En la ladera de una montaña en el oeste de Bolivia (Caranavi), Paulina Quispe lucha por contener las lágrimas cuando soldados del Gobierno arrancan sus plantas de coca, una por una.
Hace un año votó por Evo Morales. Pero dice que él cambió desde que llegó a la presidencia.
"La mayoría de la gente dice que Evo nos engañó, nos vendió", se lamenta Quispe (28 años).
Quispe y muchos otros campesinos que cultivan la coca pensaban que Morales acabaría con los programas de erradicación del cultivo promovidos por EEUU. Morales, sin embargo, adoptó una actitud moderada: combate la producción de cocaína e intenta modificar la forma en que se maneja la producción de coca.
Desde que asumió en enero, Morales trata de conservar los millones de dólares en asistencia que entrega EEUU para erradicar la planta, pero sin perder el apoyo de cocaleros como Quispe.
Satisfacer a ambos bandos no ha sido fácil. Morales lleva adelante una política de erradicación de cultivos y combate al narcotráfico, combinada con la promoción de la "industrialización" de la hoja de coca.
Una nueva dependencia del Gobierno promueve el té (mate), la harina, licores e incluso una pasta de dientes basada en la coca.
A EEUU no le convence esta política, pero entrega una partida de $us 87 millones anuales destinados a la erradicación, cuya producción es la tercera más alta del mundo, detrás de las de Colombia y Perú, pese a que se redujo a la mitad de hace 10 años.
Morales no pierde la oportunidad de recordarle a EEUU que es el país donde se consume más cocaína. "Que reduzca la demanda si no quiere que haya coca. Por más que los compañeros hagan esfuerzos para una reducción voluntaria, si ellos no reducen la demanda, seguirá habiendo coca que desvíen al problema ilegal".
Morales sostiene que si se crea un mercado internacional para el uso legal de la coca, ello impedirá que el producto llegue a las manos de los narcotraficantes.
El embajador de Estados Unidos en Bolivia, Philip Goldberg, no obstante, declaró a la AP que "en realidad hay un solo uso para la hoja de coca que rinde dividendos, la cocaína. Los narcotraficantes siempre pagarán más que una empresa que produce pasta de dientes", agregó.
Morales pidió a los cocaleros que acepten participar en un programa de erradicación voluntaria que destruiría los cultivos en 5.000 hectáreas este año, el mínimo contemplado por la ley que regula la lucha contra el cultivo. Sería la erradicación más pequeña desde 1994.
Por más que los cocaleros no están muy contentos, no hubo episodios de violencia como los ocurridos tradicionalmente por la erradicación forzada. Desde 1987 han muerto por lo menos 88 personas entre campesinos, policías y soldados en enfrentamientos derivados de la erradicación, según la Red de Información Andina. El Gobierno piensa que la cifra de bajas es mucho más alta.
La destrucción de laboratorios donde se procesa la cocaína aumentó un 56% desde la llegada de Morales. EEUU, no obstante, aduce que ello se debe en buena medida a que hubo un aumento en la producción. Dan Keane, AP