El ser humano es un ser doble en el que todo tiene su contrario: Teoría de la Relatividad y Ley de la Polaridad. Cuando la gente ve lo bueno surge el concepto de maldad, lo fácil y lo difícil se crean mutuamente, el amor y el odio conviven, pares de opuestos con innumerables grados entre ambos extremos, pudiendo reconciliarse siendo uno mismo.
Cuando, no hace mucho, se produjo el colapso del sistema político tradicional, sismo sociológico, psicológico, político e histórico que pone en vilo, pero con esperanza a Bolivia y sacude profundamente las raíces de su alma, nace una pregunta ¿fue amor u odio el causante de esta revolución democrática?
Esas dos grandes fuerzas “encontradas”, amor y odio, mueven el mundo y en especial el mundo de la política. De la primera nacen naturalmente el acto de hacer, de crear, de construir en beneficio del “yo” y del “tú”, es decir de los otros, de todos, principalmente de los “oprimidos” y “excluidos”. La segunda fuerza no menos poderosa que la anterior y al parecer igualmente necesaria desde un punto de vista colectivo, también es fecunda y capaz de crear. El odio ordinariamente se puede afirmar como un sentimiento diabólico del ánima, el error está en que se lo juzga a través del individuo, en el cual sí puede considerarse el odio con ese criterio.
Nuestros eternos gobernantes pretenden hacernos vivir en el colectivo siempre bajo la siguiente metáfora: “La razón de los estados no es sino la sinrazón de los ciudadanos levantado a un plano nacional”, sin diferenciar las malas pasiones de los hombres de las malas pasiones nacionales —positivas—, considerándolas ambas una misma cosa. Enmascarando sus malas pasiones individuales y tras de intereses para nosotros desconocidos, nos convierten en seres con características de predominio de lo sensual, de lo instintivo, de lo personal y de lo inconsciente, sobre lo racional e inteligente; es decir, enceguecidos, incapaces de llevar un propósito firme porque sólo ellos tienen la capacidad.
Sin embargo, aprovechando que en las explosiones sociales el hombre se pierde en lo colectivo y anega su personalidad en la charca de la absorción de la muchedumbre (esa muchedumbre manipulada por los “gobernantes de siempre”), nos hacen ver como una tierra invadida de cizaña, un vivero en el que pululan los embriones del odio exclusivo que domina por entero el alma, la envidia, el deseo de la destrucción, ignorando que existe el amor.
El equilibrio de estas dos fuerzas, que perpetuamente se combaten en el corazón del hombre, debe conducirnos para entender que el amor es entrega, servicio, educación, integridad y paz, y el odio colectivo es la lucha contra: el orden anacrónico, las normas y troquelamientos sociales y las costumbres que degradan y esclavizan. El odio es una fuerza tan poderosa para romper, como el amor para juntar y tanto esfuerzo demanda crear una nación como destruirla.
No se debe confundir el amor a una idea, una causa o una doctrina, con el deseo de adquirir las cosas, beneficios y bienes que éstas producen o el amor a la gloria como participación personal en el botín, y el odio al enemigo de la “patria” como destrucción física del hombre de carne y hueso que no habla su lengua, o que vive más allá de esa línea imaginaria, ni el odio a éste o a aquel hombre en particular sino a la causa que defiende o a la idea que profesa; jamás debemos descender al terreno de la crueldad, la injusticia inútil y la rapacidad mezquina, profesemos y practiquemos el amor.
*Óscar Heredia Vargas es administrador de empresas y docente universitario.
El año de Santa Cruz
En el exterior existe la idea de que Bolivia está en riesgo de dividirse. Cada vez que puedo, digo allí que esa idea es un invento de apresurados enviados especiales o de ansiosos representantes de algunos países vecinos.
El corazón de la paz
En estas fechas ya es una rutina —saludable por cierto— desearnos un feliz año nuevo. Tanto más cuánto que las sombras que oscurecen el paisaje económico y político nacional son difíciles de ocultar.
Silala, yendo contra la corriente
Al inicio de esta semana tuvo lugar la inauguración de un puesto fronterizo en la región de los bofedales de Silala (ojo, no estoy diciendo río para que no me coman por chilenófilo), entre los hitos 73 y 74 de la frontera con el país del Mapocho.
Un legado incómodo
En un artículo reciente (The dutch are leading a popular rebellion), Wolfgang Munchau señala cómo la sociedad europea se resiste a los cambios que parece necesario abordar si nuestras economías han de sobrevivir en el mundo que viene
Un humanista puertorriqueño
Esteban Tollinchi era más bajo que alto y tenía unos ojos azules que solían sonreír con frecuencia, casi siempre con una chispa de malicia y de burla.