Al inicio de esta semana tuvo lugar la inauguración de un puesto fronterizo en la región de los bofedales de Silala (ojo, no estoy diciendo río para que no me coman por chilenófilo), entre los hitos 73 y 74 de la frontera con el país del Mapocho. La acción hasta le ha ganado grandes felicitaciones al Ministro de Defensa, quien es una persona de por sí muy respetada en su arena profesional, vale decir en el mundo del Derecho, e independientemente de la simpatía y el respeto que el ministro inspira, tengo que decir que todo el entuerto me ha dejado frío, tanto el que se construya un puesto fronterizo militar, como el hecho de que nos congratulemos por ello.
Si de patrullaje, monitoreo o control de nuestra frontera se trata, creo que nos serviría mucho mejor una buena suscripción a Google Earht, antes que un puesto fronterizo con 20 soldados. La guarnición allá se me antoja como escenario de una continuación de El Desierto de los Tártaros de Dino Buzati, o para una versión menos erótica de Pantaleón y las Vistadoras.
Lo cierto es que no se necesita una guarnición en el Silala, y gastar en eso a pesar del superávit de este año, considerando las múltiples necesidades de los bolivianos, es francamente un despilfarro.
He tenido la oportunidad de escuchar el discurso del Primer Mandatario al momento de esa inauguración, y eso ha empeorado las cosas, Su Excelencia se ha lanzado con la idea de embotellar el agua del Silala para que la podamos beber todos los bolivianos. Me he preguntado si esa idea se la han soplado para hacerle quedar mal, o si se ha tratado de una ocurrencia propia.
Es posible que don Evo habló porque si nomás, pero lo que me preocupa de su discurso es que éste ilustra de la mejor manera, la visión de mundo ajena a las leyes del mercado. Es iluso y ridículo embotellar agua en el Silala, a donde sólo se puede llegar por una carretera polvorienta, cuando tenemos cientos de manantiales ubicados en lugares ideales, cercanos a los centros de consumo y con carreteras asfaltadas que pasan por ahí. Sólo quien no da el menor valor a los temas de costos podría hacer semejante sugerencia. Y por ahí va el problema, ésta no es una visión exclusiva de don Evo Morales, es la típica visión de quienes pretenden controlar el mercado, de quienes creen que saben mejor, y por ende decretarán cómo, cuándo y dónde producir, vender y comprar.
Usted debe creer que estoy escribiendo con paranoia, pero déjeme decirle que hay otros síntomas, sin ir muy lejos ¿qué es sino eso de creer que si se ´industrializa´ la coca, ésta ya no será desviada al narcotráfico?, cuando todos sabemos que mientras los narcos paguen más, ésta irá nomás por angas o por mangas, entre otras cosas, a ayudar en el incremento de violencia en Río de Janeiro.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
El año de Santa Cruz
En el exterior existe la idea de que Bolivia está en riesgo de dividirse. Cada vez que puedo, digo allí que esa idea es un invento de apresurados enviados especiales o de ansiosos representantes de algunos países vecinos.
El corazón de la paz
En estas fechas ya es una rutina —saludable por cierto— desearnos un feliz año nuevo. Tanto más cuánto que las sombras que oscurecen el paisaje económico y político nacional son difíciles de ocultar.
Un legado incómodo
En un artículo reciente (The dutch are leading a popular rebellion), Wolfgang Munchau señala cómo la sociedad europea se resiste a los cambios que parece necesario abordar si nuestras economías han de sobrevivir en el mundo que viene
El odio y el amor en la política
El ser humano es un ser doble en el que todo tiene su contrario: Teoría de la Relatividad y Ley de la Polaridad.
Un humanista puertorriqueño
Esteban Tollinchi era más bajo que alto y tenía unos ojos azules que solían sonreír con frecuencia, casi siempre con una chispa de malicia y de burla.