La situación política ha quedado entrampada. La oposición cuenta los minutos para poder tener a 800 periodistas internacionales en la Cumbre Sudamericana de presidentes y “demostrar” que Evo no es lo que afuera se imaginan de él mientras el gobierno cuenta los minutos a la espera que la huelga de hambre se desgaste por sí misma.
Quizá se hagan cálculos para la próxima semana pero no se dice nada de en cómo terminar este problema sin que haya vencedores ni vencidos (como debe terminar toda negociación). Y es que oposición y oficialismo han jalado demasiado la pita y han llegado a un punto en que ceder podría ser considerado derrota.
El gobierno se ha entrampado solito en un lío que pudo no ser tal si tan solo hubiera tenido la grandeza de partir del principio de que debería haber dos tercios para la aprobación del texto. Algo que dada la capacidad mostrada por el oficialismo para convencer a algunos de los opositores es más que probable que el MAS hubiera conseguido sin gran esfuerzo. Pero primaron en el partido de gobierno los radicales que empujaron la máquina hasta llevarla a un punto de difícil retorno.
La oposición perdió todo el año. Podemos cayó al 15% de la predilección (la votación más baja de la derecha), UN no se convirtió en una alternativa de masas, el MNR trata de sobrevivir apelando a la nostalgia del 52. La elección de los constituyentes sólo repitió el Tsunami lectoral del 18 de diciembre. El gobierno consiguió algo que sus detractores consideraban imposible: la firma de los contratos de gas y para colmo las modificaciones de la Ley INRA fueron aprobadas con dos ases de suplentes sacados debajo de la manga. Vistas así las cosas la única posibilidad de conseguir algo para la derecha es aferrarse a los dos tercios a ultranza.
Corresponde entonces que desde la sociedad civil, desde hombres y mujeres sin militancia partidaria pero con una gran vocación de servicio al país salga una propuesta diferente, una propuesta que no se alinee con ninguno de los dos polos en disputa. Pelea mezquina por otra parte porque busca enterrar al oponente y porque no se piensa en el bien de la constituyente.
Por ello me he sumado a la propuesta de varios intelectuales bolivianos de pedir que se realice un referéndum que dirima la fórmula de votación por la cual se aprobará la nueva Constitución Política del Estado.
No debería haber oposición alguna a esta propuesta. Finalmente, los gobiernos deben consultar a los ciudadanos y hacer lo que ellos quieran y quien al final quede en minoría deberá democráticamente aceptar que hay una mayoría.
Mientras tanto, las comisiones en la Constituyente podrían continuar trabajando para no perder el tiempo. Al cabo del referéndum ya se podría ingresar al plenario a votar y todo podría concluir para el 6 de agosto.
Claro que si se toma unos meses más tampoco deberíamos rasgarnos las vestiduras.
Como dice la carta de los intelectuales es preocupante que las tendencias violentas se estén imponiendo, pero hay una manera de cerrarles el paso: se llama voto. Contra las patotas de la Unión Juvenil Cruceñista y de las turbas hay que construir más democracia y que el soberano se pronuncie.
*Jaime Iturri Salmón es periodista.
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