Una nueva refacción a la avenida paceña saca a la luz aquellos momentos históricos vividos en esta arteria urbana diseñada por Emilio Villanueva.
Texto: Jorge Soruco Fotos: Pedro Laguna / Cortesía Julio Cordero
Cuando nació, el escritor paceño Franz Tamayo se opuso tácitamente a su existencia, asegurando que rompería su paz, puesto que pasaría al lado de su casa. Fue la favorita de los ricos y poderosos, que amasaban sus fortunas en los modernos edificios que la rodeaban, mientras políticos, comunicadores y filósofos debatían en sus aceras. Con el tiempo se convirtió en una vía más del centro paceño: maltratada por las marchas, abandonada por el municipio e, incluso, por sus inquilinos.
No fue hasta que un grupo de urbanistas desnudó la cobertura de asfalto y cemento para corregir sus males, que los paceños recordaron la vital importancia de la que una vez fuera llamada la ´Wall Street de Chuquiago Marka´, la avenida Eliodoro Camacho.
Mientras el sonido de picos, palas y material eléctrico inundan los restos de la avenida, uno de los ingenieros a cargo de la obra, Roberto Montalvo, describe los trabajos de refacción, señalando los tubos de plástico PVC para los sistemas de alcantarillado y pluvial. ´Era hora para una refacción de este tipo. Los antiguos tubos eran de cemento y estaban desgastados´.
En las excavaciones se descubrió un sistema sanitario paralelo al municipal. Estaba formado por piedra laja y seguía funcionando, aunque experimentaba ligeras filtraciones. Como confirman las historiadoras Brígida Carvajal y Vannya Gómez–García, el sistema pertenecía al Hospital Loayza de varones, parte de lo que hoy es el mercado Camacho. Derribado el centro médico, como parte de un programa de modernización urbana, quedó el sistema sanitario del nosocomio, que después llegó a ser utilizado por las diferentes construcciones del lugar.
Este plan, surgido a principio del siglo XX contemplaba el crecimiento de la sede de gobierno. El primer paso fue la planificación y urbanización de un barrio moderno, Miraflores. Hasta ese entonces, Poto Poto (como se conocía entonces a Miraflores) era una zona de recreo, con varias haciendas dedicadas al cultivo y pastoreo.
Sin embargo, ya desde dos décadas antes se trabajaba en el crecimiento de la ciudad hacia esta zona de expansión, al quedar el espacio colonial de la ciudad estrecho para la creciente población (superior a los 142.000 habitantes). Por eso se llamó en 1914 a un concurso para construir un moderno hospital en Poto Poto. El arquitecto Emilio Villanueva ganó el concurso para el Hospital General.
En este entonces no existía una zona residencial para la clase media paceña. El único barrio con estas características era Sopocachi, la zona destinada para la élite. Y es nuevamente Villanueva quien realiza la planificación urbana de la zona de Miraflores en 1927.
Una ciudad en expansión
La necesidad de una reforma urbanística se intensificó después de la Guerra Civil (1899), cuando la ciudad de Nuestra Señora de La Paz, se instituyó como la primera metrópoli del país y la sede de gobierno. Sin embargo, estos planes no se concretarían hasta después de la Guerra del Acre (1904).
Los acontecimientos impulsores de la obra fueron el centenario de la revolución paceña (1909) y de la independencia de Bolivia (1925). Los consecutivos gobiernos del Partido Liberal buscaron la manera para que estos festejos se conviertan, a la vez, en un símbolo del poderío de su partido.
Además, surgió una nueva oligarquía de las minas de estaño del occidente. Patiño, Aramayo y Horschild comenzaron a amasar grandes fortunas, cuya administración se concentraba en la sede de gobierno, parada obligatoria hacia puertos de Arica e Iquique.
También influenció la llegada de una nueva generación de arquitectos bolivianos formados en el exterior. Éstos arribaron con ideas alimentadas por las tendencias del art deco, eclecticismo, expresionismo y el racionalismo, cuyos cánones se dan de forma inspiradora.
Entre ellos destaca Emilio Villanueva, el más importante arquitecto urbanista de La Paz, promotor y diseñador de la avenida Camacho, el barrio de Miraflores, el Estadio La Paz, el estadio Obrero y el Hospital General, entre los más conocidos. También resaltaron Julio Mariaca Pando, que en 1934 diseña la Casa de España; y Mariaca Pando, que junto a Carlos Dietrich Zalles crearon el Gran Hotel La Paz en 1936. Por décadas, este edificio fue el más alto y grande de la ciudad y el país.
Alfredo Sanz García edificó en 1938 el Edificio Osorio, el primero de la avenida Eliodoro Camacho y de la ciudad en estilo moderno. Le siguió Luis Iturralde Levy, quien en 1940 levantó el Edificio Velasco (hoy Ministerio de Industria) en la esquina Camacho y Bueno. Luis Villanueva Sáenz es responsable, en 1947, de un edificio de oficinas en un reducido terreno de 6,35 por 16,90 metros en la esquina Colón y Camacho. Finalmente, Jorge Rodríguez Balanza edificó el Club de La Paz luego de ganar un concurso convocado por esta entidad.
Vientos de cambio
Los trabajos de ampliación urbanística fueron retrasados por la guerra del Chaco. Mientras duró la contienda, todas las obras del centro paceño quedaron paralizadas, incluyendo las de primera necesidad. Una vez hecha la tregua, los empresarios y personalidades influyentes reanudaron labores en un esfuerzo de mostrar que el país no se desmoronó por el desastre.
Una de las reformas más importantes era la creación de un centro neurálgico de las principales actividades económicas no dependientes de los poderes del Estado, un lugar donde las actividades comerciales prosperen y los medios de comunicación tengan espacio.
Además existía la necesidad imperiosa de interconectar los nuevos barrios, siendo Miraflores uno de los más urgentes, ya que para el año 1933, el acceso desde el centro se hacía a través del camino a Yungas (la actual calle Yungas), la calle Casimiro Corral y la calle Frías, ahora avenida Illimani. La antigua Camacho sólo llegaba a la Bueno.
Fue en el período entre 1936 y 1938, cuando se abrió la avenida Mariscal Santa Cruz, que se decide a prolongar la Camacho hasta empalmarla con la nueva vía. Villanueva fue el proyectista de este cambio y del diseño de la plaza en su intersección, donde actualmente se luce el Obelisco.
Obras como el Hospital General, el estadio La Paz, el estadio Obrero y el Estado Mayor en Miraflores reclamaron un acceso rápido sin descuidar la estética.
Villanueva, entusiasta, decidió poner a prueba los nuevos estilos con los que contactó en la década de los años 20 en París, mostrando edificios cuyas formas recuerdan vagamente a barcos de vapor, con redondas ventanillas similares a ojos de buey. Eran diseños pensados sólo en oficinas, con reminiscencias del Nueva York de los años 20 o el París de la Belle Epoque.
Muchos paceños de la época, informan las historiadoras Brígida Carvajal y Vannya Gómez–García, consideraron que la nueva avenida debiera haberse llamado Illimani, ya que desde el inicio de la misma, la plaza del Obelisco o la esquina del Club de La Paz, la vista del nevado es inmejorable.
No todos estaban de acuerdo con la habilitación de la Camacho. Personajes muy influyentes de la sociedad paceña estaban en contra, entre ellos Franz Tamayo. Los historiadores Juan Miguel Arroyo, Jesús Nino Llusco y Raúl Calderón Jemio suponen que este comportamiento tal vez se debió a que, en pos de inspiración y tranquilidad, el escritor se vería perturbado por el sonido de motores y bocinas.
Wall Street paceño
Una vez comenzados los trabajos en la avenida Camacho, los grandes empresarios, comerciantes, banqueros y personalidad de la ciudad iniciaron la construcción de casa y edificios donde instalar oficinas, tiendas y cafés.
´La Wall Street de Chuquiago Marka´ fue uno de los motes de esta ruta, ya que en sus costados se ubicaron bancos nacionales y casas de cambio, aparte de las centrales de las empresas mineras, concentradas en tres grandes grupos: la Patiño Mines, la Hochschild de minería y la Compagnie Aramayo de Mines en Bolivia; empresas que marcaron la vida política, social y económica del país hasta la revolución de 1952.
Al inicio de la Camacho, en el actual Ministerio de Planificación del Desarrollo, se instalaron las oficinas de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) en 1952, para la administración y explotación de las minas nacionalizadas. Sin embargo, el edificio fue construido originalmente en 1946 por Simón I. Patiño, para que desde ahí se administraran sus compañías.
El edificio La Urbana, situado en la Camacho casi esquina Bueno, (ocupada ahora por la televisión y radio estatal) fue desde donde se administraba la actividad de Hochschild, establecido en Bolivia en 1921. La Corporación Minera de Bolivia, ubicada hoy en la avenida Camacho esquina Loayza, se edificó en 1944 por la tercera generación del clan Aramayo, Carlos Víctor Aramayo.
Los medios tenían su espacio. En la Loayza se encuentran aún las oficinas del El Diario, casi frente a la casa de Tamayo. Donde está el banco Ganadero se editaba Ultima Hora y muy cerca de allí, en lo que ahora es el ministerio de Justicia, se editó la primera La Razón.
En sus aceras, los cafés estaban repletos de poetas, escritores, periodistas, filósofos y políticos. El Club de La Paz y el Café París, antaño refugio de la oligarquía, también sirvió de escenario para la toma de decisiones que cambiarían la historia del país. Por allí pasaron el ´maestro´ Lechín, Víctor Paz Estenssoro, Guillermo Bedregal, Mariano Baptista Gumucio, Huáscar Cajías, Héctor Borda Leaño, Alfonso Prudencio, Luis Antezana E.v y otros. Ellos y otros se reunían allí para discutir posiciones.
En la intersección de las calles Loayza y Colón, medio escondido entre las hileras de puertas, está el restaurante Georgísismo, tradicional punto de encuentro de personalidades literarias y políticas.
La avenida fue testigo de los cambios en el país. En la revolución del 52, miles de trabajadores y milicianos marcharon en la Camacho proclamando su victoria. Se observó allí el combate entre quienes defendieron la democracia y los esbirros de las dictaduras y por su calzada pasaron miles de pies con reclamos al Estado.
Mientras, los trabajos de refacción continúan en la avenida. Los primeros resultados ya pueden ser apreciados. El cielo de la Camacho reluce mejor sin la presencia de los molestos cables que una vez los surcaban. Al mismo tiempo, las obras al nivel de la calzada se realizan lo más rápido posible para poder entregar una rejuvenecida avenida Camacho a La Paz.
Por ello, el alcalde Juan del Granado ha destacado la importancia de una obra de estas características.´Es necesario que recuperemos la Camacho. Ha estado olvidada por mucho tiempo. Eso no puede ser. Esta es una de las caras de la ciudad. Tiene que estar de acuerdo con la importancia de la sede de gobierno, mostrar una imagen de progreso, pero sin olvidarse de la estética y, lo más importante, de su paceñidad´.