En aproximadamente ocho meses deberán concluir las sesiones de la Asamblea Constituyente. Para aquel entonces deberá existir un proyecto de Constitución que será sometido a un referéndum nacional que deberá aceptar o rechazar dicho documento.
El enguerrillamiento del oficialismo y de la oposición por la mayoría absoluta versus los dos tercios, nos demuestra que las posibilidades de entrar en negociaciones francas y abiertas para una elaboración conjunta de la nueva Constitución se deteriora cada día más y los asambleístas de ambos bandos están acudiendo al fácil recurso de las consignas. Según su definición en el diccionario, una consigna es “una orden o norma de conducta que no figura en las leyes o reglamentos, sino que se da directamente a un subordinado o a los integrantes de una colectividad”. La incapacidad de los asambleístas de encontrar los espacios necesarios que les permitan cumplir su misión dentro del marco de la ley, está llevando al país a la polarización y el enfrentamiento. En lugar de llevar adelante el máximo ejercicio democrático con altura, serenidad y dignidad se está más bien creando división y desconfianza.
Si el oficialismo logra con la mayoría absoluta y de forma aplastante la elaboración de la nueva Carta Magna, el referéndum de consulta será respondido también por consignas y la ciudadanía, lejos de poder aprobar o rechazar un documento por convicción, se verá obligada a hacerlo por disenso. Un escenario así será poco enriquecedor para Bolivia y nos alejará mucho del ideal democrático, haciéndole un flaco favor a la sociedad en su conjunto. El resultado de una Constitución de esta naturaleza no renovará el pacto social.
En cambio, si este documento se redacta y elabora con la deliberación y aprobación de los dos tercios requeridos por ley, será poco probable que la polarización del país persista y los bolivianos y bolivianas tendremos una plataforma sólida que nos permitirá desarrollar nuestro futuro pacífica y civilizadamente.
El deber de la oposición de no usar los dos tercios para hacer inviable la Asamblea es tan grande como la obligación del oficialismo de respetar la Ley de Convocatoria a la Asamblea. La responsabilidad ante el país en su conjunto, de encontrar la solución a este impasse es de ambas partes por igual.
Entre actuar por consigna o actuar por consenso está el verdadero éxito o fracaso de la Asamblea Constituyente. Llevar a la ciudadanía a tener que votar por consignas una Constitución hecha de esa misma forma, será el reflejo de una Asamblea fallida. En cambio un “sí” a una Carta Magna elaborada con la convicción de los consensos será una victoria indiscutible para todos y gozará de toda legitimidad. La clase política está duramente a prueba.
*Orlando Cabezas G.
es ciudadano boliviano.
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