión de los que hay en toda Sudamérica.
Es un proyecto ambicioso, de millonaria inversión y a largo plazo. Pero Büchler, junto a un grupo de otros nueve visionarios suizos y el apoyo de las comunidades originarias, ya ha dado los primeros pasos para que se convierta en realidad.
Laboratorio de la droga
Hace 20 años un ejército de avionetas perturbaba a diario la paz del paraíso. Ubicada en la provincia Yacuma del departamento del Beni, y enclavada en el cantón Exaltación de la Santa Cruz, la zona de Los Lagos era utilizada por aquel entonces por los más famosos narcotraficantes del país como laboratorio de cristalización de cocaína.
Como resultado, esta área permaneció vedada para aventureros y científicos que intentaban conocer la flora y la fauna de este rincón único dentro del territorio boliviano, en el que se aprecia un resumen de toda la diversidad de ecosistemas de los más de seis millones de kilómetros cuadrados que conforman la Amazonía en varios países.
Fue tras la muerte del investigador cruceño Noel Kempff Mercado —asesinado en la hacienda Huanchaca por una banda de traficantes de droga— y la posterior intervención del Estado en las áreas dominadas por el narcotráfico, que los bosques, los pantanos, las sabanas, los montes cerrados y las pampas pudieron abrirse a una tímida exploración.
Actualmente, 80.000 hectáreas de esta zona amazónica pertenecen a la Fundación Paitití, institución que construyó allí el lujoso hotel Selva Blue Wilderness Lodge.
Desde allí su fundador, Urs Büchler, trabaja por hacer realidad su idea, que es incentivar en la zona un turismo selectivo y sostenible para apoyar el desarrollo de las comunidades indígenas, pero manteniendo intacto el hábitat natural de la fauna y la flora de la región.
“Lamentablemente se ha incrementado la deforestación de selvas y bosques para fomentar la agricultura y la ganadería... ¡Todo en nombre del progreso! Si eso ocurriera en Los Lagos, el mundo perdería uno de sus pulmones y uno de sus paraísos naturales más impresionantes”, sentencia Dirk Hausmann, encargado de comunicación de la fundación suiza. Las palabras de Hausmann se hacen evidentes al recorrer parte de los hábitats naturales que engalanan esta vasta zona del trópico.
Así, enclavada a una altitud de 250 metros sobre el nivel del mar, aproximadamente 300 lagunas y lagos —11 de gran extensión— arman este ecosistema amazónico lleno de sorpresas por descubrir.
Como muestra, basta decir que, en una corta visita al lugar, un grupo de científicos suizos halló en las lagunas que circundan el hotel, cinco nuevas especies de peces.
En esa misma línea, en Los Lagos pueden observarse animales en peligro de extinción como el jaguar, el armadillo gigante, el mono araña, el caimán negro, la tortuga marina y los delfines de agua dulce.
El paraíso de las aves
El alboroto estalla en segundos. Y es que el sonido del bote ingresando a los 800 metros de largo del canal que une las lagunas Brava y Dichosa provoca la huida de las decenas de aves que habitan el estrecho. De pronto, el cielo amazónico se cubre por entero de plumajes multicolores.
Y, durante los 15 minutos que dura el recorrido, en el que se pueden avistar garzas, parabas, cererés, batos, loros, pájaros carpinteros y patos, se hace evidente que Bolivia cuenta hoy con una de las mayores diversidades de aves del mundo.
Visitas como ésta forman parte del paquete turístico ofrecido actualmente por el Selva Blue Wilderness Lodge, un gran complejo cuya creación superó el millón de dólares.
Sin embargo, el proyecto ecoturístico de la Fundación Paitití va más allá, pues busca capacitar a los originarios cayubaba —dueños de la TCO amazónica del área— para que trabajen a futuro en el gigantesco parque de preservación. El plan, cuya inversión se calcula en unos 30 millones de dólares, prevé la creación de 1.500 empleos hasta el 2011 y la construcción de otros nueve hoteles ecoturísticos.
Con todo, el proyecto está supeditado al compromiso cayubaba de evitar la caza indiscriminada de animales salvajes y la deforestación.
El investigador canadiense Bennett Hennessy calcula que sólo en aves existen cerca de 300 especies en Los Lagos. El futuro de esta diversidad estaría en riesgo si se destinaran estas tierras al desarrollo de la agricultura o la pecuaria. Urs Büchler confiesa que la idea de convertir el edén en un gigante sembradío le provoca pesadillas. Y es que este suizo prefiere seguir despertando con el trino suave de las aves.
TODA UNA AVENTURA
Unos 70 minutos de viaje en avioneta separan a la ciudad de Trinidad con la zona de Los Lagos. Allí, en las playas de lo que se considera el único gran lago tropical en Sudamérica con agua cristalina, se alzan las instalaciones del Selva Blue Wilderness Lodge. La capacidad del lujoso hotel es de 45 camas. Además, el Lodge cuenta con embarcaciones propias para el transporte de los visitantes por las lagunas del lugar.
Observación de aves —desde torres artificiales—, pesca deportiva, buceo y camping forman parte de las actividades que se pueden desarrollar en la zona. Además de las visitas a los distintos hábitats de la región, el programa ecoturístico incluye un paseo por el rancho San Antonio, a cinco kilómetros del hotel. Allí, el visitante puede observar el trabajo del vaquero beniano y la vida cotidiana en las haciendas orientales.
Se cree que hace unos 3.000 años la zona de Los Lagos era de vital importancia para las culturas nómadas que habitaban el actual departamento del Beni. Vestigios de esa presencia se pueden ver en varios puntos de esta región amazónica.