El presidente del Senado se ha permitido dar una clase ante la prensa sobre lo que debe ser una huelga de hambre, y para ese efecto se ha puesto como modelo para la posteridad y sus alrededores.
El señor, del que no sé bien si finalmente es abogado o maestro rural, ha mostrado que ha hecho bien en dejar cualquiera de las dos profesiones o ambas —seguramente con títulos académicos irrefutables— porque de su encendida disertación queda claro que no tiene muy en alto principios elementales como el derecho a la protesta y que su extraña pedagogía no se destaca por el respeto a valores humanos esenciales, como es el de la defensa de la vida.
Menos mal, dirán algunos alumnos, que se ha dedicado a la política, aunque seguramente como ciudadanos ya están sufriendo mayores dosis de esa visión particular en la que predomina el criterio de que la demagogia es la ciencia más elevada, y que después de su hallazgo en el poder cualquier otra actividad ya no merece ser ejercida.
El legislador se ha despachado con su énfasis poco doctoral para, en vez de lamentar que una horda claramente identificable hubiera atacado a bolivianos que cumplían una huelga de hambre, pedir que esa turbamulta se erija en juez para determinar si el ayuno debe hacerse así o bajo la ortodoxia que dice haber inaugurado.
Desconozco si el señor Ramírez hizo decenas de huelgas, como ha señalado, pero si fuera así y lo demostrara palmariamente, como seguramente hará con el doctorado que dice tener, el congresista no parece haber resultado muy afectado, por lo menos en la parte más visible de su apariencia. Tal vez alguien podría preguntar si algunas facultades no han resultado afectadas, por ejemplo, la memoria. El senador decía hace poco que si no había dos tercios para aprobar el texto final de su constitución, no había nueva carta magna. Ahora dice que nunca fue así.
El notable dice que estos huelguistas no pueden recibir la credencial de profesionales, como él, porque se han dado a la ingesta de panetones. También señaló que, cuando era un sufrido dirigente, la policía lo desalojó a la mala de sus heroicas huelgas.
Acá parece haber problemas con las matemáticas, con las proporciones, y también con la lógica más elemental. El senador parece considerar que los supuestos panetones —que muestre las pruebas— son razón suficiente para que “espontáneos” atacantes allanaran la iglesia de San Francisco. De hecho, nunca lamentó la profanación, que indigna a cualquier católico; aunque no necesariamente a cualquier radio “católica”. La verdad es que comparar su desconocida experiencia como ejemplar huelguista con la persecución que sufrió Lechín por parte de “personas” con las que parece simpatizar, y que buscaban linchar al escritor, cuando menos ofende.
*Álvaro Zuazo es periodista.
ATPDEA
El próximo 31 de diciembre termina la vigencia de la ley de los Estados Unidos de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga (conocida por su sigla en inglés ATPDEA)
Genética, etología y democracia
Las transformaciones genéticas se consolidan, cuando grupos pequeños y relativamente aislados de una especie se ven sometidos a un cambio drástico del medio que los rodea
Un aniversario para tener en cuenta
Los derechos humanos son la esencia misma de la democracia, representan la necesidad de que haya justicia para todos y que la pobreza y el analfabetismo sean recuerdos del pasado.
La gran apuesta
Seguramente que los déspotas más grandes que tuvo América Latina y el Caribe a lo largo del siglo XX han sido Pinochet y Castro. Eso no quiere decir que no existieran tiranuelos de menor cuantía